Los Premios Goya 2013, Guía de la Pretensión

Por Nicolás Afonso

Corresponsal de Cine 3 y Homocinefilus en España

 

La Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas entrega cada año puntualmente su dosis de autocomplacencia mal disimulada en forma de premios. Ya es tradición, precediendo a los Oscar de la otra Academia, que la gala que rimbombantemente se autodefine como “La Noche del Cine Español” destile su buena dosis de palmadas en la espalda con tanta facilidad como deja caer en el olvido a los grandes nombres del cine español.

El cine español, que por afinidad cultural debería tener un público objetivo de cientos de millones de espectadores, se diluye entre el nostálgico aferramiento a un modo de vida que ya no volverá (el de la cultura como vehículo de exceso económico a la sombra de los poderes del estado) y la mirada de unos pocos inadaptados que miran hacia adelante, asumen la realidad e intentan seguir con una labor artística y creativa.

Empiezo este artículo con unas palabras tan duras porque me parece inaceptable la distribución de los “cabezones”, completamente ajena a un criterio artístico definido, y más bien llevada por intereses económicos, ahora que el grifo del estado parece dejar de manar, más por necesidad que por deseo hacia la siempre glamuroso mundo del elitismo intelectual, mal endémico de la sociedad española e iberoamericana en general.

Sólo así se explica la explosión de premios que se llevó Blancanieves, una película que si tal vez merecía ser la cinta de la noche, no lo merecía por goleada, y desde luego, nunca a costa de que verdaderas joyas del séptimo arte como El Artista y la Modelo, la obra cumbre de Fernando Trueba, se quedará sin un sólo premio, pues aunque haya ganado el preciado busto 2 veces ya, bien hubiera merecido una tercera.

Resultó a este que escribe verdaderamente triste ver como los Goya  caían uno tras otro con un criterio puramente comercial, de cara a buscar más y más maná para producciones excesivamente caras, esta vez desde la inagotable fuente que supone la promoción televisiva. Sólo así se explica que Tadeo Jones recibiera el Goya al mejor guión adaptado, dejando en el camino auténticas obras maestras como el guión de Todo es Silencio. ¿Cómo justificar que se impusiera la película de Mediaset a O Apóstolo, una película absolutamente mágica en Stop Motion con grandiosas interpretaciones. ¿Dónde está el apoyo de los mayores de la industria del cine a un formato totalmente rompedor como el que propone Paco León en Carmina o Revienta?

Admitámoslo, la ceremonia reflejó fielmente la imagen de la Academia. Lo viejos rockeros resistiéndose a morir aun a costa de cerrar el paso a auténtico estudiosos del séptimo arte.

Estimado lector, no se lleve a engaño. En España se hace muy buen cine, un cine soberbio, diría yo, como tradicionalmente ha correspondido a una cultura tan rica en tradiciones pictóricas. No digo que Blancanieves o Lo Imposible no sean magníficas películas, que lo son, lo que digo es que son magníficas películas aún a pesar de los intereses financieros que las respaldan, y también digo que al igual que Blancanieves o Lo Imposible, hay muchos títulos que se han quedado . El problema, el verdadero cáncer del Cine Español son los clientelismos que lo plagan, los que hacen que geniales autores se vean marginados, o abocados a emigrar para desarrollar su instinto artístico, los que hacen que en España, como en tantos otros campos, el cine sea un asunto de familias que se perpetúan generación tras generación mientras el verdadero talento, muy abundante (y doy fé de lo que digo) lucha por surgir.