Lo confieso, he tardado 17 años en ver El proyecto de la bruja de Blair. Al igual que ocurre con otros films de terror, supongo que el eco de los testimonios fueron más allá que la misma historia y, de pequeño, decidí no castigar a mis nervios con imágenes que mi subconsciente podría rescatar en sueños.

Sin embargo, es posible que, de haberla presenciado en mi inmadurez, no hubiera podido apreciar todos los matices que convierten esta obra en un ejemplo perfecto de sencillez y transgresión; sobre todo en el tratamiento del mal, invisible para le ojo humano. Su formato de grabación marcó una época y prueba de ello es que títulos posteriores, como las sagas de la española REC — llevada a Estados Unidos como Quarantine — y la serie fílmica de Paranormal Activity, emplearon la «grabación casera» como hilo conductor de las historias que querían contar en pantalla.

Este formato se presentó a través del recurso fílmico del «metraje encontrado», que era prácticamente novedoso en 1999. Puede parecer que los directores Daniel Myrick y Eduardo Sánchez fueron pioneros en el sector, pero lo cierto es que se inspiraron en Holocausto Caníbal — película dirigida por Ruggero Deodato en 1980. La promoción de la opera prima de ambos directores intentó ser tan agresiva como la de Deodato, ya que hicieron creer a todo el mundo que los protagonistas se habían perdido en la realidad. Para más inri, los tres actores usaban sus nombres auténticos, de manera que la polémica estaba servida.

Heather Donahue, Joshua Leonard y Michael Williams, los tres protagonistas, en uno de los carteles promocionales de la película.

Es precisamente esta cualidad la que hizo famosa a esta película, puesto que muchos creyeron en la veracidad de este relato. Ese factor de desconocimiento no habría funcionado en la actualidad debido a los continuos avances tecnológicos que experimentamos.

Si El proyecto de la bruja de Blair se hubiera lanzado en pleno 2016, la madre de Heather Donahue no habría recibido pésames continuos de multitud de personas porque todo el mundo podría ver sus actualizaciones en las redes sociales más populares.

Aparte de las posesiones de la bruja, uno de los grandes problemas que tuvieron los tres protagonistas es que perdieron el rastro del coche que utilizaron para llegar al bosque cercano a Burkittsville, Maryland, así que no podían volver a la civilización. Hoy en día no pasarían este tipo de cosas, ya que existen aparatos GPS instalados en muchos vehículos y serían fácilmente localizables a través de un smartphone. La duración de la batería del teléfono móvil no sería problema durante algún tiempo, ya que se comercializan dispositivos de almacenaje eléctrico para cualquier tipo de imprevistos.

Escena de "La Bruja de Blair"
Escena de «La leyenda de la bruja de Blair».

Por supuesto, no quiero olvidarme del maravilloso mundo de Internet, que permite encontrar casi cualquier cosa en cuestión de segundos. De esta manera, el trío habría tenido más acceso a la leyenda de la bruja y a un mapa de la zona cuando Michael tuvo la brillante idea de arrojar el plano al río.

Con este artículo no he pretendido realizar una defensa de la última revolución tecnológica, pues todo tiene sus pros y sus contras. No obstante, se debe reconocer que los avances en este campo nos facilitan mucho la vida, ya que para eso se crean. Lo que sí está claro es que el aura de tensión y naturalidad que desprende este título no se habría podido conseguir en la actualidad y esta idea hace pensar en lo mucho que ha cambiado la vida en tan solo 17 años.

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