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Manuel Cruz

@cruzderivas

En un época donde la similitud parece ser motivo de constante demanda, (el parecido entre iOS y Android en el frente tecnológico es un buen ejemplo), How To Get Away With Murder se encuentra en una posición curiosa. La última producción de Shonda Rimes (creadora de Grey’s AnatomyPrivate Practice y, recientemente, Scandal) bajo la pluma de Peter Nowalk (escritor en Grey’s Anatomy) ha hecho historia con el premio Emmy a Viola Davis, convirtiendo a la actriz en la primer mujer afro-americana en obtener el galardón televisivo. Pero hay más.

A lo largo de 15 episodios en su primera temporada, actualmente disponible en Netflix, How To Get Away With Murder se enfoca en retratar a una abogada sin aparente corazón, una personalidad de fachada para una complejidad emocional que se desenvuelve con la trama. También es la líder de jóvenes súbditos, capaces de realizar cualquier acto que ella implore, aún cuando esto transgreda una serie de fronteras éticas y morales. La narrativa salta del pasado hacia el presente, de una forma intencionalmente caótica, y su único punto de claridad es la muerte – en el primer episodio – de un personaje que vuelve a aparecer durante el resto de la temporada. Sólo queda saber cómo llegó a semejante destino, y por qué. La búsqueda de aquella respuesta se ve ocasionalmente interrumpida por capítulos incidentales, que continúan revelando los límites – o falta de – en la protagonista y su elenco secundario en el obscuro mundo de la “justicia”. How To Get Away With Murder arroja todas estas posibilidades a la pantalla desde el inicio hasta el final, de una forma continuamente entretenida, intrigante, y terminando con un giro de tuerca que se transforma en combustible de anticipación para la segunda temporada. En ese sentido, es muy astuta, tan astuta, que la falta de antecedentes para semejante estructura dramática sorprende. A menos que sí haya antecedentes.

¿Sería válido llevar a la corte a una serie por copiar a otra, en un época donde la similitud parece ser motivo de constante demanda?

Si este fuera el caso, la acusación a How To Get Away With Murder, al menos en la perspectiva de este texto y su autor, es bastante simple: La serie es una copia de Damages, protagonizada por Viola Davis.Damages, serie finalizada no hace mucho tiempo, que popularizó a Rose Byrne, dio un resurgimiento popular a Ted Danson, obtuvo merecido reconocimiento en forma de un Emmy para Zeljko Ivanek, y marcó un logro más para la espectacular Glenn Close, liderando una primera temporada que reúne todos los elementos descritos en How To Get Away With Murder, con mayor ingenio, credibilidad, y tensión.

Entonces, las estructuras son altamente comparables, si no es que idénticas. ¿Qué tiene How To Get Away With Murder para diferenciarse, excluyendo el – muy relevante – protagonismo histórico de una mujer afro-americana en la piel de Viola Davis?

Mientras que Damages explora la relación entre Patty Hewes (Glenn Close), una poderosa y temible abogada, con Ellen Parsons (Rose Byrne), su nueva alumna, Davis interpreta a Annalise Keating, una defensora criminal y maestra de un curso universitario que lleva (como declara con un rastro de arrogancia en el primer episodio) el mismo título que la serie. Keating recluta a 5 alumnos con suficiente talento para unirse a su vida profesional, donde la justicia pierde su apariencia utópica y se convierte en un juego por demostrar la ambigüedad entre verdad y mentira, de acuerdo a las intenciones personales de cada persona. El ensamble, compuesto por Wes (Alfred Enoch), Michaela (Aja Naomi King), Connor (Jack Falahee), Asher (Matt McGorry) y Laurel (Karla Souza) podría ser culturalmente novedoso, con la presencia de dos personajes afro-americanos, un personaje de origen latinoamericano, y un personaje homosexual. Al igual que la decisión de tener una protagonista femenina, Rhimes y Nowalk demuestran que el mundo ha cambiado en la últimas décadas, y la televisión debe adaptarse. Y aunque no son los primeros en hacerlo (la genial Six Feet Under introdujo una relación homosexual en su narrativa con tanto respeto y verosimilitud como el resto de su entretenida y profunda historia), el hecho de representar a una sociedad más diversa no los convierte en personajes automáticamente interesantes. How To Get Away With Murder ya tiene (al menos en su primera temporada) demasiada similitud con una serie anterior y de mayor profundidad. La lucha entre sus personajes por escapar a una mezcla de estereotipos y banalidad no ayuda, aún cuando en los últimos episodios parecen mostrar un lado más humano e interesante. El resto del tiempo, su estado emocional no tarda en cambiar de absoluta lealtad a Annalise hacia un estado independiente, sólo para regresar a donde estaba en un inicio. La credibilidad de este escenario pierde fuerza durante una buena fracción de la trama, donde todos quedan involucrados en un asesinato. Si How To Get Away With Murder no quiere ser una copia, necesita darle identidad a sus personajes, más de los pocos intentos que se ven al final de esta primera temporada. Viola Davis, probablemente la actriz con mayor experiencia del reparto, ofrece una actuación interesante y empática cuando el guión y el estilo de dirección en la serie se lo permiten, eliminando el diálogo de una personalidad acartonada y una pista musical por encima de su actuación. Las breves escenas sin efecto, donde todo se reduce ella, son interesantes, pero llegan cerca del final y no superan la banalidad del principio.

Annalise Keating, interpretada por Viola Davis, se rodea de un ensamble aparentemente diverso en How To Get Away With Murder
Annalise Keating, interpretada por Viola Davis, se rodea de un ensamble aparentemente diverso en How To Get Away With Murder

How To Get Away With Murder es un curioso caso de conflicto cultural: al escoger una mujer afro-americana como protagonista, acompañada de un reparto también diverso, Shonda Rhimes y Peter Nowalk podrían estar intentado cambiar los estándares de la televisión dramática en cadenas como CBS, NBC o ABC (responsable por la transmisión de esta serie), en un mundo donde la gran mayoría de los protagonistas aún son hombres caucásicos. El esfuerzo es encomiable, y debe continuar. Pero al mismo tiempo, la serie choca con otra serie de estándares narrativos y estilísticos que incomodan un acto de innovación absoluta: los personajes, pese a las extraordinarias situaciones que los rodean, no parecen escapar de una sencillez emocional. Annalise Keating (Davis) apenas logra salir de ese conflicto. La trama es intrigante, pero esta ahogada en decisiones de estilo (pasajes en cámara rápida, música constante, puntos de espera para que un personaje diga una línea enfática) que terminan distrayendo en lugar de ayudar y, de cara a las escenas de mayor tensión dramática, invaden la actuación del elenco. How To Get Away With Murder quiere ver hacia el futuro (pese a estar copiando descaradamente la estructura y, hasta cierto punto, personalidad de Damages), pero hay elementos de su pasado que le impiden avanzar. Al menos por ahora. Mientras tanto, el jurado se retira en espera de su segunda temporada. Y continúa viendo Damages.

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