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Vaya arranque de año llevamos en este 2014. Si el año 2013 no pasará a la historia precisamente por la calidad de sus estrenos, al menos siguiendo el calendario de estrenos de España, el 2014 lleva un ritmo impresionante, y es que todos los fines de semana estamos asistiendo a un gran estreno.

Esta semana la gran estrella de las salas españolas es La Gran Estafa Americana, título versionado líbremente del original American Hustle (uno que escribe, siempre se pregunta a que extraño mecanismo de marketing obedece esa manía de retitular las cintas), de David Owen Russell, y que según dicen, parte como una de las grandes favoritas (no lo va a tener fácil) en la ceremonia de los Premios de la Academia. A David O. Russell lo conocemos por su The Fighter, aquella historia de 2010 que nos presentaba un duelo interpretativo de altura entre Mark Whalberg como boxeador en busca de consagración y su hermano drogadicto interpretaba por Christian Bale. Russell repite con parte del repertorio de su anterior película, y repite con Christian Bale, al cual sabe sacar un extraordinario partido, pero en un perfil absolutamente alejado del de aquel perdedor que le hizo ganar el Oscar al mejor secundario. También repite Amy Adams, que fue nominada al igual que Bale en 2010.

Pero no sólo eso. Russell, firmaba en 2012 Silver Linings Playbook, otro atentado de traducción de la lengua de Shakespeare que se conoció en España como El Lado Bueno de las Cosas. Silver Linings Playbook, obtuvo un oscar para Jennifer Lawrence (la que vemos arrastrarse interpretativamente en los Juegos del Hambre), y un par de nominaciones para Bradley Cooper y Robert De Niro.

Pues bien, en La Gran Estafa Americana, nos vamos a encontrar además de Christian Bale y a Amy Adams, a los anteriormente mencionados a Bradley Cooper, Jennifer Lawrences y a Robert De Niro, al tiempo que otro nominadísimo Jeremy Renner. ¿Entendemos ahora de donde viene ese favoritismo?. Aunque sólo sea por esos nombres, grandes llamados a escribir con letras de oro su nombre en la historia del cine, la cinta ya pide a gritos un visionado. Pero es que además, el director, es capaz de modelar una historia a medida de sus intérpretes. Estos, se sienten como pez en el agua por que sobre todo, porque muy a pesar de otros grandes directores, David O. Russell es con permiso de Scorsese, el mejor director de actores que podemos encontrar hoy en día en circuitos Mainstream.

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En efecto. Russell, dosifica la presencia de semejantes monstruos de la pantalla con la participación perfecta para que ninguno se coma al otro, pecados de la mayor parte de los directores de hoy en día, que tienden a apoyarse en una única figura que monopoliza la interpretación. De este modo, no podemos decantar el protagonismo por un papel, sino que se ve diluido a partes iguales entre una sucesión de magníficos duelos narrativos que beben de ese subgénero del thriller con tintes de comedia que es el de los falsificadores, timadores, y ladrones envueltos en vodeviles de alto nivel.

Nos encontramos así, una pléyade de personajes, como Irving (Christian Bale) y su amante Sydney/Edith (Amy Adams), dos timadores de perfil bajo que son cazados por un ambicioso agente del FBI (Bradley Cooper), el cual les propone usar su habilidades en sus investigaciones a cambio de una reducción de condena. Pronto se establece un triángulo amoroso roto por Rosalyn (Jennifer Lawrece), la histriónica esposa de Irving en una sucesión de situaciones embarazosas.

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¡Y ya está!, porque realmente, en la sencillez de su argumento radica el gran éxito que auguramos a esta película. Diálogos que, si bien son cuidados, resultan sencillos para remarcar el carácter de cada uno de los personajes y que dan alas a los actores para que enriquezcan con su talento lo que de otra forma, no sería más que una historia de ladrones más. Es en esa teatralidad, en ese contar una historia desplegada simplemente por el talento, donde surge el arte que hace grande al cine.

Una película muy recomendable, desde el punto de vista de uno que subscribe, tanto para aquellos que se inician en el arte dramático (por favor, atentos a los llantos de Amy Adams… tan espectaculares como sus escotes) como en los que buscan inspiración en la dirección.

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