Si hay partes de la literatura dedicadas a celebrar a los héroes, el cine tiene un espacio para los villanos. Vaqueros criminales, gangsters, y, recientemente, billonarios. Personajes cuya aparente falta de intimidación física queda reemplazada por el alcance de su poder. La obra que retrata a estos nuevos villanos ya ha comenzado: Wall Street, El Lobo de Wall Street y La Gran Apuesta son ejemplos sólidos.

Damian Lewis interpreta al billonario Bobby Axelrod en Billions
Damian Lewis interpreta al billonario Bobby Axelrod en Billions

Ahora, en el mundo de la televisión, Billions se una a la lista, y debajo de su premisa de aparente bien contra mal, hay un intento resbaladizo por mostrar la corrupción como una cualidad aparentemente irremediable en todos sus personajes. Paul Giamatti, en una actuación con suficientes momentos de sorpresa y avance dramático para escapar de una extraña planicie, interpreta al fiscal Chuck Rhoades, quien aboga fuertemente por la justicia en cualquier escala, aunque el camino a tal logro esté lleno de manipulaciones, engaños y cacerias egoistas. Y se advierte desde el primero de 12 episodios (disponibles en Netflix) que su cacería más reciente también será la más crítica: Tras encarcelar a algunos funcionarios involucrados de una forma u otra en el colapso financiero de 2008, Rhoades perfila la mirada hacia Bobby Axelrod (Damian Lewis), millonario aparentemente intocable e invencible. Quizás la serie comete un fallo estructural al anunciar desde un inicio que Wendy (Maggie Siff), la mujer de Rhoades (y sin duda el personaje más original e interesante de la temporada) es también la psicoanalista principal en la empresa de Axelrod, y colega del billonario durante décadas. Las consecuencias que Rhoades arroja a si mismo se observan desde muy temprano, pero, defecto o no, por lo menos el conflicto está puesto.

Aunque la actuación de Paul Giamatti como Chuck Rhoades es notable, el personaje tiene más características y situaciones llamativas en un sentido visual, y no dramático
Aunque la actuación de Paul Giamatti como Chuck Rhoades es notable, el personaje tiene más características y situaciones llamativas en un sentido visual, y no dramático

Billions fue parcialmente creado por Andrew Ross Sorkin, columnista y autor sobre el Imperio de Wall Street y sus numerosas caídas. Ello le la da a la serie una precisión en el aspecto económico y financiero que podría emocionar a los interesados del tema, pero acaba pagando un precio absurdo en el terreno dramático por tomar esa decisión. No es un problema que se tenga que resolver con la ausencia total de este elemento, pero si con un mejor balance. Al final, pese a la información extra que se obtenga de observar evidencia de esa realidad como Inside Job, o plantear la discusión de si Enron fue una advertencia temprana a la crisis de 2008, Billions es una historia: Hay un supuesto héroe contra un supuesto villano, y un coro de personajes secundarios entrando y saliendo en distintas posiciones de riesgo.

Wendy, mujer de Rhoades y colega de Axelrod interpretada por Maggie Siff, es sin duda el personaje más interesante de la serie, pero suele estar en segundo plano a personajes menos interesantes
Wendy, mujer de Rhoades y colega de Axelrod interpretada por Maggie Siff, es sin duda el personaje más interesante de la serie, pero suele estar en segundo plano a personajes menos interesantes

Y ahí es en donde Billions se queda corta y decepciona. La fascinación genuina por los temas y personajes que busca tratar se traduce a la ficción con personajes sin mucho conflicto interno en su actitud (ni tantas consecuencias exteriores) Rhoades tiene sed de justicia, y persigue a Axelrod por ello. Axelrod tiene sed de ambición, y la sacia entre discursos aparentemente motivadores y una actitud intimidante por default, en medio de una trama que muchas veces funciona como un largo episodio de La Ley y el Orden con mucha burocracia debidamente representada, pero muy poca motivación para atravesar el trámite. En lugar de explorar una psicología potencialmente compleja de sus personajes, la serie se limita a retratar situaciones que, según parte de los rumores y reportes que salieron tras la crisis de 2008, caracterizan a gran parte de la población financiera: Rhoades tiene un fetiche sexual. Da para imágenes llamativas y escenas con cierto humor, pero no mucho más. Wendy, la literal portadora de la psicología en la serie, llega muy tarde a un punto de conflicto interesante, y el resto del tiempo queda en segundo plano de personajes menos originales.

Billions cierra su primera temporada con sorpresas, y el resto de su trama no es aburrida o mediocre. Sólo es un poco tímida, llegando muy por debajo de las realidades que busca enfrentar, aunque las actuaciones de Giamatti, Lewis y, especialmente, Siff, ayuden a cubrir esa debilidad. Es un melodrama de épocas pasadas sobre temas de épocas recientes. Y quizás, como ocurre en el verdadero mundo financiero, debe evolucionar o morir. Aunque, de cara a una segunda temporada en Febrero de 2017, se puede esperar – y desear – por la opción de un borrón y cuenta nueva.

Calificacion 6

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