La creatividad es uno de los misterios más grandes de la existencia. ¿Qué define a algo como bueno o malo? ¿Qué separa a un artista de una persona con impulsos, deseos, o imaginación? ¿Y a la expresión de lo comercial? ¿El contacto con el arte trata de una exploración infinita, o la reducción del todo a una situación concreta, una palabra, una letra?

En Pasión por las letras, hay a veces una clara oposición en varios de estos temas. En el lado de la creatividad en su estado más puro e incuestionable está Thomas Wolfe, brillantemente interpretado por Jude Law. En el lado de la edición literaria no sólo como un punto en la transición del oficio a la profesión, del desconocimiento a la gloria, pero también como un posible arte, está Max Perkins, brillantemente interpretado por Colin Firth. Laura Linney como la esposa del segundo y Nicole Kidman, en una actuación que recuerda a su excelente papel como Virginia Woolf en Las Horas, como la novia de Wolfe completan a un elenco que sufre y sobrevive a estas preguntas. En un primer aspecto, la cinta de Michael Grandage narra la historia real de Perkins, y cómo su influencia transformó a Wolfe de un escritor ambicioso a uno de los autores más importantes de su tiempo. Pero también es una exploración a ratos entretenida y a ratos casi trágica de la creatividad como una práctica: Las lagrimas, el sudor y – casi – la sangre que se invierte en pasar de una idea a un resultado, del deseo a lo concreto, de la vida imaginaria a la vida real.

La actuación de Nicole Kidman recuerda a su papel como Virginia Woolf en Las Horas
La actuación de Nicole Kidman recuerda a su papel como Virginia Woolf en Las Horas

Y en medio de todo, hay una especie de ironía con la cinta en si. Tras el primer encuentro entre Perkins y Wolfe, y la exitosa publicación de su primer libro, el extravagante escritor no tarda en preparar la siguiente obra: Todo Estados Unidos. El primer borrador es naturalmente gigantesco, y – vale la pena mencionarlo – en una época muy previa a Word, Google Docs, o el PDF. Perkins debe recortar, y Wolfe sufre en el camino. Qué es más relevante: ¿La metafórica, y profunda descripción de un personaje al enamorarse de una mujer que acaba de ver, o que la situación ocurre? En la ficción, esa es la gran lucha entre Wolfe y Perkins, y en la realidad, ese es un conflicto mayor con el guión de John Logan. Muchas veces, el tono es más poderoso que el evento. Un énfasis sin raíz ni consecuencia. Ello no convierte a la cinta en una experiencia mediocre, en gran medida por la excelente trayectoria profesional de su reparto, pero tampoco ayuda. No ayuda que Kidman, interpretando a la novia de Wolfe, sólo muestre su conflicto durante dos o tres escenas y haga algo muy impactante en la cuarta, algo que, para colaborar a la verosimilitud de la historia y la relación emocional con su personaje, debería afectarla. Pero no lo hace, no del todo. Porque sólo es emoción aislada.

Explorando la edición, Pasión por las letras se edita de más.
Explorando la edición, Pasión por las letras se edita de más.

Explorando la edición, Pasión por las letras se edita de más. Y se convierte en otra película histórica que atraerá interés al material de origen, pero pierde una relevancia propia (lo mismo no se puede decir de Las Horas, que, aunque es una ficción, cubre parte de la vida de Virginia Woolf). Las consecuencias de este recorte obsesivo están ligeramente amortiguadas por la adopción que los intérpretes hacen del material. Pero, al mismo tiempo, Perkins se pregunta si los editores mejoran los libros, o en realidad los deforman, reduciendo su esencia. La historia original de Perkins y Wolfe ejemplificará la primera situación, pero Pasión por las letras se acerca tristemente a la segunda.

Calificacion 7

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