A estas alturas, son ya muchas las personas que están lanzando pestes contra la Academia, asegurando que el Oscar a la Mejor Actriz tuvo que haber sido para Yalitza Aparicio, Sin embargo, si consideramos un poco como funciona la industria cinematográfica mexicana, quizá el ser nominada sin haber ganado fue lo mejor que le pudo haber pasado.

Nuestro cine viene arrastrando dos grandes vicios desde la Edad de Oro. El primero es que, cuando dan con un tema o una línea que resulta exitosa, la exprimen una y otra vez hasta inutilizarla completamente, descartándola hasta la aparición de la próxima «fórmula ganadora». El segundo, es el encasillar actores en papeles que les dieron la fama, no permitiéndoles moverse de ahí. Para Yalitza, era la perspectiva que se le esperaba de haber triunfado: Infinitas variantes del papel de sirvienta o empleada humilde en un ambiente clasemediero, mientras que se generarían cientos de cintas intimistas de época, basadas en viñetas y anécdotas de vida.

El ser nominada, le dio el suficiente nombre como para asegurarle una posición relativamente cómoda dentro del cine nacional, pues queramos o no, es un reclamo de taquilla. Pero por otro lado, al no ser «la ganadora del Oscar por Roma», no está tan sujeta al estereotipo que le esperaba, aunque es muy probable que se dé en mayor o menor medida. Al final, será su segunda película la que realmente defina su carrera, pues es donde demostrará que tan capacitada está para jugar con otros personajes. Al final, tendremos que esperar, y es un hecho que estos días serán la diferencia para ella, de ser una de las nuevas revelaciones del cine nacional, o ser «La actriz esta que trabajó en Roma».

Tagged: