Palomitas de maiz, las eternas compañeras del cine

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Pocas cosas se relacionan más con la experiencia cinematográfica que las palomitas de maíz, al grado de que, actualmente, es difícil imaginar una sin la otra. Y de hecho, una ha acompañado a la otra desde el principio de su historia, aunque esta golosina tuvo una historia anterior a las salas fílmicas.

Si bien se sabe que esta forma de preparación era conocida en Mesoamérica desde antes de la llegada de los europeos, aunque los procedimientos de preparación del mismo impedía su uso de manera masiva. Fue hasta 1891, con la creación de la máquina para palomitas de Charles Cretor, que se pudo comenzar a usar en forma masiva.

Para los circos, esa fue una auténtica bendición, pues por su carácter nómada, requerían poder ofrecer golosinas fáciles de elaborar y no muy caras, por lo que pronto estaban presentes en todas las carpas. Eso también hizo que la gente asociara este alimento con el acto de ver un espectáculo.

Una vez que el cine adquirió su característica popular, el salto de estos tentempiés a las salas fue casi inmediato, y pronto se convirtieron en parte importante del mismo. Actualmente, para muchas personas es impensable ver una cinta sin contar con un vaso grande de las mismas.