Por Manuel Cruz

@cruzderivas

Como buen infomercial, El Viaje Más Largo ofrece dos películas mediocres por el precio de una. Sigue a Bajo La Misma Estrella como otra cinta que pretende re-escribir los bajos estándares del romance, y hace ver a Richard Curtis (autor de Cuatro Bodas y un FuneralRealmente Amor y Cuestión de Tiempo, entre demás cintas que dieron fama a Hugh Grant, Bill Nighy y Julia Roberts) como una reliquia. La actualidad romántica es una de prescindible verosimilitud y repugnante personalidad. Si bien Bajo La Misma Estrellapresenta suficientes elementos de mediocridad (y puede otorgar un extraño placer en el acto de su destrucción), El Viaje Más Largo tiene el problema más grande de cualquier narrativa cinematográfica: es aburrida.

Tal resultado podría devenir de la absurda premisa en una de las historias (de la segunda se hablará después): durante un día de verano, Sophia (Britt Robertson), una mujer profundamente interesada en el arte y a la espera de un exitoso futuro en Nueva York, se enamora de Luke (Scott Eastwood) un literal montador de toros. Sin duda, hay lógica detrás de esto. Un sujeto que dedica su vida entera a treparse encima de animales salvajes es más excitante que Boticelli. La historia de Estados Unidos sería distinta si Bárbara Bush hubiera estudiado arte. Al final, las ocupaciones de ambos personajes no los rescata de su cliché original: una rubia enamorada de un sujeto de casi 2 metros y unas 200 libras de músculo, ambos a la espera de encuentros sexuales en una cámara relativamente lenta y sobre la música de un cantante de country, porque la historia sucede en Texas, y es importante mantener un patriotismo orgulloso (aunque ello no cambia en absoluto al aspecto universal de la trama) Sólo quedaría esperar un conflicto que separa a los amantes y pregunta aquello que siempre emociona a la audiencia: ¿estarán juntos para siempre, o no? Claro que sí, por los siglos de los siglos. No hay ningún misterio que descifrar.

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Britt Robertson y Scott Eastwood como Sophia y Luke, o las versiones foto-realistas de Barbie y Ken

 

Pero si Bajo La Misma Estrella utilizó al cáncer como muletilla despreciable para justificar su existencia, El Viaje Más Largo también requiere de un detalle absurdo para intentar diferenciarse de su propia sencillez: después de su primera cita, Sophia y Luke encuentran un auto en llamas, del cual consiguen rescatar a Ira (Alan Alda) quien, como cualquier anciano de Hollywood, está preparado para contar muchas historias del pasado. Y así, mientras Luke se trepa y se cae de múltiples toros, sufriendo conmociones que hacen ver a la NFL como un grupo de peluches, Sophia va al hospital y acompaña a Ira en el recuerdo de su juventud (donde es interpretado por Jack Huston), que abarca la Segunda Guerra Mundial (La Segunda Guerra Mundial en una película, ¡que ingenioso!) y enfatiza la relación con su esposa Ruth (Oona Chaplin), en un relato donde el amor eterno supera a todo problema. Y aún cuando aquella historia tiene un par de giros relativamente sorprendentes, sólo existe para anunciar que Sophia y Luke terminarán igual.

Revelar (casi) todo el argumento de una cinta a la hora de criticarla es de mal gusto, pero la transparencia narrativa de El Viaje Más Largo lo hace desde un inicio. El desenlace de esta historia se da a conocer a cualquier espectador de cine, sin el más mínimo rastro de sorpresa. Sin embargo, ello también es cierto en la obra del anteriormente mencionado Richard Curtis. Sin embargo, Notting Hill y Love Actually funcionan (y prevalecen en la historia del género) por la forma en la que están contadas. La historia en sí podrá ser la misma todo el tiempo, pero un buen guión, reforzado por actuaciones bien realizadas es capaz de renovarla en cada película. ¿Qué presenta El Viaje Más Largo ante esos requisitos?

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Jack Huston y Oona Chaplin (¡¿Chaplin?! Si, Chaplin…) como Ira y Ruth

 

 

Además de fusionar las historias de Ira y Sophia sin ningún tipo de ingenio, el guión de la cinta ve al arte como la moda de actualidad. Sophia es una estudiante de arte porque el arte es vida, y amor, y muchos colores y sabores Su enorme pasión nunca está justificada, y muchísimo menos la obsesión de todas las mujeres en la cinta por los monta toros. No cowboys, ni atletas: tipos que arriesgan su vida por montarse en un animal sobre cargado de testosterona. ¿Qué diría Freud de eso? ¿Y en qué universo racional se justifica la obsesión de una “amante y conocedora del arte” por alguien así, al nivel de que Sophia esté dispuesta a arriesgar su futuro por Luke, a quien conoció una sola vez antes de transformarlo en el gran amor de su vida? ¿Acaso las chicas en Texas no tienen una conexión a internet que les de acceso a experiencias pasionales de mayor creatividad?

Si durante el transcurso de la historia, Sophia transformara a Luke en un interesado y conocedor del arte (como Ruth hace con Ira), la relación entre ambos personajes sería mínimamente justificable. Pero esto nunca sucede. Ella va al hospital, el persigue a una vaca con cuernos, y la vida sigue, aburrida, lenta, y con una carencia intelectual tan grande que, en algunas escenas de la cinta, el diálogo entre Luke y Sophia sencillamente no hace sentido. Con personajes así, sólo resta suponer que no hay muchas actuaciones. En el caso de Britt Robertson (Sophia) y Scott Eastwood (Luke), ambos bien podrían representar a la versión futurista de Barbie y Ken. No hay nada que decir de ellos, y tampoco hay mucho respecto a Ira (Jack Huston) y Ruth (Oona Chaplin), a excepción de un par de escenas donde su rango emocional se demuestra, aunque sea por un segundo. El venerable Alan Alda se ve tan demacrado como el personaje que interpreta, probablemente esperando el fin de su participación en esta cinta (y la suma que cobrará al salir de escena)

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Claramente, la temporada No. 100 de M*A*S*H habría sido una mejor idea que El Viaje Más Largo

 

El Viaje Más Largo es una de las películas más predecibles del año, y es por ello que preocupa, al menos por momentos. La audiencia a la que está destinada cubre mi rango de edad fácilmente (20 años) Pero yo recuerdo a Richard Curtis, y su última película, la entrañable Cuestión de Tiempo, apenas salió hace dos años. Sin duda el amor es uno de los temas más codiciados en la historia e industria del cine, pero el nivel de mediocridad con el que se presenta en Bajo La Misma Estrella y El Viaje Más Largo es alarmante.

Al mismo tiempo, las recientes 500 Días con EllaRuby Sparks y Her tranquilizan el temor. Quizás son los caballos salvajes del género, corriendo en una pradera de ingenio y respeto mínimo a la credibilidad de la audiencia. Si ese es el caso, sólo queda esperar que nunca caigan bajo el insípido lazo de El Viaje Más Largo

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