La labor del actor es siempre complicada, y no tan sencilla como parece. Sin embargo, no todos utilizan las mismas formas de lograr su trabajo, consiguiendo darle a cada personaje su mejor perspectiva. Aunque existen diversas escuelas – uno podría decir que casi tantas como actores – existen dos que son las más conocidas, que es la actuación de método y la de técnica.

El actor de técnica se ve a sí mismo como una herramienta del director y, en menor grado, del guionista. Buscará básicamente integrarse a la historia, buscando dentro de sus propias experiencias algunas similares a los de su personaje, y en base a ellas proyectarla en escena.

Para el actor de método, su compromiso principal es con su personaje, y se prepara para ello. Trata de crear un pasado y una vida diaria para el mismo, y busca el pensar como él, meterse en su personalidad, y vivirla como si fuera éste.

A pesar de las diferencias, cada uno de ellos requiere de una cierta preparación, esfuerzo y compromiso, aunque en diferentes vertientes. Un actor de técnica que deba de interpretar a un doctor, leerá varios tratados de medicina, y buscará emplear términos del mismo en su conversación diaria. Un actor de método, por otro lado, pasará un par de noches en un hospital, conviviendo con el cuerpo médico, y tratando de empaparse del ambiente.

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