Desde diciembre de 2019, supimos de la existencia de una nueva enfermedad causada por un virus en Asia.

Pero fue hasta el viernes 3 de abril que en México comenzamos a dimensionar la escala del problema. Y es que los peligros se tornan patentes hasta que tenemos la amenaza más cerca de nosotros. Aproximadamente 1859 personas en territorio nacional han fallecido, y sin embargo a muchos nos resulta difícil concebir esa cifra como algo más que números.

Las víctimas en su mayoría continúan en el anonimato. Solamente se conduelen por ellos amigos y familiares. Pero el último día del mes de abril la noticia del fallecimiento de Óscar Chávez resultó casi tan cercana como la perdida de un buen amigo.

Es curioso que, aún sin conocerlo personalmente, la muerte de un personaje público pueda provocarnos tanta pena. Será acaso porque alguna de sus canciones folclóricas nos remonta a los días de la infancia, escuchando a papá cantando “La maquinita”. O quizá que sus canciones de protesta aún nos conducen a los años rebeldes de la juventud. O más aún, porque bajamos la guardia y nos enamoramos pronunciando “Por ti”.

En memoria de Óscar Chávez, QEPD
En memoria de Óscar Chávez

O quizá fue porque pudimos experimentar como nuestra la aventura del «Estilos» cortejando a Paloma en el patio de una vecindad de barrio. Y es esta última, su faceta como actor, una de las menos conocidas del artista, pero también una de las más entrañables.

Óscar Chávez estudió teatro en la academia del actor Seki Sano y participó en su primera obra de teatro en 1958. En 1960 ingresó a la Escuela Teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), bajo la tutela de personajes de la talla de Salvador Novo, Emilio Carballido, Pilar Souza y Sergio Magaña. En 1961 obtuvo su primer trabajo profesional como actor en Radio Universidad. Y un par de años más tarde también probó suerte como director de teatro. Fue en ese tiempo que conoció al director de cine Juan Ibáñez, quien le llevó a incursionar en el mundo del cine.

Su filmografía se compone de 13 películas: Piedras verdes (2001), Los animales 1850-1950 (1995), Rompe el alba (1988), A fuego lento (1980), María de mi corazón (1979), Las cautivas (1973), La generala (1971), Flor de durazno (1970), El cuerpazo del delito (1970), Las cadenas del mal (1970), El oficio más antiguo del mundo (1970), Santa (1969), y Los Caifanes (1967).

En memoria de Óscar Chávez
En memoria de Óscar Chávez

Y fue este último, su primer papel en la gran pantalla, el que le dio tres de sus más grandes reconocimientos: la Diosa de Plata, otorgada por la Asociación de Periodistas Cinematográficos de México (Pecime); el Premio Ariel, otorgado por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas; y la admiración del público, concedida por el pueblo que lo identifico como uno de los suyos.

Junto a Julissa, Enrique Álvarez Félix, Sergio Jiménez, Ernesto Gómez Cruz, y Eduardo López Rojas, protagonizó una de las cintas más emblemáticas del cine mexicano de los años 60 del siglo pasado. El argumento es sencillo pero atrapante: luego de una fiesta de jóvenes de clase alta, Jaime y Paloma caminan por las calles sin rumbo fijo. Al resguardarse de la lluvia en un automóvil conocen a un grupo de pintorescos personajes que se hacen llamar los Caifanes.

El desenlace es lo de menos. La riqueza de la película se encuentra en la trama, en el cómo suceden las cosas. Los Caifanes brindan su amistad a los enamorados y los llevan a conocer la vida nocturna de la ciudad de México en los variopintos ámbitos de la clase obrera: centros nocturnos, plazas públicas, fondas y hasta una visita surrealista a una funeraria de barrio. En esa escena Óscar Chávez, “El Estilos” realiza un despliegue de su portentosa voz interpretando “El pájaro y el chanate”, que termina por componer el tono lúgubre de la escena.

En memoria de Óscar Chávez
En memoria de Óscar Chávez

El caifán, el “me cae bien” o dicho en spanglish “me cae fun”, es el “malora” que se divierte y divierte a los demás con sus ocurrencias, gracejadas, peladeces y por qué no, con sus tranzas y pillerías, simple y sencillamente porque puede, porque “las puede”. El caifán mayor, Óscar Chávez, El Estilos, las podía, y cómo no: con su apariencia de niño bueno pero travieso, y con su descomunal voz e interpretación musical, la Paloma no podía sino caer encantada.

Como encantados quedamos todos quienes admiramos su trabajo, su dedicación a la investigación del folclor mexicano, al ejercicio crítico de la política desde la música, a su pequeño pero sustancioso paso por la actuación.

Descanse en paz, Óscar Chavez (1935-2020).

En memoria de Óscar Chávez
En memoria de Óscar Chávez
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