La cartelera navideña de 2015 parece ofrecer la modernización generacional de dos temas: De un lado, Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza, y del otro, El Clan, la última cinta del argentino Pablo Trapero. Una arrastra evidente anticipación y tendrá más duración pública que la otra. En cuyo caso, es altamente recomendable ver El Clan antes de que el lado oscuro de los exhibidores la absorba.

No sería descabellado clasificar a la cinta como una historia de gángsters, tema recientemente visitado en Pacto Criminal, película donde Johnny Depp interpreta a James “Whitey” Bulger. Al igual que la cinta de Scott CooperEl Clan está basada en una historia real, y aunque esta ocurre en la Argentina de 1980, podría verse también como una terrible evolución de la violencia y criminalidad que rodea a México actualmente. A través de distintas fechas, El Clan narra las aventuras de la familia Puccio, grupo que practica la perversión de secuestrar conocidos adinerados y exigir el rescate, todo bajo un anonimato que proteja su fachada de respeto social. El padre, Arquímedes Puccio (Guillermo Francella) tiene experiencia del gobierno dictatorial, y decide introducir a su joven hijo Alejandro “Alex” (Peter Lanzani) al negocio, suponiendo que el resto de la familia no escuchará los gritos de las víctimas, distribuidos en diferentes sectores de la casa que habitan.

Alex y Arquímedes Puccio, protagonistas de El Clan
Alex y Arquímedes Puccio, protagonistas de El Clan

Conocer a fondo la situación política de Argentina en la época ayuda, pero la cinta de Trapero se enfoca, fundamentalmente, en la compleja y trágica relación entre padre e hijo, una estructura que recuerda por momentos a Michael Corleone (Al Pacino) en El Padrino I y II. Desde un inicio, Alex ve con sorpresa al obscuro oficio de su padre, pero tampoco es algo de lo que pueda escapar realmente. Al igual que la obra maestra de Francis Ford Coppola, o diferentes películas de Martin Scorsese sobre el tema, la mafia es una familia, y la familia define a uno. El guión de Trapero, Esteban Student y Julian Loyola presenta la vida de Alex como una dualidad: Su colaboración en los actos de violencia y asesinato comandados por su padre parecen desembocar – según Arquímedes – en su estrellato como jugador local de Rugby, aún cuando, en su primera misión, ayuda a secuestrar a uno de sus compañeros en el deporte, quién después aparece (para su horror) asesinado. En el mundo de El Clan, ficticio y genuino, la vida aparentemente perfecta es consecuencia del caos.

¿Pero en dónde podría estar la actualización generacional? Examinando a El PadrinoBuenos Muchachos y Los Sopranosen HBO, el gángster podría ser recordado por su actitud fuerte, y fragmentos de diálogo que han quedado impresos en la historia del cine. Vito y Sonny Corleone, Joe PesciRobert De Niro, y el tristemente fallecido James Gandolfini como Tony Soprano. Incluso en el reciente caso de Depp como Bulger, la amenaza se siente desde el primer cuadro. Con Francella y Puccio, la historia es otra.

Quizás la frialdad de su personaje se expresa en breves secuencias donde barre las hojas afuera de su casa. Saluda a los vecinos. Antes de alimentar a una víctima encerrada en su baño (punto final de un espectacular plano secuencia por parte del fotógrafo Julián Apezteguia), masajea los hombros de su mujer, que está cansada. Se sienta a hacer fracciones con su hija. La mitad del tiempo, nadie sabe que este hombre es un monstruo, excepto la audiencia y Alex. Debatiblemente, Arquímedes Puccio es más intimidante cuando no lo muestra. En secuencias donde continúa buscando la colaboración de Alex, su amenaza se expresa en palabras, las mismas palabras de cualquier padre dándole instrucciones a su hijo, y en sus ojos, unos ojos que dos escenas antes hacen chistes con su hija menor. No se debe olvidar que el personaje de Francella es real, tan real como los sobrevivientes de la familia – y las víctimas de esta – que colaboraron en la realización de la cinta. Pero al mismo tiempo, como un personaje cinematográfico, Francella crea otra realidad, que para algunos, podría ser aún más verosímil que la familia Corleone en 1972.

Más aún, sugiere, como el resto de la película, que la maldad humana está – literalmente – a la vuelta de la esquina.

Manuel Cruz

@cruzderivas

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