Ex Machina, 2015, Alex Garland
Definitivamente que agradable es cuando te encuentras una película que sale de la norma establecida como “comercial”, pero que no está enfocada en el aburrido arte de contar la vida real en forma de drama (llámesele cine de autor por ejemplo). Alex Garland (Guionista de Dredd, 2012) nos entrega una obra cuasi perfecta. Una obra original plagada de ligeras reminiscencias a Ghost in the Shell (Mamoru Oshii, 1989), Matrix (Wachowski Bros., 1999) y quizás a la misma Metropolis (Fritz Lang, 1927), además que sin querer, roza a otra cinta que muy recientemente trata del mismo tema pero desde un punto de vista biológico (I Origins, Mike Cahill, 2014), no solo coincidente en su historia, sino en el asombroso parecido de sus protagonistas.
Ex-Machina narra la historia de un chico que gana un concurso para pasar unos días al lado del creador del más famoso buscador en la historia de internet (no, no es google) y durante una semana tendrá que hacer unas pruebas para comprobar si el gran invento de este programador está terminado, descubrir si ha inventado la “inteligencia artificial” en la forma de una preciosa, timida y sensual robot llamada Ava.

La película es una crítica a la pérdida de privacidad en la que nos vemos envueltos e incluye notorios dilemas morales relacionados con preguntas sin respuestas acerca de la existencia del hombre, su humanidad y la condición humana como estado o creencia. Aunque fluye lenta, bien vale la pena el ritmo, que dicho está de paso nos demuestra una soberbia actuación de Domhnall Gleeson al que ya alguna vez vimos en un capítulo (entrañable) de Black Mirror (Charlie Brooker, 2011). Sin duda estamos ante una película que para los amantes del género resultará inolvidable. La historia es intimista y aunque constantemente revela pistas de la trama en realidad es difícil adivinar el final gracias a ligeros giros que son los que crean las mejores historias.
Cierto, hay abusos con un par de personajes como el de Nathan (Oscar Isaac) como el “genio multimillonario, obsesivo” y toques de fanservice gratuito con Sonoya Mizuno, pero al final son imperceptibles ya que esos momentos relajan al espectador y nos permiten embobarnos en los cuidadosos efectos especiales, la trama y unas actuaciones que nos harán querer repetirla solo para ver detalles faciales o de expresión que quizás nos saltamos la primera vez.
De la música, es moderna y emotiva y aunque cuando es “score” funciona poco, entra en las escenas multiplicando las emociones y el sentido de las mismas. Los temas musicales que aparecen son excelentes y además nos regalan una coreografía que bien vale la pena aprenderse. No se la pierdan.

Calificación 9 de 10, 4.5 de 5 estrellas. 

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