Está de moda hacer críticas baratas a ciertas producciones y la serie de libros del multimillonario incomprendido Christian Grey es la comidilla preferida de muchos aficionados al séptimo arte, tanto casuales como veteranos. Como no me gusta demasiado hablar sin saber, fui a ver la segunda entrega de esta historia.

Para llevar a cabo esta tarea, conté con el apoyo moral de mi pareja, ya que ha leído todos los libros de esta trilogía erótica y, así, podría darme el punto de vista de las personas que siguieron esta historia desde su publicación en papel.

Antes de comenzar a desarrollar mi punto de vista sobre la producción, he de aclarar que es necesario ver Fifty Shades Of Grey, la primera parte de la historia. Lógicamente, estamos ante la realización de una trilogía en formato audiovisual, de manera que es crucial enterarse del contexto en el que transcurre el relato.

LOS LECTORES DE LA SAGA TIENEN VENTAJA

Muchas críticas de la primera película llegaron desde el desconocimiento, ya que el público esperaba una mayor cantidad de escenas subidas de tono sin haberse leído uno solo de los libros que componen la saga de 50 Shades Of Grey. En esta producción, ese aspecto tampoco cambia, ya que los lectores de la serie de E.L. James tendrán ventajas a la hora de entender la totalidad del argumento de esta segunda parte.

ATENCIÓN, VIENEN SPOILERS

Existen al menos dos cortes importantes en la historia. Uno tiene que ver con el mismo Christian Grey, quien sufre un accidente de helicóptero antes de saber si Anastasia decide casarse con él o no. En el libro, este acontecimiento disfruta de más tiempo para construir una sensación de drama. Por el contrario, el film resuelve este problema en poco menos de diez minutos y da a entender que apenas tiene relevancia en el argumento.

El otro asunto que chirría dentro de la película es la aportación de Elena Lincoln, la mujer que inicia a Grey en las prácticas sadomasoquistas. Como en el largometraje no aparece ni un triste flashback acerca de esa etapa de la vida de Grey, tenemos que imaginarnos que esta «madurita interesante» es mala únicamente porque quiere acabar con la relación de la pareja protagonista. Un corte contraproducente en el argumento puede afectar a la coherencia del mismo.

ELLA DESTACA SOBRE ÉL

Al igual que en la primera parte, Dakota Johnson consigue que nos creamos la existencia de Anastasia Steele en esta película, una ardua lectora de la literatura inglesa victoriana que basa su idea de romance en los libros. Jamie Dornan, a pesar de las críticas cosechadas por los medios, interpreta bien su papel de tipo macizo y cortante. El resto del elenco no aporta demasiado, así que no haré referencia a la calidad de sus actuaciones. Lo cual es una pena, teniendo en cuenta que Kim Bassinger estaba en nómina.

LA FOTOGRAFÍA, DE LO MEJOR DEL FILM

Básicamente, junto al dúo protagonista, lo más destacado de la película son los aspectos visuales. John Schwartzman, responsable de fotografía en producciones de la talla de Jurassic World, Pearl Harbor o Armageddon, pone especial atención a los detalles en las escenas eróticas. El trato de dichos detalles puede ser lo más cercano a la imaginación de las lectoras, pues parece específicamente pensado para ellas. Por supuesto, los planos en escenario abierto son espectaculares, dignos de superproducción. Aunque no sea un experto, otros aspectos como el vestuario y el maquillaje están muy conseguidos y merecen una mención en esta crítica.

NOTA

Para recapitular los puntos anteriores, los aspectos creativos penalizan la visión global del largometraje. Sin embargo, los elementos audiovisuales logran hacer algo más fácil su visionado, aunque ni de lejos lo compensa. Cumple lo que promete; ni más, ni menos.

 

 

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