Durante la primera hora de Joy, una mujer mayor se acerca y le dice a la protagonista: «no tienes exactamente el resto de tu vida por delante, pero aún te queda mucho». Y tiene razón. Joy Mangano (Jennifer Lawrence) ha abandonado la ilusión de inventar, después del agresivo divorcio entre sus padres (Robert De Niro y Virginia Madsen). Se ha convertido en otra mujer, otra ama de casa con un matrimonio fracasado, al extremo de que su ex-marido (Édgar Ramírez) vive en el sótano, cantando en su lengua natal, las mismas canciones que la hicieron enamorarse años atrás. Quizás el aún tenga esperanzas de cumplir su sueño, pero ella no. En tan sólo el curso de un día, Joy recibe a su padre, literalmente devuelto por su ahora ex-esposa. Necesita un lugar en donde vivir. El sótano es la única opción, pese a la fricción con su ex-marido. En un intento por evitar violencia, Joy separa el cuarto a la mitad, literalmente. Su madre queda impactada por la súbita aparición de su ex-marido (a quien aún detesta), pero no lo suficiente para distraerse de su telenovela, inmóvil en su cama, quizás durante años, como una mezcla de Mercedes Morán y Edie Beale. Cuando el suelo de su cuarto empieza a inundarse, Joy debe resolver la fuga, mientras su madre, indiferente a los chorros de agua que caen en el rostro de su hija, continúa viendo la televisión. Esto después de horas en un trabajo donde la clientela, quizás simulando una actitud típica de Nueva York, la maltrata. Y Christie, su hija pequeña, exige un cuento antes de dormir. La vida de Joy es un desastre, y debe cambiar.

Jennifer Lawrence, Robert De Niro, y Édgar Ramírez en Joy
Jennifer Lawrence, Robert De Niro, y Édgar Ramírez en Joy

Durante su conferencia David Lean/BAFTA, David O. Russell (co-guionista y director de la cinta) habló de un cine sobre «gente ordinaria a quien le ocurre algo extraordinario», una tendencia que, opina él, ha iniciado en su carrera con la cinta The Fighter, y continúa con Joy. Son historias de redención, de segundas oportunidades. Y Joy obtiene una, llegando a inventar un objeto que la transforma en alguien nuevo, en quien, según su abuela, estaba destinada a ser.

Las formas de analizar esta premisa abundan. De entrada, la exitosa vida de Joy si está basada en un personaje real. Es una historia sobre Estados Unidos como el centro de la oportunidad, de la mezcla entre lo común y lo extraordinario, manifestada en Neil Walker (Bradley Cooper), un ejecutivo de televisión que impulsa a Joy a la fama, un Don Draper entusiasta y pasional por su trabajo, quizás en una cruzada por realizar el mítico «American Dream» con objetos tan aparentemente comunes como un trapeador. Es una historia de una mujer abriéndose paso en un negocio de hombres, utilizando una extraordinaria característica: su honestidad, su cercanía a la ocasional frustración de existir sin propósito. Se ha dicho de Ciudadano Kane que es una historia tanto de William Randolph Hearst como de Orson Welles, el encuentro entre obra y autor como una reflexión. Con Joy podría ocurrir lo mismo, y O. Russell está del otro lado del espejo.

Conferencia David Lean/BAFTA de David O. Russell

Como cineasta, es posible que ya viva en una brecha generacional: el público más reciente lo podrá reconocer como un colega favorito de Lawrence (que, junto a Amy Adams, podría estar construyendo una nueva época en la actuación, como Meryl Streep y Glenn Close hicieron en el inicio de su carrera) Pero O. Russell ya trabajaba antes de este periodo, y la obra de, quizás, su «primer acto» merece tanto reconocimiento y memoria como la de su época actual.

Jennifer Lawrence interpreta a Joy Mangano
Jennifer Lawrence interpreta a Joy Mangano

Viendo Joy, y conociendo la obra de O. Russell, resulta difícil no pensar en I ❤️ Huckabees, cinta criticada y poco entendida, y que, si uno utiliza vídeos de YouTube como medida de juicio contra las personas, le dio la apariencia de un director terrible. En la conferencia, O. Russell reconoce haber atravesado un periodo de crisis, pero Huckabees no es necesariamente una cinta fallada, o un recuerdo incómodo. Es una cinta que busca respuestas para la ansiedad existencial que rodea a sus personajes, decepcionados por la vida que un aparente destino les ha puesto. En lugar de respuestas aparecen más preguntas, y la cinta concluye con una especie de resignación. Quizás no se ha encontrado nada aún, pero había que intentarlo. Quizás O. Russell estaba en la misma situación.

Si Huckabees es ansiedad sin respuesta, Joy la observa con esperanzas de redención, de una posible salida. Estados Unidos se ha definido culturalmente como el país de la oportunidad, y su cine habrá demostrado esto en algún punto de la historia. Para otros, semejante afirmación podría ser cliché, falaz. Pero Joy no pertenece a tal resultado, porque está hecha por un redentor. Es prueba de que O. Russell ha encontrado respuestas, o al menos un estado de reflexión y tranquilidad ante las preguntas. Es una cinta que justifica, incluso transmite a la audiencia, los momentos de gloria en la vida de su protagonista, después de pasar por sufrimiento, por una frustración que finalmente explota, desde Lawrence, en una extraordinaria escena, donde no parece haber salida. Pero la hay, mediante la acción, no la esperanza ingenua. Joy es otro paso más en la increíble carrera de Lawrence, y es la catarsis de O. Russell, la peculiar consecuencia de I ❤️ Huckabees. Para la audiencia, es una película a la vez atrevida y verosímil, esperanzada pero realista, profundamente interesante.

Manuel Cruz

@cruzderivas

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