Sin duda, Parásitos ha cautivado la atención del mundo, pues en este año, el cine asiático literalmente arrasó con una gran cantidad de premios. Sin embargo, la presencia de este continente no es una novedad, aunque es cierto que, si bien no ha sido escasa, no había despuntado tanto como en esta ocasión.

En esta ocasión, revisaremos los principales elementos de la presencia asiática en estos premios, y como poco a poco comenzaron a insinuarse en ellos. Obviamente, omitiremos mejor película extranjera, pues en esos casos, es más esperable ver talento de otras naciones

La historia se remonta hasta 1935, en que la actriz Merle Oberon, de origen maorí, sería nominada como mejor actriz por The Dark Angel, aunque no llegó a llevarse el premio. El primer varón nominado tendría que esperar hasta 1967, cuando el japonés Sessue Hayakama fue nominado como actor de reparto por El Puente sobre el Río Kwai.

Pero curiosamente, diez años antes, en 1957, veríamos a la primera persona asiática ganar un Óscar: Se trataría de la japonesa Miyoshi Umeki, quien se llevaría el premio a mejor actriz de reparto por Sayonara. Ella cautivó al público al presentarse a la premiación con un kimono tradicional.

El primer director asiático sería Hiroshi Teshigahara, en 1965, por Woman in the Dunes. Mejor película siempre había sido un tema pendiente, pues las nominadas eran usualmente películas de otras naciones con directores asiáticos, o como el caso de Slumdog Millionaire, una producción asiática, pero con un director británico. De hecho, esta última concursó como británica.

El Viaje de Chihiro, de 2002, fue la primera cinta animada japonesa en ser nominada en este rubro, y la primera en ganar, abriendo para Occidente el anime de una manera global, pues antes era parcela de un limitado grupo de culto.

Como podemos ver, la presencia asiática ha sido nutrida, pero sin lugar a dudas, lo que vimos este pasado fin de semana cambió el panorama para siempre.

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