Chronicle. Un paso más allá en el Found Footage

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No hay duda. Está de moda. Vivimos una avalancha de títulos de con el formato de falso documental. Si bien no todos ellos adquieren la forma deseada (ahí está el catastrófico resultado de Apollo 18), los hay que a la sombra de Cloverfield, nos presentan experimentos cinematográficos geniales.

Para aquellos que no sepan identificar el subgénero del Found Footage, los podrán identificar como esas películas que aparentando ser un montaje de unas grabaciones amateur (Found Footage significa Metraje Encontrado) nos plantean una historia, casi siempre relacionada con el mundo sobrenatural o fantástico, con una credibilidad y un realismo que es difícil poner de manifiesto en esquemas más tradicionales.

Así, la factura técnica suele lindar la realización casera, la ausencia de música y la poca popularidad requerida (o buena caracterización con el fin de anonimizar sus personajes) de sus actores, lo convierten en una forma muy económica de hacer películas que suelen resultar atrayentes al espectador.

Sin embargo, es fundamental, para el correcto desarrollo de la película una integridad argumental absoluta. De igual modo, un fallo racord da al traste con una película al hacer consciente al espectador de la falsedad del montaje.

Todos los aspectos positivos, y ninguno de los negativos, los vemos en Chronicle, la ópera prima de Josh Trank. El realizador, bregado en el mundo de la televisión, se estrena con un género difícil y lo hace con brillantez.

Chronicle narra la historia de tres amigos que tras descubrir un objeto, presumiblemente de origen extraterrestre, adquieren poderes telequinésicos. Conforme aumenta el control de sus nuevas habilidades, comenzarán a aparecer disensiones entre ellos.

Josh Trank nos aleja de los tópicos del cine de superhéroes, acercándolo a la realidad de la sociedad, encarnada en los tres compañeros, cada uno con sus propios fantasmas interiores acechándolos y que se pondrán de manifiesto al tiempo que los poderes, de tal forma que es fácil identificarse con alguno de ellos.

Impresiona gratamente el buen uso de la fotografía. Ambientada en el lluvioso estado de Washington (soberbias las escenas en el Space Needle de Seattle), el uso de filtros de colores fríos no se hace notar, contribuyendo a dotar el film de una atmósfera pesada pero que no destaca, facilitando la asimilación de ese imprescindible ambiente aficionado con el que debe de estar marcada la película.

En la parte interpretativa, nos encontramos con nombres que no nos dirían gran cosa a priori, donde sólo destaca mencionar a Michael Kelly el mítico C.J. de "Dawn of The Dead" (Zack Snyder - 2004), que tiene una fugaz aparición como el padre de uno de los muchachos. Pero eso no tiene que ver para que Tank saque buen partido de las dotes interpretativas de sus actores, particularmente del atormentado Drew, interpretado por Dane DeHaan.

Como detalle, podemos destacar los efectos sonoros, que tal vez acentuados por la ausencia de música, ocupan el lugar de esta al conducir la película, y es que en este subgénero, la música suele quedar relegada a los créditos por razones obvias.

En definitiva, una buena película, bien rodada, bien ambientada y bien interpretada, con un guión potente, que satisfará a los amantes del cine fantástico al ofrecer una perspectiva diferente a la que estamos habituados a ver llegar desde el universo Marvel o DC.