EL SIGUIENTE TEXTO HABLA DE LAS TEMPORADA 4 DE HOUSE OF CARDS. SE RECOMIENDA VERLA ANTES DE LEER

PARTE 1

Si la tercera temporada de House of Cards provoca una explosión, la cuarta temporada analiza su escala. Las cosas no han cambiado mucho desde que Claire abandonó a Frank tras numerosas tensiones: la elección presidencial continúa en su punto más álgido, y la gente se empieza a preguntar por la ausencia de la “perfecta” Sra. Underwood. Más aún, Frank, después de controlar a quien sea que se atraviese en su camino durante tres años, se encuentra aparentemente incapaz de hacer lo mismo con quien era su aliada más cercana. ¿O lo sigue siendo? La cuarta temporada enfrenta aquella pregunta, y con ello podría ejemplificar el nacimiento de una nueva verosimilitud en el mundo de la serie, a partir de la espontaneidad psicológica de sus personajes.

Frank Underwood ya no es el personaje más importante en esta temporada
Frank Underwood ya no es el personaje más importante en esta temporada

Pero eso no es todo. Las acciones de Underwood en cada temporada se han ido acumulando, y la cuarta temporada presenta un escenario ideal para liberarlas: es una historia de venganza doble. En la realidad, Lucas Goodwin (Sebastian Arcelus) regresa. Tom Hammerschmidt (Boris McGiver), también. Heather Dunbar (Elizabeth Marvel) sigue molestando a la cabeza de Frank, ahora como rival en las elecciones. Después de desaparecer justo al borde del olvido, aquellos personajes regresan a enfatizar sus intenciones: destruir, pieza por pieza, la obra de los Underwood.

Ellen Burstyn como la madre de Claire
Ellen Burstyn como la madre de Claire

Quizás la confusión y el rencor a House of Cards por alguna parte de su audiencia es resultado de las atrevidas decisiones que toma la serie para sobrevivir. Pero ello no sólo es un mecanismo astuto para conservar la frescura narrativa, también es un reconocimiento a la actualidad de su escenario: el mundo cambia, y la política cambia. En la cuarta temporada, las tensiones con Rusia siguen creciendo, Estados Unidos atraviesa serios problemas de energía, la elección presidencial adquiere una complejidad inesperada, y, cerca del final, un grupo terrorista con todas las características de ISIS (aunque bajo un nuevo nombre) amenaza al gobierno de Underwood, y el país que domina. Y la gente cambia también: aunque ha creado personajes exagerados, personajes que transforman a la compasión en un personaje secundario y prefieren exhibir una serie de emociones más egoístas, Willimon está dispuesto a reconocer que no se puede vivir así eternamente. A diferencia de una estructura narrativa donde los personajes avanzan verticalmente, House of Cards prefiere, en este momento, vivir al día: planificando, dejándose caer, explorando, regresando, reflexionando. Para ser realistas con las personas, y no tanto con los personajes. Para que teorías como esta se arrojen al debate público tras una noche de binge. O para seguir viendo, en búsqueda del siguiente engaño.

Underwood atraviesa cambios inesperados en esta temporada
Underwood atraviesa cambios inesperados en esta temporada

Porque podría aparecer, más aún considerando el veloz orden narrativo de la cuarta temporada, que casi presenta dos historias en el mismo espacio: Mientras que Frank lucha en las elecciones, Claire regresa a su casa infantil donde enfrenta a otro fragmento de su humanidad, particularmente rencoroso. Aunque su madre, Elizabeth Hale (Ellen Burstyn) no está feliz con su repentina visita – ni con las decisiones que su hija ha tomado en el último par de décadas, especialmente en el sector matrimonial – ello no detiene a Claire de buscar una forma de supervivencia propia, intentando apoderarse de la representación de su estado en el congreso antes de que lleguen las elecciones. Aunque una familia afro-americana lleva décadas esperando la oportunidad, ser Primera Dama todavía tiene sus trucos, y la alianza de Claire con LeAnn Harvey (Neve Campbell), la ayuda aún más.

Neve Campbell en House of Cards
Neve Campbell en House of Cards

Aunque Frank no lo va a permitir con tanta facilidad. Pese a la actitud de Claire, él continúa siendo el Rey… hasta que Goodwin, embajador de los crímenes pasados y recién salido de la cárcel, lo deja desangrándose tras dos disparos. Si alguien poderoso podía anticipar un intento de asesinato, es Frank Underwood. Y su posible supervivencia no es el factor interesante aquí, sino la demostración de absoluta inutilidad que tiene su poder. Desde hace un rato, Frank ha ido perdiendo el dominio de la situación en cara a rivales igual de astutos (como Raymond Tusk (Gerald McRaney), que regresa en su ausencia), o aliados con nuevas intenciones, como Claire. Ahora, el verdadero Underwood es ella. En la ausencia de su marido, Claire encuentra su oportunidad de control presidencial, aunque la ejerza a través del inseguro vice-presidente Donald Blythe (Reed Birney). Pero aquello es un detalle menor. Ella es la que negocia con los rusos. Ella es la que dirige la solución de la crisis energética. Ella es la que hace reconocer a Frank, víctima de su propia avaricia, que la dependencia entre ambos siempre ha sido al revés. La cuarta temporada re-ordena los cimientos de su narrativa hacia una nueva lógica: Los Underwood son un matrimonio de necesidad, no de amor. La competencia a su alrededor se intensifica. Y las acciones del pasado, lentamente, empiezan a cobrar venganza.

Los crímenes del pasado acechan a Underwood en la nueva temporada
Los crímenes del pasado acechan a Underwood en la nueva temporada

Así como hay una nueva lista de reglas, también se plantea un regreso a la tradición, y de una forma muy brusca. Una vez que Frank sale del hospital, toda la arrogancia y experta manipulación que lo caracterizaron durante 3 años regresa con él. Es curioso que, al borde de una revolución narrativa, House of Cards recuerde fragmentos de lo que la definió en un inicio. Posibles razones aparte, la transición es víctima de su velocidad: aún cuando se plantea (y esto sigue siendo una teoría personal) una verosimilitud psicológica, la transición emocional entre Frank y Claire es repentina, como si no hubiera suficientes episodios para contar ambas historias. Porque no los hay.

Eso ciertamente no arruina el viaje. Al decidir una renovación en cada temporada, House of Cards se ha convertido en un ejemplo magistral sobre el control de expectativas. Nada es del todo anticipable en su mundo, y las reacciones al respecto son variadas. Pero también, de eso sirve el modelo Netflix: el pasado siempre estará ahí, dispuesto a ser re-explorado. La intriga de lo que hay por delante también continúa, y al mismo tiempo, podría advertir un final lógico. Ya no todas las series de televisión se hacen con la intención de sobrevivir por décadas, y House of Cards podría tener los números contados por dos razones: la política del mundo real se termina (aunque The West Wing logró empujarla por 7 años), y las acciones de los Underwood están destinadas a un final trágico, más después de las conclusiones planteadas en esta última temporada. Quizás, después de todo este tiempo, la mayor innovación de House of Cards sea su próximo fin, y este abra la puerta a una nueva exploración de sus potenciales significados, por décadas.

Manuel Cruz

@cruzderivas

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