Manuel Cruz

@cruzderivas

Este año, 20th Century Fox ha conseguido algo extraordinario: Hacer que una película de súper poderes, universos de ciencia ficción, dilemas éticos y efectos especiales se convierta en una de las experiencias cinematográficas mas incompletas y aburridas del año. El acto de ver Los 4 Fantásticos es extrañamente similar a cómo Reed Richards (Miles Teller), Sue Storm, (Kate Mara), Johnny Storm (Michael B. Jordan) y Ben Grimm (Jamie Bell)obtuvieron sus poderes: Mediante un experimento que involucró años de duro trabajo e innovación, y se había realizado con éxito en numerosas ocasiones. Sin embargo, algo falló. Y mientras Richards, los Storm, Grimm y la audiencia sufren las terribles consecuencias de este inexplicable accidente, es perfectamente válido preguntarse: ¿Qué pasó esta vez, si las cosas iban tan bien?

Sin ningún animo de presumir, el siguiente texto habla sobre la génesis de este experimento fílmico, y todo el trabajo que implicó. Como cualquier laboratorio profesional, los estándares mínimos fueron planteados por Bryan Singer y Sam Raimi. Y poco después de que Christopher Nolan los llevara a consecuencias (exitosamente) nucleares, Joss Whedon los refinó con Los Avengers, cinta que justificó su largo desarrollo con una sólida identidad. Los Avengers narra la aventura de un semi dios nórdico que une fuerzas con un capitán genéticamente modificado de la Segunda Guerra Mundial, un millonario arrogante, un par de asesinos a sueldo y un científico con severos problemas de enojo para resolver un berrinche con su hermano inmaduro. Si la premisa suena divertida, la cinta también lo es. Iron Man es divertida. Ant-Man es divertida. Thor es divertida. El Caballero de la Noche es trágica. El cielo es azul. El agua es líquida. La ciencia realmente funciona cuando hay claridad detrás de las acciones.

¿Pero Los 4 Fantásticos?

Los 4 Fantásticos es la destrucción del laboratorio Marvel, el esfuerzo colectivo de distintos cineastas a lo largo de décadas por adaptar franquicias y personajes con dignidad. Es una probable explicación para el reciente viaje de Stan Lee al hospital, evento que quizás canceló su cameo en la cinta, y menos mal. Es la película que hace ver a Hombre de Acero y Superman Regresa como obras renacentistas. Es una de las razones que Joel Schumacher utilizará para argumentar su regreso al mundo de los superhéroes: Ni siquiera él llegó a semejantes extremos. ¿Y por qué? La búsqueda de motivos apenas empieza, y corresponde a otro texto. Ahora, con las características del – ahora moribundo – laboratorio, es hora de conocer el experimento.

Los 4 Fantásticos parte de una premisa conocida: Es una historia de orígenes. Narra los esfuerzos de Reed Richards y su asociado Ben Grimm por tele-transportar la materia, búsqueda que los lleva a los brazos de Franklin Storm (Reg E. Cathey) y su atractiva hija Sue. Pero no son los primeros en intentarlo. Victor Von Doom (Toby Kebbell) es el inventor original del prototipo en la empresa de Storm, un proyecto al que regresa tras la llegada de Richards y Grimm, indiferente a resolver (y mucho menos, explicar) su conflicto con Storm y los escépticos militares que lo financian, y su aparente interés romántico en Sue. El nuevo equipo también utiliza la ayuda de Johnny Storm, el hijo rebelde de la familia, cuya interpretación por Michael B Jordan logra combinar a Pharrell Williams con un personaje secundario de Rápido y Furioso, en caso de que tal mezcla sea interesante para alguien.

Hasta ese punto, la narrativa de Los 4 Fantásticos sigue una buena fórmula: Los futuros héroes trabajan juntos para lograr su objetivo en un montaje funcional, se llevan bien, se gustan, el primer experimento de su invención ofrece los resultados deseados, ahora ellos están ansiosos por tele-transportarse, los militares gruñones no lo permiten, y, como si el espíritu feroz de Steve Jobs residiera en cada uno de ellos, deciden rebelarse contra la autoridad y embarcarse dentro de su invención espacial, porque se lo merecen. Porque son libres. Porque van a ser superhéroes.

Lo peor que le puede suceder a cualquier película de ficción es que su audiencia la descubra como tal: Que el espectador comience a notar, explícitamente, el esfuerzo de los actores. O la extraña calidad de los efectos especiales. O esos encuadres donde un personaje reacciona fuera de la historia, consciente de que todo es una pantalla azul, con una cámara enfrente. Que en el fondo, su existencia es tan falsa como la realidad de Santa Clos.

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Reed Richards (Miles Teller) también está ofendido

Y si esos detalles convergen cuando Richards y el resto de su equipo desembarca en un planeta desconocido y entra en contacto con la misteriosa energía que lo alimenta, adquiriendo sus poderes en medio de la destrucción espacial… la esperanza de hacer una cinta emocionante se desvanece. Porque la escena donde Los 4 Fantásticos esencialmente nacen es también es la escena donde mueren, cuando el espectador descubre que Los 4 Fantásticos (y Victor Von Doom) sólo están hablando. Cuando el ideal del superhéroe se reduce a un grupo de “actores” recitando líneas de un guión mediocre (de esto se hablará más tarde), y cuyo “drama” está directamente relacionado con efectos especiales insípidos y la pista musical que se ha utilizado durante los últimos 40 años para “añadir intensidad a la escena” cuando la escena en sí carece de esa intensidad. Cuando no tiene vida. Cuando nada existe.

Aún cuando la premisa ya había sido utilizada, el guión de Los 4 Fantásticos es un primer tratamiento: Una colección de ideas cuya falta de estructura no resulta verdaderamente en una película, sino tres, o cinco, o diez: ¿Los 4 Fantásticos narra el origen de estos superhéroes? ¿O plantea dilemas éticos sobre el uso de habilidades extraordinarias? ¿Es el drama de cuatro adolescentes que, tras adquirir habilidades no deseadas, se convierten en esclavos del ejército? ¿Y qué le pasó a Victor Doom, olvidado en ese planeta? ¿Cómo es que se transformó en una escultura de maskin tape y plumón fosforescente? ¿Por qué quiere destruir a la humanidad? ¿Será que Sue lo dejó plantado en la primera cita?

La falta de orientación es intrigante, especialmente cuando Marvel ha utilizado la misma premisa en casi todas sus películas, y, pese a su antigüedad, la estructura de los 3 actos de Aristóteles funciona bastante bien para el género. Pero aún con el guión disfuncional, Los 4 Fantásticospodría haber sido una cinta con un guión mediocre. El Hombre Araña 3 llevó aquel título, y lo mismo podría decirse de la primera versión de Los 4 Fantásticos en 2005. Pero esto es mucho peor. Los 4 Fantásticos se asemeja a la lectura de un primer guión, carente de emoción pese a las cámaras, música y explosiones repetitivas. Es una cinta donde el número de escenas en que sus personajes son genuinos superhéroes es cuantificable, y el resultado no es bueno. Pero sobre todo, es una cinta donde nadie está interesado. Y esto no sólo resulta en una película mediocre, también en una profundamente triste. Para los aficionados del cómic. Para los seguidores de la revolución de superhéroes en cine que inició con Singer, llegó a su climax con Nolan, y podría enfrentar a un futuro incierto con esta cinta. Para los niños. ¿Qué culpa tienen los niños?

Los 4 Fantásticos es el Chernóbil de su generación: Aquel momento donde todo lo que debería funcionar no funciona, y con consecuencias letales. Si es verdad que cada error es también una lección, los directivos de Marvel deben prestar atención al desastre, y evitar que su ambicioso programa (que incluye a DeadpoolEl Hombre ArañaX-Men y una secuela de Los 4 Fantásticos, al menos, en teoría) no caiga en estudios capaces de producir el mismo terror. En ellos se confía, porque no hay nadie más.

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