No cabe duda de que «High Rise» es una de las películas más esperadas de este año. ¿Por qué? Primero, por tratarse de la adaptación de una de «Rascacielos» («High Rise»), una de las novelas más fascinantes de J.G. Ballard. Segundo, porque el autor ha sido llevado al cine en otras películas geniales como «El imperio del Sol» («Empire of the Sun»), de Steven Spielberg o «Crash», David Cronenberg. Tercero, porque su director y guionista (junto a Amy Jump) es Ben Wheatley. Y cuarto, por su espectacular reparto encabezado por: Tom Hiddleston, Sienna Miller, Jeremy Irons y Luke Evans.

Al primero de ellos lo vemos en la siguiente imagen, la primera del film.

Primera imagen de "High Rise"
Primera imagen de «High Rise»

La novela cuenta la siguiente historia:

En un Londres ficticio ambientado en el futuro, se construye un edificio de 40 pisos de alto con 1000 apartamentos, piscina, supermercado, colegio y todo tipo de lujos. La construcción parece cumplir con todas las comodidades de la vida moderna, sus inquilinos están contentos con sus respectivas propiedades, pero de lo que no se percatan es que con tantas facilidades se aislarán del mundo exterior e involuntariamente crearán su propia sociedad. La vida en las alturas pronto empieza a no ser tan perfecta como lo esperado, cuando comienzan a producirse diversos apagones eléctricos, los cuales originan una violenta pelea entre vecinos. La comunidad del edificio acaba dividiendose en tres grupos, los habitantes de las plantas bajas, medias y altas, siendo estos últimos los que tienen los apartamentos más lujosos.

Cada grupo se niega a dejar a los otros pasar a sus dominios, por lo que las plantas de abajo se quedan sin los lujosos servicios de las plantas superiores y como es de esperar, las trifulcas aumentan, quedando a un lado los buenos modales y surguiendo los instintos más primitivos. Los inquilinos obsesionados, se aíslan totalmente, permaneciendo en todo momento en el edificio, dejando incluso sus respectivos trabajos y abandonando a sus familias. A pesar de que pasan hambre, que prima la violencia y la inmoralidad por encima de todo, y la situación no puede empeorar más, nadie llama a la policía. Ya no se trata de vivir en el edificio, si no de sobrevivir.

 

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