Manuel Cruz

@cruzderivas

Antes de que Los Sopranos destapara las inquietudes existenciales detrás del oficio mafioso, el gángster era visto, ante todo, como una figura amenazante (hecho que también continúa en Los Sopranos) Desde James Cagney en los años 40 hasta El Padrino en los 70, la mafia podría verse como una cruza de amor familiar (hecho particularmente bien retratado en las adaptaciones de Francis Ford Coppola a la novela de Mario Puzzo) y crueldad despiadada. Está la masacre de Sonny Corleone (James Caan) en la carretera, y la muerte de Fredo (John Cazale) en El Padrino: Parte II. En la escena final de Scarface (Brian De Palma, 1983), Tony Montana (Al Pacino) se prepara para masacrar hordas de maleantes latinos con líneas de cocaína y un arma -irónicamente- pequeña. El inicio de Buenos Muchachos también es memorable, y la presencia de Robert De Niro por el resto de la cinta es quizás comparable a la de Johnny Depp en Pacto Criminal, a la vez crónica y retrato de James «Whitey» Bulger, uno de los mafiosos más temidos en la historia reciente de Estados Unidos.

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Johnny Depp interpreta a Whitey Bulger en Pacto Criminal

Pacto Criminal puede considerarse una cinta de aquella escuela: la historia de sujetos rudos, fuertes, sin aparente compasión, pero con un extraño respeto a sus orígenes humildes. Esto queda claro al inicio de la cinta, cuando Whitey reconoce a una anciana del barrio donde creció y la ayuda, entre bromas y recuerdos, a bajar sus compras. Poco después, conduce hacia el campo en el Sur de Boston y ejecuta a golpes a uno de sus asociados. Una vez más, Depp demuestra sus talentos de camaleón, pero detrás del extraordinario maquillaje por Marleen Alter y su equipo, reside una personalidad tan sorprendente como la trama de la cinta: su interpretación de Whitey incluye momentos de liderazgo y frases pertenecientes al género mafioso, pero quizás lo más interesante es verlo en la lucha por ocultar su debilidad, durante un extraordinario diálogo con su mujer (Dakota Johnsson). El lado más terrible de Whitey también podría ser el más humano.

Pero no toda la cinta se reduce a Depp (aunque su presencia no deja de subir la tensión en cada momento). La trama de Pacto Criminal, basada en eventos y personas reales (algunas todavía viven) es igual de notable. En ese aspecto, la cinta se asemeja a la excelente Escándalo Americano de David O. Russell (que, entre otras cosas, dio oportunidad a Christian Bale para demostrar su habilidad fuera de Batman, y con mucho éxito), presentando otra historia sobre la cuestionable intersección del crimen y la justicia. El representante de esta última es John Connolly (Joel Edgerton), amigo infantil de Whitey, recientemente transformado en agente del FBI, víctima de un conflicto interminable con la mafia italiana en otros sectores de la ciudad y el país. La premisa de «si no puedes vencer, únete», se vuelve peligrosamente real, cuando Whitey y Connolly se unen para vencer al enemigo común. El primero se convierte en «informante» de la mafia para la ley en su irónico objetivo de vencer a la mafia, y el segundo en un «defensor» de acciones progresivamente carentes de ética y crecientes en peligro.

El guión de Jezz ButherworthMark Mallouk sigue la extraña relación, pero también se enfoca en la creciente frialdad de Whitey, llegando a momentos de tensión y violencia, antes de desembocar en una conclusión relativamente trágica. La dirección de Scott Cooper conoce y respeta a su género, logrando un notable balance entre la violencia y el suspenso previamente anunciado, además de rodear a su protagonista con (como suele ocurrir en este tipo de cintas), un notable reparto, incluyendo a Kevin BaconPeter SarsgaardCorey StollJuno TempleJesse Plemons y el omnipresente Benedict Cumberbatch, haciendo enésima demostración del talento británico para la creación de acentos.

Pacto Criminal recupera los mejores elementos de las grandes cintas de gángsters, pero esto no le quita méritos. Más bien, la hace comparable en el futuro. Entre Los Sopranos y Breaking Bad, se ha hecho un esfuerzo por encontrar el lado humano, quizás inocente, de la villanía. Pero hay ciertas historias y personajes que no lo requieren, y el tenebroso recuerdo de Depp en su último disfraz se coloca entre ellos.

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