«Old Man Logan» es uno de los cómics de culto de Wolverine, la historia de un triste y anciano James Howlett que viaja junto a un ciego y decrépito Hawkeye para salvar a la familia del mutante de los nietos de Hulk y She Hulk, es lectura obligada para los amantes del canadiense de las garras de Adamantium.

 

Levemente basada en el relato post-apocalíptico del cómic de Mark Millar, de la mano del director James Mangold llega a nuestras pantallas de cine: Logan.

La melancólica voz de Johnny Cash en el primer tráiler de Logan ya nos está dando indicios de qué tipo de función es a la que asistiremos; la letra de Hurt—originalmente de Nine Inch Nails—, es la perfecta sinopsis del cierre de la trilogía de Wolverine.

La edición de los tráilers fue muy ingeniosa; a diferencia de otros largometrajes planos de Superhéroes donde el tráiler te cuenta lo que va a suceder, en Logan plantaron muchas pistas falsas o cortaron escenas para confundir a los más curiosos.

En ese orden de ideas, el equipo de CINE3 les da la bienvenida a la crítica con lo mejor y lo peor de Logan.

Lo peor

Villanos genéricos

Donald Pierce

Aunque Donald Pierce (Boyd Holbrook) es un villano correcto, no tiene nada que lo haga memorable; a menos de que ser incompetente y terriblemente simplón no lo hagan olvidable. Acá el guion de Mangold, Scott Frank y Michael Green cojea al descuidar al antagónico y no entregarnos unas motivaciones o al menos un porqué de sus acciones, ¿Es malo porque sí?

Si para responder esto último hay que ir a los cómics, el film fracasó en ese sentido; porque un audiovisual debe contener las respuestas en los fotogramas que presenciamos.

Dr. Rice

Dr. Rice (Interpretado por Richard E. Grant) necesitaba más minutos en pantalla, el malvado arquitecto detrás de la clonación de varios mutantes se quedó corto.

Ni hablar de X-24 el clon de Wolverine que parece sacado de X-Men Origins: Wolverine, como un mal remake del Deadpool de esa cinta. Una batalla final contra Sabretooth hubiera tenido más sentido y hubiera sido más simbólico.

Cabos sueltos 

¿Por qué los niños no se defendieron y prefirieron huir en el clímax? ¿Por qué ahora la bala de Adamantium mata? ¿Por qué Caliban se convierte en el ama de casa de Wolverine? ¿Quién editó el vídeo que ve Logan sobre X-23 y el resto de los niños clonados?

Según IMDb Mangold admitió que ignoró toda la línea de tiempo de las demás películas de X-Men para contar la historia que él quería; eso explica lo de la bala, pero el resto fueron unos pequeños descuidos que no empañan el resultado final pero sí una suerte de incongruencias que afectan la fluidez del filme.

Como no todo puede ser malo, bajemos a descubrir lo positivo de esta cinta categoría R.

Lo bueno

No olvida sus raíces: referencias al cine y cómic 

«No se puede vivir con alguien que asesina. No hay vuelta atrás. Para bien o para mal, es una marca; una cicatriz. No hay vuelta atrás. Tú ahora corre a casa donde tu mamá y dile, dile que todo está bien, y que no hay más pistoleros en el valle».

Con ese diálogo de la película de vaqueros Shane se establece el tono de la película; crudo.

No pasan muchos minutos del largometraje para que el espectador identifique referencias a cintas contemporáneas como Mad Max: Fury Road, series como Breaking Bad o el cómic del que está basado levemente: Old Man Logan.

De acuerdo a IMDb Mangold confesó que éste film es influenciado por el policial The Gauntlet (1977), los dramas Paper Moon (1973), Little Miss Sunshine (2006), y The Wrestler (2008); además de Wéstern como The Cowboys (1972) y Shane (1953)—ésta última siendo vista por dos personajes en cierto momento de la cinta.

Muy al estilo de Quentin Tarantino—tomar de filmografías ajenas imágenes para en su producción audiovisual rendirles homenaje—, el equipo liderado por Mangold nos entrega un audiovisual nostálgico por donde se le mire; lo cual es un acierto si tenemos en cuenta que éste es el ocaso del X-Men.

Las actuaciones le dan el tono al largometraje: sin caer en el drama forzado

X-23 y Logan

Para hablar de Laura o X-23 hay que hablar del cómic «Inocencia perdida», el origen de X-23 es uno de lo más conmovedores de la franquicia de mutantes, aún cuando acá se tomaron libertades creativas con su pasado, ello no le resta a su esencia, más bien, le suma con las características que le dieron para el filme: su silencio, su mirada, sus impulsos y su peculiaridad. En su début cinematográfico la pequeña Dafne Keen demostró estar a la altura de su álter ego en las páginas de Marvel.

El profesor X encarnado por Patrick Stewart ofrece una de las actuaciones más conmovedoras en el género de Superhéroes, desde su enfermedad mental degenerativa, su triste semblante o sus diálogos llenos de inocencia y optimismo; estamos ante una de las actuaciones que logra raptarnos y hacernos olvidar que estamos ante un mundo de ficción.

Logan, interpretado por Hugh Jackman de verdad adquiere protagonismo sin forzar las situaciones o giros argumentales; de verdad asistimos al relato de un hombre que arrastra la muerte a donde se desplace, la pérdida de sus seres queridos y de la esperanza es el crepúsculo del mutante que hizo su primera aparición en las viñetas de Hulk décadas atrás.

Una escena que permite apreciar su química como trío es la de la cena con la familia Munson, donde por fin tenemos algo de calma y podemos sentir a los personajes más relajados—luego de presenciar una dramática huida—.

Pero como dijo Rafa Dedi: “El refugio no evita la tormenta”.

Funciona como película: no necesitas ver las anteriores de Wolverine o X-Men

Normalmente hay personas que huyen de las películas de héroes por su naturaleza dependiente de otras que les anteceden, pero, ese no es el caso de Logan, donde, nos topamos con una historia redonda que no requiere de conocimientos en cómics o en cine de capas, la situación es muy universal y el conflicto se establece con facilidad.

Acá el tema de las habilidades sobrehumanas pasa a un segundo plano y se convierte en el mecanismo de defensa; primero es un drama sobre un hombre hecho pedazos que le da una segunda oportunidad a una niña y luego hablan de superpoderes.

Lo pedía a gritos: la clasificación R

Usualmente las películas de Superhéroes se han encasillado en una audiencia infantil, minando eso un montón de posibilidades y resultando en un mar de cintas con tramas básicas o carentes de profundidad.

Con Deadpool Fox se dio cuenta que la clasificación R es rentable, ahora, con Logan volvieron a apostar por un público más maduro y nos entregaron una narrativa al nivel de lo que nos merecíamos; no sólo es el hecho de que las garras de adamantium atraviesen cabezas, torturen a Caliban o la historia de Laura, es que, detrás de todas esas situaciones la película tiene la necesidad de un tono amargo, oscuro, devastador y pesimista, la cinta necesitaba esa clasificación para mostrar en pantalla la batalla interna de Wolverine. Eso no se podía resolver con chistesitos cada 30 minutos o escenas forzadamente épicas.

El final no significaría nada sin el montaje que le precede; tal y como pasa en Breaking Bad donde asistes a una historia de no retorno desde el primer fotograma hasta el último.

¿Quieres saber más de narrativa? Quentin Tarantino vs. Aristóteles: narrativa transgresora versus narración clásica

FICHA TÉCNICA

Título: Logan
Dirección: James Mangold
Guión: James Mangold, Scott Frank y Michael Green
Reparto: Hugh Jackman, Dafne Keen, Patrick Stewart, Boyd Holbrook y Richard E. Grant
Género: Acción, drama y ciencia ficción
Duración: 137 minutos
Año: 2016
País: Estados Unidos
Fotografía: John Mathieson
Música: Marco Beltrami

Advertisements
Anuncios

Tagged: