En 1880, el médico británico Joseph Mortimer Granville patentaría el primer vibrador electromecánico, dispositivo para tratar la histeria por medio de masaje pélvico. La directora Tanya Wexler hace una particular reinterpretación de este descubrimiento, convirtiéndolo en una comedia donde hace una crítica de la sexualidad femenina, dentro de una época tan poco dada a estos ejercicios como la victoriana. Aunque tienen momentos en que parece bastante ligera, en realidad es de una mordacidad deliciosa, lo que la hace una cinta que no puede uno perderse.

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