Manuel Cruz

@cruzderivas

Durante la primera hora de Skyfall, James Bond (Daniel Craig) observa una pintura en un museo londinense. A su lado llega un joven de cabello enmarañado y lentes de pasta, que podría haber funcionado como una excelente opción para Harry Potter durante los 7 años de su estancia en el cine. Antes de identificarse como aliado de Bond, el muchacho se burla por la imponente presencia del agente secreto, que aún cree en su utilidad y defiende las estrategias que ha utilizado para salvar al mundo durante años. Pero el nerd a su lado piensa distinto, y resume su oposición en una frase: “Yo puedo causar la misma destrucción que tú haces en un año, con una laptop y sin cambiarme el pijama”

La frase del nuevo Q (Ben Whishaw) no sólo resume a Skyfall, también al camino que Bond ha transitado en años recientes. Pese a su recusitación con la llegada de Daniel Craig, la incursión de Sam Mendes para la cinta en cuestión y Spectre (a estrenarse en noviembre de este año), y el frecuente debate para que el magnífico Idris Elba encarne al agente secreto en el futuro cercano, 007 ya es bastante viejo. El mundo ha cambiado desde su debut en la piel de Sean Connery hace 50 años. Las herramientas de espionaje utilizadas en la época palidecen en comparación al poder de muchos celulares. Prueba de ello es que, en Skyfall, la innovación tecnológica de Bond se reduce a un revolver que sólo funciona con sus huellas dactilares (sin siquiera sobrevivir la mitad de la cinta) y una pequeña radio. Por otro lado, la fórmula perdió fuerza: Pese al éxito e innovación de GoldenEye (que introdujo a Pierce Brosnan como Bond, eliminó a Rusia como el enemigo usual tras la caída del muro de Berlín, dejó el rol de M en manos de Judi Dench, e hizo de su villano un colega de 007, añadiendo un interesante factor de complejidad emocional), Brosnan fue protagonista de mucha acción sacudida, y nada de espionaje revuelto. Y después de su actuación en Mamma Mía, es imposible verlo como símbolo de la virilidad implícita en el agente secreto más popular del mundo.

Tras el escándalo de su presentación (y el color de su cabello) se ofreció la promesa de que Daniel Craig cambiaría todo, desde el origen. En efecto: Casino Royale, adaptación de la primera novela de Ian Fleming, presenta a un Bond torpe e ingenuo, que casi muere envenenado y atraviesa un corazón roto, triste gaje del oficio. Quantum of Solace lo ve con más experiencia, pero aún impulsado por egoísmo y venganza. Irónicamente, si Casino Royale y Quantum of Solace se esforzaron por crear al Bond más humano (sin eliminar el estilo característico de la serie), Skyfall parecería arrojarlo – literalmente – a la basura. Años después de lo ocurrido en Quantum, la primera cinta de Sam Mendes inicia con la muerte del agente secreto, atravesado por la bala de un francotirador y condenado al mar mientras, en Londres, M redacta su obituario. A partir de ahí, Bond parece estar vivo para una nostalgia inexistente: Es físicamente débil, ineficiente con las armas, y, en las palabras de Gareth Mallory (Ralph Fiennes), político interesado en la renovación masiva de MI6, innecesario.

50 años después, y regresando al joven Q, el mundo de James Bond se planta en la realidad del espionaje, y reconoce su cambio. Ello queda particularmente enfatizado en el villano de Skyfall, un ex-agente del MI6, también desechado al olvido, que puede controlar el destino del mundo entero desde una laptop. La guerra ya no es de hombres, y los pocos que quedan – como el propio Bond – parecen ir de camino a la tumba.

Sin embargo, Skyfall podría ser la mejor película de Bond en toda la historia. Tras su discurso de aparente mortalidad hay un desafío a crear algo nuevo, tan refrescante como la combinación de tecnología, misterio y seducción que Sean Connery introdujo con Dr. No en 1962. Con semejante trayectoria, James Bond parecería un personaje estereotípico: Una máquina asesina, seductor de todas las mujeres en el mundo, y que siempre salva al mundo sin parpadear. Al mismo tiempo, esa imagen es su peor enemiga, la misma que lo atrapó durante la época de Brosnan y desaparece con el reinado de Craig: James Bond todavía es invencible, y seductor, tiene los mejores autos y continúa enfrentándose a una galería de villanos memorables (Especialmente, Mads Mikkelsen y el increíble Javier Bardem). Pero ante todo, es humano. Y, en el caso de Skyfall, es un humano en búsqueda de una necesaria – pero profundamente emocionante – renovación.

Lo cual no sólo deja a Spectre con interesantes expectativas por cumplir, también al futuro de la resucitada franquicia: Quizás Spectre sea el último Bond bajo la piel de Daniel Craig, y la cacería de relevos comience: Damien Lewis ha sido ponderado, y la oposición por Idris Elba es ligeramente enfática en algunos sectores. Ambos son excelentes actores británicos, y sus respectivos papeles en Homeland y Luther se acercan un estilo de vida digno de 007. Independientemente de quién será el nuevo agente secreto, la nueva dinastía de creadores Bond (en especial los guionistas Neal Purvis, Robert Wade, John Logan y Paul Haggis), todos autores de la actual trilogía Bond-Craig tiene por delante a su mayor desafío creativo: Continuar con la vida de un espía que – en sus propias palabras – casi muere la última vez que fue visto. ¿Es este el final de un breve ciclo, la cumbre de la montaña antes de regresar a la insípida estancia de Timothy Dalton? ¿O el aparente final de Bond es un nuevo principio? Sólo queda ver, pero algo está claro: Para algunos, Bond definitivamente ha vuelto. Y para otros, su primer contacto con el agente secreto deja mucho interés en el futuro.

Advertisements
Anuncios

Tagged: