El Libro de la Selva según Samuel L Jackson. Y Tarzan

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A estas alturas de su carrera, se puede decir que Samuel L Jackson es la ocasional voz del público en los personajes que interpreta. Eso, o uno de varios miembros en la familia de Jules Winnfield, que quizás termina (o sigue avanzando) en su legendario papel en Pulp Fiction. En esta ocasión, él es Tarzan. Bueno, no exactamente, sino la voz del público sobre Tarzan. Un Tarzan que, para alguien que recuerda al personaje únicamente por la versión animada de Disney, sorprende por más de un motivo, y quizás como sucede con el Batman de Christopher Nolan, ve en el cine un espectáculo tanto interno como externo.

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Porque, ¿Quién es Tarzan? Las opiniones abundan en la nueva cinta de David Yates: Leon Rom (Cristoph Waltz), enviado especial del rey de Bélgica a la colonia del Congo, lo ve como una leyenda necesariamente materializable para obtener una serie de diamantes que sacarán a su emperador de la crisis económica, entre otros planes con el vasto sector de África bajo el dominio europeo. Su proveedor, el Jefe Mbenga (Djimon Hounsou) ve a Tarzan como presa y culpable de un crimen, y ambos hombres están interesados en que el regreso del legendario hombre-bestia a África sea también el ultimo viaje de su vida. De regreso en Londres, un sector del parlamento intenta convencer a Tarzan, el hombre, (Alexander Skärsgard), auto-nombrado en aquella parte del mundo como John Clayton, de regresar a donde esencialmente se crió, como enviado especial del Rey de Bélgica. Nadie sospecha una trampa. El personaje de Jackson, (George Williams) quiere investigar el posible maltrato social del emperador sobre su colonia, y Jane, la mujer de Clayton (Margot Robbie), muere por abandonar la mansión y el estilo de clase alta que la rodea, en favor de un regreso y permanencia a las maravillas de la jungla, lugar donde conoció a su actual esposo. Ella en particular es como David Attenborough, algunas décadas antes de David Attenborough.

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De tal forma que la narrativa dual de Tarzan arranca. Por un lado, la historia que identificó al menos a una generación con el personaje (Tarzan como El Niño criado en la selva por gorilas) regresa dispersa y actualizada: La primera decisión podría ser precisamente porque un sector de la potencial audiencia ya la conoce (o más bien, conoce la interpretación inocente y pseudo-musical de Disney al respecto), pero incluso si ese fuera el caso, funciona perfectamente para profundizar en uno de los temas centrales del guión de Adam Cozad y Craig Brewer: Tarzan como un protagonista con un conflicto de identidad, como un hombre "civilizado" según una determinada cultura, que rechaza y a la vez añora su origen, quizás más honesto que toda la corrupción e indiferencia de su actual mundo humano. Más aún, su origen (según Yates) no es agradable: Sus padres mueren por mano de los propios gorilas que lo acaban adoptando, y la lucha por su sobrevivencia en la jungla hace creer, por momentos, que todo esto podría ocurrir en la realidad.

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La otra historia, la del regreso de Tarzan como un hombre relativamente cosmopolita a la jungla, tiene suficiente esperanza antes de desvanecerse ante una realidad histórica: El retrato de una Europa racista y ambiciosa. Conforme la trama avanza, se descubre que From tiene un plan característico de un supervillano, pero no hay nada de este (ni en la actuación de Waltz) que lo lleve a un lugar exagerado o inverosímil. Más bien, su frialdad y manipulación lo vuelven mucho más intimidante que un maniaco explícito, porque ofrecen la posibilidad de creer que gente como él, en épocas y lugares como los planteados en la cinta, si existieron. Y quizás, tristemente, una observación más cercana de la África actual podría revelar que, al menos por sectores, aún existen.

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Aunque no todo es para llorar, y Jackson, la voz omnipresente y Tarantinesca del público, siempre llega a tiempo para recordarlo: Cuando Skärsgard interpreta al Tarzan aparentemente invencible, que se columpia de lianas, galopa y trepa árboles como descendiente natural de todos los animales que lo criaron, es difícil no hacer comentarios sarcásticos al respecto. Y Jackson los tiene a punto. Incluso, valdría la pena preguntarse cómo le dicen a esta nueva versión de Tarzan en Francia. Pero lo más importante de Tarzan es un acto de comprensión: Como una súper-producción más, atrapado entre Día de la Independencia 2 y la siguiente aventura de DC o Marvel, este nuevo Tarzan ve a la narrativa sólida como lo más relevante y entretenido, por encima del espectáculo por sí mismo. Esa época parece haber pasado ya para una audiencia, y quizás, para un sector de los grandes estudios. Tarzan regresa actualizado para una generación y novedoso para otra, pero sobre todo, regresa con el factor de interés común para muchos espectadores de cine: Humano.

La Leyenda de Tarzan

  • Dirección: David Yates
  • Guión: Adam Cozad y Craig Brewer (basado en las historias de Edgar Rice Burroughs)
  • Producción: David Barron
  • Reparto: Alentador Skärsgard, Margot Robbie, Samuel L Jackson, Christoph Waltz

Clasificación Cine3: 4.5/5