Esperando a Supermán. Waiting for Superman. (USA. 2010)

Dir. Davis Guggenheim

El documental vive actualmente una muy interesante etapa de revitalización, que ha  permitido el ascenso de cineastas que han encontrado en este género todo un nuevo campo para la creación artística, la denuncia y la construcción de historias sorprendentes. No es de extrañar que en un mundo cada vez mas complejo, las historias de lo que pasa en el mundo resulten cada vez más interesantes, y sobre todo demuestren su enorme rentabilidad en taquilla.

Davis Guggenheim es uno de los nuevos documentalistas  que ha construido un estilo propio,  reconocido por el público además de haber recibido un Oscar, entre  otros premios en festivales prestigiosos. Guggenheim se descubre como un cronista que construye y cuenta historias destinadas a  mover conciencias alrededor de temas polémicos, que además no son presentados solamente con fines informativos, al final resultan auténticos llamados a la acción.

Después de A Inconvenient truth, y It might get loud, Guggenheim presenta Waiting for Superman, un trabajo crítico acerca del sistema educativo estadounidense. El asunto termina por ser más que una muestra de lo que pasa en las escuelas o lo criticable que resulta que no haya modo de asegurar educación de calidad para todos los niños norteamericanos. La película muestra de manera objetiva donde están los verdaderos problemas de la educación, reformulando una por una, las causas que comúnmente se aluden cuando se habla del tema: si no es un problema de recursos,  de asegurar la demanda o de formación profesional, entonces hay que empezar a hablar de la falta de voluntad política como condición que entorpece y anula muchos de los esfuerzos que se realizan en otros ámbitos.

Pero a diferencia de lo que hace Michael Moore con la salud, Guggenheim tiene el enrome acierto de mostrar un problema local o nacional al menos, compatible con lo que sucede en muchas otras partes del mundo, de entre las cuales México no es la excepción, y seguramente tampoco otros países de la región y del mundo.

El debate entonces traspasa las cuestiones que tienen que ver con los actores directos –los alumnos, los maestros y los padres de familia- para apuntar a una dirección pocas veces discutida y mucho menos remediada: la de las decisiones políticas que se toman alrededor del tema educativo sin tomar verdaderamente en cuenta a ninguno de los directamente involucrados y peor aún, sin resultados efectivos que realmente resuelvan tan importante asunto.

El documental lleva al espectador a entender el problema a través de la difícil experiencia de los niños, sus padres y algunos de los maestros comprometidos con hacer que el futuro sea mejor por lo menos para un puñado de niños y jóvenes.  De la narración de sus experiencias, surgen dos conclusiones importantes.

La primera, que son las personas y sus pequeñas acciones las que hacen la diferencia en muchas ocasiones. Es difícil luchar contra el monolito que no permite los cambios en función de ver afectados poderosos intereses políticos- especialmente los sindicales- pero hay miles de profesores y pequeñas comunidades educativas que aprovechan los escasos recursos que tienen y los utilizan para lograr un cambio efectivo, aún y cuando este solo repercuta en un pequeño ámbito de influencia.

La segunda, es condicionante de la primera. El sistema podrá estar mal diseñado, pero ese defecto, que abre significativas grietas, es justamente el que también permite que personas con iniciativa hagan la diferencia. Es responsabilidad de quien desde el gobierno diseña las políticas de educación reconocer que los casos exitosos no han sido resultado de la aplicación de sus políticas, sino de los esfuerzos de quien un día decide hacer un cambio. No habiendo un soporte estructural que apoye que esas  que prácticas sean la constante y no la excepción, la reflexión apunta a que en el discurso se podrán exaltar los compromisos que se quieran, son finalmente las acciones las que cuentan.

Un documental valiente, que además constituye una seria crítica al que se supone el país más poderoso del mundo y el mas influyente en cuanto a ideología se refiere. Y para esa desmitificación,  el título no podría ser más elocuente. Si Estados Unidos, sus niñas, niños y jóvenes siguen esperando a Superman…. ¿a quién estaremos esperando nosotros?

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