Manuel Cruz

@cruzderivas

Enredos en Broadway es similar a una película floja de Woody Allen, y la comparación no debería sorprender: Peter Bogdanovich (director y guionista de la cinta) tiene una edad y conocimiento del cine cercana al icono Neoyorkino, y en el caso de su última cinta, utiliza a una variedad de talentos para encabezar una comedia de errores y sarcasmo. Pero al igual que Allen en sus etapas de menor inspiración, Enredos en Broadway se queda a la mitad del camino, uno que inicialmente parece mucho más prometedor.

De entrada, es una cinta que desborda su admiración por el cine que Bogdanovich debió ver en su juventud: Las cintas (ahora clásicas) de Cary GrantAudrey Hepburn y Humphrey Bogart, entre muchos otros. Su nostalgia por el oro fílmico reside en el personaje de Isabella, una prostituta convertida en actriz estelar por azares de un destino muy particular, que la cinta se esfuerza por narrar mediante las anécdotas que relata a una periodista (una muy entretenida Illeana Douglas), años atrás.

Isabella, interpretada por Imogen Poots, vuelve a demostrar la invasión de los actores británicos ante las personalidades estadounidenses: (acto previamente realizado por iconos como Daniel Day-Lewis e Idris Elba , entre muchos otros), con un acento y actitud de curiosidad que, combinado a sus escandalosos padres de Brooklyn, que no creen en su sueño actoral, comienza a entrar en territorios familiares para Allen. Más aún, cuando su máximo deseo queda cumplido por Albert (Owen Wilson, de los más recientes en interpretar a una versión juvenil, pero emocionalmente idéntica al mismo Allen), un director de teatro con la extraña misión de mejorar la vida de mujeres jóvenes, arrojando grandes cantidades de dinero en pro de “un mejor futuro”, e independiente al compromiso sexual.

shes-funny-that-way-1024x575
El amplio elenco de Enredos en Broadway

Isabella acepta la oferta de Albert tras una noche romántica, y poco después, renace como una joven actriz con un interesante papel entre manos: Deberá interpretar a una joven prostituta en una obra de Broadway, casualmente dirigida por Albert, co-estelarizada por su mujer, Delta (Kathryn Hahn),indiferente a las peculiares acciones humanitarias de su esposo, y Seth (Rhys Ifans), una celebridad británica que atestiguo el encuentro de Albert e Isabella sin que se dieran cuenta. Por otro lado, el pasado de Isabella no desaparece del todo, representado por anciano juez (Austin Pendleton), ansioso por tener más noches con ella, acompañado de un detective privado (George Morfogen) que utiliza los disfraces más estereotípicos para conciliar su identidad mientras la sigue, y la supervisión de una neurótica e inestable psicóloga (interpretada, en un momento de originalidad a medias, por Jennifer Aniston) Todo el mundo se conoce entre si, y que comience el enredo.

Y por momentos, parece funcionar bien: Sin temor, Bogdanovich sigue una estructura narrativa similar a joyas de la confusión como Con Faldas y a lo Loco o Arsénico y Encaje, respaldado (inicialmente) por el sarcasmo de su guión, y un elenco dispuesto a seguir el juego: Poots e Ifans, en algún sentido heroína y villano de la trama terminan con la interpretación más corporal y entretenida, pero no pasa mucho tiempo para que los demás componentes del reparto – y el material que interpretan – comience a flaquear: Probablemente, el error no está en la estructura, sino en el contenido. Si Bogdanovich realmente se inspira en clásicos del género, su guión debería tener material competente. Pero el sarcasmo inicial, haciendo fundamentales referencias a la vida teatral y las potenciales fallas de la psicoterapia moderna, termina por convertirse en una serie de gags demasiado simples, cuya vida no crece gracias a la actuación de los personajes que la encabezan. Esto es particularmente claro en el caso de la psicóloga, que parecería ofrecerle a Aniston una oportunidad para salirse de su famoso personaje en Friends, y aunque, por momentos, parece llegar a la meta, nunca lo logra del todo.

En ese sentido, Enredos en Broadway es ligeramente decepcionante: la segunda mitad de la cinta ofusca el entretenimiento genuino de la primera parte. Nunca cae en la mediocridad absoluta, y ciertamente Poots es un talento notable, pero se queda lejos de los pilares que inspiraron a su director y que – con más suerte la siguiente vez – deberían continuar como base para muchos aspectos de la comedia.

Advertisements
Anuncios

Tagged: