La narrativa del hombre contra la naturaleza podría enfocarse en dos ejes: la extraordinaria (aunque no necesariamente verosímil) superioridad de la naturaleza ante el hombre (El día después de mañana y Terremoto: San Andrés sirven de buen ejemplo), o su impacto en la conciencia humana. Esta parece ser la decisión detrás de En el corazón del mar, o al menos, lo que uno de sus personajes narra a Herman Melville (Ben Whishaw), que ha viajado hasta un pequeño sector de Massachusetts para escuchar la historia. Melville cree que los recuerdos de Tom Nickerson (Brendan Gleeson) servirán de inspiración para su siguiente novela.

Pero antes de revelar los motivos detrás de la desaparición del Essex, barco pesquero donde navegó durante su juventud, Nickerson habla de su capitán y asistente, George Pollard (Benjamin Walker) y Owen Chase (Chris Hemsworth). La verdadera historia, según él, es acerca de ambos hombres. Y la cinta de Ron Howard pasa una buena fracción de su tiempo en ellos, especialmente en la vida y frustraciones de Chase, quien encuentra constante frustración en el camino a lograr su sueño como capitán, por argumentos de linaje y posición económica. Sin embargo, debe imponer su liderazgo, aunque no jerarquía, más pronto que tarde, al descubrir que el capitán de la nave está más motivado por mantener el prestigio de su nombre familiar y satisfacer las exigencias de sus empleadores (que lo envían a cazar ballenas para obtener barriles de aceite), que el auténtico cuidado de su tripulación, a quien arrastra en aguas cada vez más peligrosas. Por momentos, la cinta de Howard es comparable a la excelente Capitan de Mar y Guerra de Peter Weir, que también se enfoca en la relación entre comandante y subordinado. La interacción inicial entre Hemsworth y Walker no sólo funciona para demostrar el talento de sus actores, también los rodea de una empatía necesaria, para la aventura que tienen por delante.

Gran parte de la trama se enfoca en Owen Chase (Chris Hemsworth)
Gran parte de la trama se enfoca en Owen Chase (Chris Hemsworth)

En el Corazón del Mar se presenta la historia que inspiró a Moby Dick. Y cuando la legendaria ballena blanca ataca por primera vez al Essex, Howard dirige la situación con un estilo que recuerda a Tiburón de Steven Spielberg: el monstruo en sí (esta vez, una enorme efecto tridimensional por computadora) no supera al misterio que lo precede: en secuencias donde los marineros esperan ansiosos, en mitad del silencio y la oscuridad, por algo que ni ellos – ni la audiencia – ha visto antes. En el caso de Tiburón, el suspenso puede ser justificación de limitaciones técnicas (mucho ha cambiado desde 1975), pero también contribuye a una narración más ingeniosa: La cinta de Spielberg y Howard empuja – más allá del claro espectáculo – a la imaginación del espectador, a que él deduzca el futuro, cada vez menos obvio, de lo que hay en pantalla.

Aunque la cinta tiene una notable cantidad de efectos especiales, siempre se da una prioridad al suspenso narrativo
Aunque la cinta tiene una notable cantidad de efectos especiales, siempre se da una prioridad al suspenso narrativo

Y quizás ahí radica la fuente emocional de En el Corazón del Mar: la enorme utilidad de la sorpresa. Pese a narrar una historia que a su vez inspira a la leyenda de Mellvile, la cinta parte de un realismo no sólo histórico – en cuanto al diseño de producción por Mark Tildesley y el vestuario de Julian Day – sino humano. Ningún hombre puede contra esta ballena, y su vida podría desaparecer en cuestión de segundos (como ocurre, sorpresivamente, con algunos personajes secundarios) La tensión emocional se siente, gracias a la dirección de fotografía de Anthony Dod Mantle, que simula exitosamente la sensación de estar en el mar sin llegar a una exageración estética, y la genuina actuación del elenco. En el Corazón del Mar podría venderse como ”una historia de coraje humano ante lo imposible, y quizás ese ha sido el caso, pero es verdad, porque tal frase, debatiblemente cliché, vive en las entrañas de una cinta que, si bien pertenece a los estándares tecnológicos y narrativos de la actualidad, no olvida su propósito original, y quizás el del arte al que pertenece: generar emoción.

Manuel Cruz

@cruzderivas

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