A propósito del centenario de Pedro Infante

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El machismo no es una actitud propia del mexicano, sostener que el varón es por naturaleza superior a la mujer y actuar en consecuencia fue práctica común entre los antiguos griegos aun cuando tenían comportamientos bisexuales, y el viejo testamento entre muchas otras cosas, es un muestrario de cómo debe someterse a una mujer.

Lo que sí es propio de nuestra idiosincrasia, es el encanto que el cine mexicano de los años 40 dio al macho hasta convertirlo en un referente cultural de nuestro país en el extranjero.

Y aun cuando su construcción se fue gestando desde las interpretaciones de Tito Guízar como ranchero pendenciero y Emilio Tuero como hombre altivo y superior, fue hasta que se conjuntó el talento de Ismael Rodríguez, Pedro de Urdimalas, y Pedro Infante, que la figura del macho mexicano cristalizó.

Hace cien años nació en Mazatlán, Sinaloa, quien encarnaría el papel del macho mexicano que nos acompañó casi hasta finales del siglo pasado: Pedro Infante Cruz. Su encasillamiento en dicho papel fue la consecuencia del éxito al interpretar a un hombre que, a pesar de sus marcados rasgos machistas, tenía el encanto para hacerlos pasar por alto.

El macho mexicano es, como todo macho, un hombre que ha crecido bajo las normas de dominación masculina, pero tiene la singularidad de aprender y obedecer estas reglas gracias a la instrucción de la figura materna. Promueve el sometimiento de la sexualidad femenina, pero no la convierte del todo en objeto (como en la cultura de oriente medio, por ejemplo) sino en sujeto pasivo que niega el deseo en favor de ideales románticos.

Infravalora la actividad intelectual de la mujer, pero reconoce su astucia para usar sus encantos físicos y psicológicos para conseguir sus objetivos, aunque siempre debe dejar en claro que él tiene el control.

https://youtu.be/ZBhAM0aSiTA

Por generaciones, para los varones en México, sentarse con la familia a ver la repetición de las películas de Pedro Infante era más que un momento para entretenerse, se trataba de aprender una lección, era "la hora de la clase". El macho mexicano es borracho, parrandero, mujeriego y bravucón, pero a la vez sabe ser tierno, romántico y sensible cuando “en verdad se amerita”.

https://youtu.be/8JrnfgUxjIQ

Es verdad que esta figura del macho mexicano ha sido peligrosa debido precisamente a su encanto. Sin embargo, ahora que igualdad significa defender que las mujeres puedan comportarse tan mal como los hombres y que la natural diferencia anatómica, fisiológica y neurológica entre hombres y mujeres intenta borrarse con cirugías cosméticas y uniformando los comportamientos y formas de vestir, se hecha un poco de menos el personaje (como lo muestran las recientes campañas de marcas de cerveza y desodorantes por recuperar la masculinidad).

Afortunadamente, en la actualidad se lucha por la igualdad de género, desafortunadamente, no se entiende que sólo es un principio constitucional que estipula los mismos derechos y deberes de hombres y mujeres frente al estado y la sociedad en su conjunto, y no la búsqueda por desaparecer lo femenino y lo masculino.

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