Manuel Cruz

@cruzderivas

Jay (Maika Monroe) tiene mucho miedo. Su vida no ha sido normal desde que Hugh (Jake Weary) le transfirió una presencia demoniaca tras un encuentro sexual. Y encima de todo, nadie le cree. Excepto la audiencia.

Está Detrás de Ti es la segunda incursión de David Robert Mitchell en el universo adolescente de Estados Unidos, esta vez con un refrescante ángulo ante la idea del terror. Si bien la trama tiene elementos sobre-naturales, la cinta no se enfoca en la repugnancia de los zombies que acechan a su protagonista. Es una historia que trata sobre el acto de ver, reafirmando la importancia de un elemento aparentemente obvio en cine. Pero nada es obvio en la vida de Jay, no para su hermana (Lili Sepe) y su amiga Yara (Olivia Luccardi), y no para Paul (Keir Gilchrist), que lucha por recuperar una atracción que nunca existió. La narrativa de Está Detrás de Tise basa en la negación de algo terrible, decisión astuta para el guión de Mitchell. En vez de recurrir a un elenco de personajes estereotípicos, a la espera de una horrible muerte por el zombie en turno, nadie quiere creer en la maldad, y el suspenso nace a partir de los detalles: Sonidos que interrumpen la tranquilidad de una escena, cambios de ritmo, duda en el diálogo de los personajes, hasta reventar en una sorpresa que no pasa de los cinco minutos, y regresa a la tranquilidad. Como si nada hubiera pasado. Porque nada ha pasado. La única loca es Jay, según el resto del mundo.

Maika Monroe protagoniza Está Detrás de Ti
Maika Monroe protagoniza Está Detrás de Ti

 

En Está Detrás de Ti, el horror se entrega a cucharadas, en una estrategia relativamente similar a la creciente locura de Dustin Hoffman en Perros de Paja. Esta decisión narrativa permite el regreso de Mitchell a su interés original: la adolescencia. A juzgar por El Mito de la Adolescencia, su obra debut en 2010, Mitchell continúa retratando la condición adolescente de una forma casi vérité: Sus personajes viven en una peculiar mezcla de modernidad y nostalgia: Jay no parece haber visto un mundo fuera de su barrio, una combinación de calles abandonadas cerca de la playa y lineas de casas que deberían albergar a la familia perfecta, pero están completamente vacías. Los autos son contemporáneos, pero el televisor de Jay pertenece a los 60’s, transmitiendo películas de terror cómico, día y noche. Sus padres sólo existen por nombre, y algunas fotos que señalan un pasado lejano. Si consigue vencer a la fuerza sobre-natural que la persigue durante la historia, es probable que termine como uno de los personajes en El Mito de la Adolescencia, a la espera de una transición universitaria, tan seca e indiferente como el resto de su vida.

David Robert Mitchell podría ser heredero del espíritu de observación cotidiana instaurado por Richard Linklater con Slacker en 1991 y Kevin Smith con Clerks en 1994, y la indiferencia general de sus personajes termina construyendo una historia irónicamente profunda. Los adolescentes de Mitchell se asemejan más a un retrato del mundo real, que personajes en una historia ficticia. En ese sentido, Está Detrás de Tipresenta un extraño terror realista: Aún cuando utiliza convenciones exitosas en montaje y ángulos de cámara, (además de una excelente composición musical por Disasterpeace) carece de una tensión dramática constante, como ocurre en La Matanza de Texas y Viernes 13. Porque Está Detrás de Ti no es exactamente como esas películas, ni busca serlo.

Finalmente, ¿Qué hace a una película de terror? ¿De dónde proviene el miedo? ¿En dónde está la empatía de la audiencia por las víctimas de la historia, si es que existe? David Robert Mitchell enfrenta aquellas preguntas con un estilo ingeniosamente minimalista, enfatizado en la constante atención al encuadre, pero también continúa con su retrato de la adolescencia en crudo. Está Detrás de Ti es una cinta que – para los más aficionados – podría refrescar el género del terror o darle una mala imagen, porque lo modifica indudablemente. No es sólo una película de terror, o sólo un drama adolescente, o sólo una colección de humor negro, con los ambiguos y discutibles elementos que cada “género” implica. Es otra cinta que examina la rigidez de aquel término, y propone deshacerla. En su búsqueda por el realismo, se convierte en un interesante acto de imaginación, y recuerda a su audiencia que el cine puede tratarse no sólo de observar lo que ocurre en pantalla, pero también creer en lo que existe detrás.

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