EL SIGUIENTE TEXTO HABLA DE LAS TEMPORADAS 1-3 DE HOUSE OF CARDS. SE RECOMIENDA VERLAS ANTES DE LEER

Cuando la tercera temporada de House of Cards concluyó, sentí que Beau Willimon (creador de la serie) nos había engañado a todos. En el último par de años, nos había contado la historia de un hombre capaz de hacer cualquier cosa con tal de satisfacer su deseo de poder, después, de su lucha por obtenerlo ante circunstancias extraordinarias y – hasta hace un año – de las sorprendentes consecuencias que vienen tras ser, para efectos del Estados Unidos ficticio donde ocurre la serie, el Rey. Como Rey, Frank Underwood (Kevin Spacey) enfrenta a sorprendentes adversarios, pero al final de la historia, su enemigo más grande resulta ser su aliado más constante. En los últimos segundos de la tercera temporada, después de anunciarlo con característica frialdad, Claire Underwood (Robin Wright) abandona a Frank, en medio de una compleja temporada electoral. La cuarta temporada empieza con la resolución de esa duda, pero para entenderla – y no sólo en un aspecto exclusivamente narrativo – sería una buena idea retroceder, en un intento por analizar a House of Cards como narrativa, y el impacto que tiene en la llamada «era dorada de la televisión»

En poco tiempo, Frank Underwood se ha convertido en uno de los villanos más memorables en la historia del medio
En poco tiempo, Frank Underwood se ha convertido en uno de los villanos más memorables en la historia del medio

Porque el término existe, e incluso se alega que las historias con originalidad sólo pueden ocurrir en televisión, lejos del cine. La variedad temática si es impresionante: hay una distancia de Mad Men a Downton Abbey y de Game of Thrones a Breaking Bad… Pero los temas son interpretables, son elementos de marketing, fuera de lo que una serie realmente hace. Lo que una serie muestra, a aquellos que la ven desde cualquier pantalla, es una historia. La diferencia estructural más evidente entre el cine y la televisión recae en el tiempo: mientras que una mayoría de las películas no suele pasarse de las 3 horas (y hay un buen sector que no llega a ese límite), una temporada de televisión puede durar 10, o 12, o 20 horas. Y con el binge volviéndose una tendencia popular, los números sólo van a seguir creciendo.

El elenco de House of Cards a través de los años
El elenco de House of Cards a través de los años

¿Cómo afectan estas características a la narrativa de una historia, concretamente la de House of Cards? La teoría presentada aquí es que permite cambiar el enfoque, y al hacerlo, re-escribir la verosimilitud numerosas veces, independientemente de cómo se sienta su audiencia. El planteamiento de un mundo exagerado ya ayuda a esta intención: La ruptura de la cuarta pared mediante Underwood observando a la cámara, con una mezcla de asco, pena, astucia o sarcasmo, recorre el internet en infinitos GIFs. Pero no es sólo una cuestión estética. La primera escena de la serie deja en claro que Underwood no tiene compasión, mucho menos con algo que interfiere el logro de su objetivo. Las miradas y los discursos lo enfatizan, pero si alguien llega a dudar de él, tanto en el mundo de la ficción como la audiencia, hará lo que sea para capturar la atención de nuevo, y demostrar que no está jugando.

La tendencia de Underwood a romper la cuarta pared y hablar al público se ha vuelto una de sus características más populares
La tendencia de Underwood a romper la cuarta pared y hablar al público se ha vuelto una de sus características más populares

Pero quizás Willimon, su creador, si. La mirada inicial de House of Cards al mundo político es la de un titiritero a su vasto escenario: Underwood se – y nos – convence que, en este mundo, todo lo que el quiera es posible, y que el fin indudablemente justifica a los medios. ¿Manipulación y engaño de sus subordinados? Hecho. ¿Uso de una joven periodista mediante la seducción, con tal derrocar a sus enemigos en turno mediante historias y rumores? Sí. ¿Asesinato a sangre fría de un político en redención? Pues ya no le sirve después de haber realizado la tarea, entonces sí. Pero el encanto de Underwood va más allá de las acciones: la clase política lleva décadas vendiéndose de una forma u otra a su público, tanto en realidad como ficción, desde caballeros que mantienen la cabeza fría en momentos de crisis, ideólogos que defienden su percepción del mundo ante circunstancias en veloz evolución (Martin Sheencomo Jeb Bartlet en The West Wing y Dennis Haysbert como David Palmer en 24, por ejemplo), hasta manipuladores brutales como Underwood. Y aún cuando él podría ser la representación más “honesta” del mundo político, el guía de un escenario donde los intereses propios siempre dominan por encima del público, aunque en las calles, los debates, los comerciales y las elecciones se plantea lo opuesto, no deja de ser exactamente eso: un escenario. Quizás Underwood es tan endiabladamente atractivo porque expresa las características más egoístas, calculadoras, indiferentes, arrogantes y moralmente “repudiables” de cualquier ser humano. ¿Para qué ofrecer “apoyo” y “comprensión” a la prima distante que ha vuelto a romper por quinta vez con su novio motociclista, cuando nuestro Underwood interno expresa lo que realmente sentimos?

Es fácil ponerse a favor de Underwood, porque su deseo y las acciones que toma para lograrlo repercuten en todos, quizás más aún en la actividad solitaria de ver televisión, lo más alejado posible de un juicio externo. House of Cards ofrece una narrativa de intriga y misterio político, quizás porque es un escenario ideal, quizás porque Willimon es muy bueno en esa clase de escritura, o porque es una adaptación de la mini-serie británica, a su vez basada en varias novelas. Pero encima de aquellos motivos, House of Cards es una deliciosa catarsis oscura para su público.

Regresando a la verosimilitud, se podría creer que de eso se trata la historia: Las aventuras de un político despiadado en su lucha por obtener lo que quiere, cueste lo que cueste, y el ocasional comentario público de su grandeza (o la estupidez de aquellos que lo rodean), porque todos nos hemos sentido así en una u otra situación, y quién mejor que Kevin Spacey para representarnos. La segunda temporada deja la impresión de quedarse en esa línea, pero las cosas cambian. Ahora como vicepresidente, Underwood tendrá menos obstáculos para llegar a la meta, pero el camino es más difícil. Necesita asesinar a Zoe Barnes (Kate Mara), porque está haciendo demasiadas preguntas. Necesita quitarse de encima a la oposición del congreso. Necesita poner a Remy Danton (Mahershala Ali) de su lado. Necesita derrocar a su jefe, el presidente Garrett Walker (Michel Gill), y al mismo tiempo hacer como que nada ocurre. Conforme el final se acerca, Underwood ya no nos habla tanto. Quizás ya no es el más poderoso, el más astuto, el más peligroso. Al extremo de que, en uno de sus ocasionales discursos, su rostro y voz se notan asustados. El Rey consigue su trono al final, pero la lección es que, a partir de ahora, nada está garantizado.

Si las temporadas 1 y 2 de House of Cards se enfocan en el camino hacia el poder, la tercera podría enfocarse en supervivencia de este. Así lo hace, pero es también una temporada sobre definiciones. La televisión y su estructura episódica permite dos escenarios en oposición: la tranquilidad de ver lo ya conocido, o la oportunidad de absoluta revolución. Siento que Willimon escogió la segunda, para las quejas de algún sector en su público. La serie «deja de ser verosímil», y es «una exageración». Ello depende de qué se defina como verosimilitud, y cómo esté enfocada en cada momento. La verosimilitud política es relativamente fácil de obtener, como resultado de investigación y seguimiento de reglas: Puede que el camino de Underwood hacia la presidencia esté exagerado en algunos detalles para enfatizar la tensión narrativa, pero no puede echarle un yunque ACME al presidente, y ya. Si fuera tan fácil, no habría historia. Entonces regresa la pregunta: ¿de qué trata House of Cards, no sólo en su tercera temporada, sino en su trayectoria? Y se vuelve a ofrecer la tesis: personajes.

Claire Underwood, la sorpresa secreta en House of Cards
Claire Underwood, la sorpresa secreta en House of Cards

Concretamente, dos personajes. Al principio, Claire Underwood es retratada como él único personaje que puede llamar la atención y superar los gritos de Frank, que se iguala en su capacidad de manipulación e interés personal, que tolera su amorío con Zoe Barnes con extraordinaria racionalidad, y parecería ser su duplicado… hasta que deja de serlo. Frank y Claire no dejan humano en pie en su camino para ser – irónicamente – los reyes de una nación humana. Frank ve a los humanos como herramientas y no los siente, Claire los ve igual, pero sí los siente. Los siente al llorar su incapacidad por tener hijos al final de la primera temporada, y los obstáculos que esto representaría al futuro de Underwood (que él interpreta como el futuro de ambos) Los siente al traicionar a una víctima de abuso sexual en el ejército, después de que un intento de ley – encabezado por ella – para abordar el problema fracasa. Por cada victoria de Frank, Claire muestra un fragmento de su alma en la derrota, hasta que es imposible de soportar. Esta diferencia se vuelve central en la tercera temporada, cuando Claire amanece ante el cadáver de un activista ruso, a quien pretendía rescatar, mediante la negociación fría y calculadora que comparte con su esposo, de la Rusia pseudo-dictatorial bajo el control de Viktor Petrov (Lars Mikkelsen) Después de una espontánea y pública declaración en su defensa, que eleva la incomodidad global y provoca la furia de Frank, Claire enfrenta a una emoción tan humana como aquellas que Frank exhibe constantemente, pero una que él carece por completo: la culpa. La culpa que se convierte en arrepentimiento, y aquel que se transforma en furia. La furia, no sólo de los actos que ha cometido, también la furia de su incapacidad de libertad, de su brutal dependencia hacia Frank. Se puede tener una cierta libertad como la esposa de un congresista, y un poco menos como la mujer del vicepresidente. Pero al ser Primera Dama, las opciones comienzan a desaparecer. Su voz se ahoga entre intereses más personales, más egoístas. Y es ahí cuando todos recuerdan que Claire nunca fue parecida, o complementaria de Frank, sino su absoluto igual. Pero, como él dice en el penúltimo episodio de la tercera temporada, en un momento que demuestra su absoluta indiferencia por la humanidad, la Oficina Oval sólo es de uno. Y quizás, la igualdad en el amor une, pero la igualdad en la ambición destruye.

Claire abandona a Frank al final de la Tercera Temporada
Claire abandona a Frank al final de la Tercera Temporada

El posible engaño de Willimon viene al observar la serie en retrospectiva: quizás la historia de House of Cards nunca fue sobre las aventuras de un hombre despiadado hacia el poder más grande del país, o una exploración de su crueldad. Quizás aquello fueron los cimientos para una narración que se desarrolla de una forma más sutil, pero explota cuando es necesario: la narración de dos personajes cuyo amor es pretexto de su necesidad, y cuya alianza es un medio caduco para sus ambiciones. El conflicto no es político, sino humano: la lucha entre la compasión y el deseo de poder, y cómo una siempre intenta superar a la otra, porque es imposible que vivan juntas. Esta idea emerge de la relación entre Frank y Claire hacia otros personajes: Doug Stamper (Michael Kelly), Jackie Sharp (Molly Parker), el ya mencionado Remy, Peter Russo, e incluso Zoe Barnes. Quizás la verosimilitud narrativa no es exclusivamente política, donde todo opera como un dominó. Quizás está basada en la psicología humana, y su brutal espontaneidad, en la sorpresa como un acto natural, un constante generador de lógica. Como se dijo antes, la política se vende, se discute, se vuelve artificial, en el terreno real y ficticio. Es entretenida en momentos ocasionales, pero el resto del tiempo, es monótona. La mente humana como un terreno de conflicto es mucho más interesante.

En el obscuro universo de House of Cards, todos son víctimas de aquel conflicto, excepto Frank Underwood. Pero así como no habría historia en el escenario político sin complejidades de trama, tampoco la habría en el humano sin desafíos exteriores. ¿Qué clase de desafíos, y cómo se expresan en la nueva temporada? Ese es otro tema.

Manuel Cruz

@cruzderivas

Advertisements
Anuncios

Tagged: