Un día como hoy, pero de 1895, nació Fernando Soler, su verdadero nombre era Fernando Díaz Pavía, quien destacó en el mundo del cine, radio y televisión como guionista, productor teatral y director cinematográfico.

El mayor de la dinastía Soler puede que fuese también el más grande artista del cine mexicano de la época oro. Y es que ser estrella y ser artista (un auténtico actor) son cosas diferentes. Pedro Infante ha sido hasta hoy la máxima estrella del cine mexicano, sin embargo, su nivel histriónico no podía ponerse a la par de Fernando Soler.

El quehacer artístico fue literalmente su vida. Aunque nacido en Saltillo, Coahuila, sus padres, Domingo Díaz García e Irene Pavía Soler, eran actores españoles, llegados a México en una compañía teatral, que por las vicisitudes de la Revolución Mexicana, tuvieron que emigrar a Estados Unidos, donde Fernando tuvo sus inicios como actor en una compañía propiedad de sus padres.

Luego de adquirir una sólida formación como actor de teatro, hizo su debut cinematográfico con la producción estadounidense ¿Cuándo te suicidas? en 1932. Pero su presentación en el cine mexicano ocurrió hasta la película Chucho el Roto en 1934. También trabajó en Hollywood, dos de las producciones en la meca del cine fueron Verbena trágica de 1938, y Los hijos mandan de 1939. Su ultimo trabajo internacional fue en España en 1961 con El amor de los amores.

Sin embargo, en la memoria de los mexicanos sus mejores interpretaciones son las que concibió bajo la batuta de Julio Bracho, Juan Bustillo Oro, Alejandro Galindo, Miguel Zacarías, Luis Buñuel, Ismael Rodríguez y Emilio “El indio” Fernández.

Claro que el mérito de ser un actor camaleónico es suyo, pues si algo se distinguió a Fernando Soler fue por su diversidad exegética. Actor de carácter que con la misma naturalidad interpretaba:

al moralista de clase media, que al estafador aristocrático

al personaje recto, que, al tarambana

al desvalido que al auto-suficiente

al bondadoso que, al egoísta…

¿Cuál te gusta más?

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