Manuel Cruz

@cruzderivas

Los personajes se definen por características. El Padrino tiene una mandíbula inflada y un gran amor por la familia. Luke Skywalker, un sable de luz y una misión por liberar a la galaxia. Harry Potter, una cicatriz en la frente. Indiana Jones, un látigo (y, a juzgar por la desgracia que fue Indiana Jones: El Reino de la Calavera de Cristal, una fuerte resistencia al paso del tiempo) Esta última también pertenece a Bond, James Bond, quien durante 50 años ha sobrevivido tiempos de gloria y miseria. Y aún cuando su penúltima película parecía ofrecer un final para las aventuras del agente secreto, 007 ha vuelto, quizás – ahora sí – en el episodio final de lo que podría ser su mejor época. Porque Daniel Craig, inicialmente criticado por el color de su pelo (la misma clase de estupidez que parece impuesta sobre el gran Idris Elba para convertirse en su heredero), ha hecho de Bond todo un personaje. Su labor, a lo largo de 4 películas, no sólo se reduce a la preservación una aparente insensibilidad en combate y automovilismo, una capacidad irresistible de seducción y un gusto por los martinis. Sino – para algunos, de forma aún más interesante que todo lo anterior – la introducción de una complejidad emocional, un intento de humanidad. Desde Casino Royalehasta Spectre, el Bond de Craig (y también el Bond de Neal PurvisRobert WadeJohn LoganJez Butterworth y Paul Haggis en el guión, y Martin CampbellMarc Forster y Sam Mendes en la dirección) caminó un arco dramático, quizás por primera vez en 50 años de historia cinematográfica. Si Skyfall lo llevó a un punto climático, donde su destino profesional – y hasta cierto punto, personal – fue puesto en duda, Spectre podría actuar como una especie de resolución, el epílogo de una gran aventura.

Antes de iniciar con un extraordinario plano secuencia en la ciudad de México, Spectre anuncia que los muertos viven. Esto no sólo es una de muchas pistas para la identidad del villano en su historia, sino un recuerdo de la última vez que el agente secreto fue visto: Al igual que en las demás apariciones de Craig, Spectre inicia casi inmediatamente después de donde acaba, con un Bond sin amor verdadero (haciendo referencias ocasionales a Vesper Lynd (Eva Green), quien aparece en Casino Royale) ni guía (tras la muerte de M, interpretada por Judi Dench, desde Goldeneye con Pierce Brosnan en 1995 hasta Skyfall)

007 se creerá igual de indestructible que antes, pero el mundo a su alrededor es radicalmente distinto: siguiendo las advertencias del nuevo Q (Ben Whishaw) y Silva (Javier Bardem) en Skyfall, la idea de usar humanos para el espionaje moderno es anticuada e ineficiente. Así como el universo de Bond tuvo que replantear su villano en GoldenEye (la primera cinta de 007 tras la caída del muro de Berlín, y la muerte de la Unión Soviética), Spectre se adapta a la realidad: una de drones y guerra de información a distancia, argumentos elocuentemente planteados por C (Andrew Scott), el nuevo jefe de Inteligencia Británica y obstáculo incómodo para el nuevo M (Ralph Fiennes), jefe de Bond. ¿De qué sirve tener a un espía de carne y hueso, sobre todo uno tan irresponsable y egoísta?

Interpretando a Madeleine Swann, Léa Seydoux plantea una cuestión interesante para Bond
Interpretando a Madeleine Swann, Léa Seydoux plantea una cuestión interesante para Bond

Una vez más, para indagar en el origen, un tema recurrente en la saga de Craig. Esta vez, la trama empieza como una petición de la antigua M, hacia una organización que parece conectar los atentados – y perpetradores de los mismos – vistos en las últimas tres películas. La búsqueda por el líder del mal sirve para presentar las secuencias de acción, seducción y explosión características de la saga (incluyendo una serie de peleas que, mediante la ausencia de una excelente composición musical por Thomas Newman, aumentan el realismo de la situación), pero el enfoque en Bond como persona también prevalece, quizás llegando hasta su mayor sorpresa.

Por cuarta vez, los guionistas detrás de Craig han logrado un balance. Bond todavía es aquello que lo ha definido durante 50 años (incluyendo, en el caso de Spectre, la aparición de un villano clásico (pero ante un contexto moderno, interpretado por Christoph Waltz), pero aún progresa en la búsqueda de una identidad. Así lo plantea Madeleine Swann (Léa Seydoux), la segunda mujer clave de la cinta (la primera, brevemente interpretada por Monica Bellucci, es ciertamente uno de los puntos más débiles en su trama), quien además de no caer automáticamente en los brazos del agente secreto, – desafiando 50 años de tradición en una escena que demuestra su excelente habilidad para el papel, y química con Craig – cuestiona su razón de ser. ¿De qué sirve cazar y ser cazado, siempre en medio de la soledad? ¿Para qué espiar y asesinar? La relación entre ambos es comparable a lo ocurrido con Vesper Lynd en Casino Royale: Un juego de seducción, sin duda, pero también un intento de redención, lejos de una profesión que parece adictiva, finalmente, en el nombre del amor. El amor, tema que acecha al Bond de Daniel Craig durante 4 historias vinculadas entre si, llega a convertirse en una opción, junto a quizás el final más radical y sorprendente en la historia de la serie.

Spectre no plantea los extremos trágicos que 007 atraviesa en Skyfall, pero tampoco necesita hacerlo. No debería ser juzgada como una pieza independiente, porque no lo es. Y al igual que todas las películas de Craig, representa un riesgo. Ello probablemente no satisfaga a todos, y Bond siempre tendrá una serie de características inverosímiles (una vez más, regresando a la breve aparición de Mónica Bellucci) Pero el camino que ha planteado hasta ahora no sólo continua siendo interesante, es necesario. Con la que -idealmente – es la última aparición de Daniel Craig, 007 ha crecido. El riesgo ha valido la pena hasta ahora, y con suerte continuará en la piel de un futuro actor. Si ello no sucede, siempre se puede regresar al pasado de Bond, tanto a a la gloria como la miseria. 50 años es mucho. Y el 007 de Daniel Craig merece ser recordado en la primera opción.

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