La flexibilidad de géneros en Sin Regreso ofrece una nueva clase de misterio

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La rigidez de género no debería ser ley. Aunque se podrían obtener una serie de emociones concisas o exitosas siguiendo las reglas de cada género, esa misma búsqueda puede provocar su estanque: ya se sabe que siempre hay una pelea antes de la redención en una comedia romántica, que el héroe debe salvar al mundo de una catástrofe a contrarreloj en muchas cintas de acción (principio que también existe en las cintas del legendario James Bond y se expande a la pantalla chica en 24, pero ahí se abre un debate sobre la forma), y que el monstruo está detrás de el/la protagonista, a la vista de todos, excepto aquellos en primer plano.

Adrien Brody y Sam Neill en Sin Regreso
Adrien Brody y Sam Neill en Sin Regreso

Sin Regreso se interesa en las convenciones de este último género, en un interesante intento por utilizarlas de forma propia: Adrien Brody interpreta a Pete, un psicólogo cuya tranquilidad profesional se desmorona al pensar en su hija Evie, quien murió en un accidente años atrás. El único intento de redención para él y su esposa es alejarse de Sidney y hacia un sector más tranquilo de Australia. Consciente de que podría haber evitado el accidente, el remordimiento carcome a Peter aún más. Pero las cosas cambian con una nueva ronda de pacientes, cortesía de Duncan (Sam Neill), su antiguo tutor universitario. El trabajo es de rutina y los pacientes, a los ojos de Pete, también: Un hombre con tics, una mujer que, según ella, aburre a todos. Y por último, una niña que no puede hablar y sólo le ofrece una secuencia de números anotada en un papel y una identificación con su nombre: Elizabeth Valentine, igual que el de su hija muerta.

Pete empieza a ser visitado por pacientes extraños
Pete empieza a ser visitado por pacientes extraños

La vida de Pete sigue con relativa normalidad hasta la siguiente sesión con Elizabeth, donde tras golpear la ventana con creciente pánico, su rostro se transforma en una apariencia decididamente poco humana, y le grita con fuerza al confundido Pete antes de desaparecer. Después de tener un encuentro similar en el metro con otro de sus pacientes, que afirma estar muerto antes de provocarle el mismo susto, queda convencido de una serie de anormalidades en su vida. La gente desaparece en su cara. Después de plantearle la situación a su colega Duncan, con sorprendentes conclusiones, Pete decide volver a False Creek, su pueblo natal, en busca de resolver un misterio que, según él, podría implicar a la muerte de Evie y los recientes fantasmas.

Pete regresa a su pueblo natal para resolver un misterio de su pasado
Pete regresa a su pueblo natal para resolver un misterio de su pasado

Hasta ese punto, Sin Regreso podría parecerse mucho a una historia de “intercambio” que se ha vuelto aparentemente regular en el género: un humano sufre una tragedia personal, a la mitad de su duelo se revela alguna conexión con el universo fantasmagórico, y el humano en cuestión debe cumplir un ritual, sea de sacrificio o rescate, para al menos encontrar su ansiada paz. De eso se trató la espantosa La Maldición de Charlie con Nicolas Cage, estrenada hace poco. Y Sin Regreso podría dirigirse a esa ruta de intercambio, hasta que el guión de Michael Petroni (que también dirigió la cinta) se enfoca en otro ángulo. Y visto en retrospectiva, quizás aquel es el único ángulo donde estuvo, todo este tiempo.

En Sin Regreso, lo fantástico se vuelve un acompañante del misterio
En Sin Regreso, lo fantástico se vuelve un acompañante del misterio

Lo que separa a Sin Regreso de sus contemporáneas es una elección de prioridades. ¿La manifestación del terror (fantasmas, monstruos, asesinos enmascarados a lá Masacre en Texas por si sola es más relevante que el misterio detrás de él? La cinta de Petroni lo piensa al revés, y el resultado es un manejo de géneros como consecuencia, no una mezcla. El pasado de Pete es un misterio astuto, donde la psicología juega como algo más que una ocupación interesante del protagonista, y los fantasmas se convierten en guías, aliados de Pete en, finalmente, una catarsis.

También se debe hablar de Brody, cuya humanidad ayuda a este re-ordenamiento y flexibilidad del género. Sin Regreso hace con el terror, el misterio, y el cine lo que el cine hace mejor: inventar. Quizás no a la escala de crear algo absolutamente nuevo o afinar las reglas (la excelente Está detrás de ti permanece suprema en aquel aspecto), pero si en presentar al ingenio antes de la convención, y su probable seguridad. Sólo por eso, las aventuras de Pete merecen ser observadas.

Manuel Cruz

@cruzderivas