La noticia de la muerte de Bertolucci es sin duda una de las más impactantes dentro del medio cinematográfico el día de hoy, pues su obra es sin duda una de las más notables en la pantalla. Por ello, en esta ocasión me gustaría centrarme en una de sus cintas que más ha influenciado la manera de hacer cine incluso hasta la fecha… El Último Tango en París.

1972 era un año de de cambios en el cine. La cinematografía francesa comenzaba a explorar los temas sexuales, y se había convertido en una tendencia muy fuerte. Bertolucci estaba listo para experimentar en el medio, pero buscaba también el jugar con otras temáticas, en especial el anonimato de la sociedad de aquel entonces, tema que sigue vigente a la fecha. Para ello, decidió trabajar en un affaire completamente anónimo entre una joven y un hombre de mediana edad. Para ello, eligió a un actor de la talla de Marlon Brando, mientras que su co-protagonista fue la entonces desconocida María Schneider. Desde el primer momento, hubo serias fricciones entre estos dos actores y el director, pues ambos aseguraron que jugó con su vulnerabilidad, aunque Bernardo siempre aseguró que lo hizo porque esa era la intención del film. Incluso, la famosa «escena de la mantequilla» fue un motivo de escándalo, pues no estaba en el guión, y fue improvisada a pesar del desagrado de la actriz.

Al lanzarse, prácticamente no hubo cine comercial que aceptara proyectarla, quedando limitada a cines porno, a pesar de ser considerado cine de arte. Brando se rehusó toda su vida a volver a dirigirle la palabra a Bertolucci, y Schneider sostuvo todo el tiempo que la misma había arruinado su vida. A pesar de ello, sigue siendo considerada una obra de arte, y una cinta que no debe uno de perderse, aunque claro, debe de verse con mucho criterio.

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