American Horror Story, primera temporada. Pasiones carnales, almas atormentadas.

 

Finalizó para América Latina, la primera temporada de American Horror Story, transmitida por Canal Fox a través de los canales de paga.  La serie ya había sido transmitida en la Unión Americana, generando altas expectativas debido a los comentarios de la prensa, que la calificaban como uno de los mejores productos de la cadena  – y de la televisión norteamericana en general- a últimas fechas.

Había motivos de sobra para aceptar los animados comentarios que había generado la primera temporada.  Los creadores y productores de la serie, Ryan Murphy y Brad Fadchulk han estado atrás de otros grandes éxitos televisivos como Nip Tuck y Glee, por lo que el éxito se consideraba hasta cierto punto justificado.  Otro punto a favor fue la elección del elenco, producto de un acertado casting que incluye a la primera actriz Jessica Lange en uno de los papeles más oscuros que le hemos visto,  haciéndola acreedora a un Globo de Oro por su participación en la serie.

Por lo demás, la serie era un extraño híbrido entre drama, thriller y horror que resultaba muy atrayente para un público adulto que gusta de otras cosas y que está algo saturado por las series de comedia o de situación familiar tan de moda y populares hoy en día.

La serie consigue – con todos estos elementos-  atrapar a un buen número de televidentes  desde su arranque, aún y cuando esta primera temporada tuvo serios altibajos  que culminan con un final algo soso, que aun dejando la puerta abierta para una segunda temporada, no alcanza a llegar al  nivel de cierre que muchos habríamos esperado.

La primera temporada nos cuenta la historia de la típica familia americana que compra una casa antigua, esperando poder empezar una nueva vida  luego de la pérdida de un bebé y una infidelidad y por tanto, con la aspiración de superar una crisis de pareja, que no sólo afecta al matrimonio conformado por Ben ( Dylan McDermont) y Vivian (Connie Briton), sino también a Violeta (Taissa Farmiga), la hija adolescente de ambos.

Pero además del drama conyugal y familiar,  resulta que la casa que sueñan como el lugar de un nuevo comienzo, está embrujada.  Y no se trata de un fantasma cualquiera, la verdad es que está infestada de siniestros personajes atrapados entre la vida y la muerte, cuyas historias iremos descubriendo de manera particular en cada episodio.

La serie va sembrando misterios alrededor de las oscuras presencias que aparecen en la historia, y que resultan cada vez más intrigantes: una camarera con una doble personalidad y apariencia, un hombre con la cara quemada, un adolescente irritable y agresivo, una mujer obsesiva con la limpieza y los detalles, un extraño disfrazado de licras negras, una pareja homosexual agobiada por los celos, un médico sin escrúpulos y adicto a distintos tipos de drogas, y en el centro de todo, la vecina  (Jessica Lange)una extraña mujer que parece ser la clave para entenderlo todo.

La serie tiene el enorme acierto – quizás el mas destacable en cuanto a manejo de la trama- de ligar las tragedias de quienes han vivido y muerto en la casa, con algunas de los escándalos terroríficos que han conmocionado a los Estados Unidos:  el asesinato de Sal Mineo, las masacres en las escuelas cometidas por adolescentes, el caso de la Dalia Negra, el homicidio de la esposa de OJ, Simpson, entre otros.

El efecto es sorprendente: descurbirmos que  los horrores no están lejos de nosotros, de nuestras historias cotidianas. Al final, la premisa se revela con suficiente claridad como para ser identificada:  nuestras pasiones descontroladas pueden ser tan intensas, que el peligro en realidad de sucumbir a ellas, es que nos esclavicen más allá de la vida misma y por toda la eternidad.

Otra lectura interesante es la del “homenaje” al género de horror que tuvo en la industria hollywoodense la época dorada  que ninguna industria del mundo le ha dedicado como la norteamericana.  A lo largo de la serie vemos influencias claras al cine de casas embrujadas, del nacimiento de niños del mal, de sicópatas de sangre fría,  y de variadas expresiones de thriller y suspenso.

Sin embargo, la serie no consigue mantener el mismo nivel de interés y expectación entre un capítulo y otro. Algunas de las historias quedan mal resueltas, o se alargan innecesariamente – como el doble capítulo de Halloween-. El final queda un poco estancado en esta falta de ritmo y en un cierre para la familia protagonista de esta nueva temporada que nos recuerda más a Beetlejuice que a otra cosa. Y aunque la puerta queda abierta para despertar curiosidad, la verdad es que se requiere de nuevos personajes mejor dibujados y mucho más impactantes.

Por lo pronto, nos han prometido una nueva historia, nuevos inquilinos y nuevas almas atormentadas en el más allá, tratando de convivir juntos en una casa que exalta las pasiones ocultas… aquellas a las que de dominarte, te esclavizarían más allá de la muerte. A esperar entonces, puede ser que de verdad nos sorprendan esta vez.

lorenaloeza

Educadora, socióloga, latinoamericanista y cinéfila. El horror, definitivamente es lo mío.