Hay una máxima en ingeniería que dice «Si algo funciona, no lo toques».  Si eso lo aplicamos al exitoso taquillazo Red, no puede salir otra cosa que Red 2.  Repitiendo los hermanos Hoeber con los mismos esquemas en los que se basa la novela gráfica de igual nombre obra de Ellis y Hammer, Red extrae una serie de lecciones aprendidas y prolonga la historia casi al punto en que quedara en la primera entrega.

Decimos que hace buen uso de las lecciones aprendidas porque si algo disfrutaron los espectadores de Red, no fue el hierático Bruce Willis imbuido en el papel que últimamente se le da tan bien, el de héroe de acción caduco (recordemos Looper) que suple con ingenio y experiencia su decadente físico. Tampoco fue el papel de Morgan Freeman, que por razones de guión de Red, no podía repetir en esta nueva entrega. La gente quería densidad en el papel de John Malkovich, y John Malkovich es precisamente el que recoge el guante de mantener el temple de la primera película.

Más de espías, y menos de acción, Red 2 se revela como un subproducto típico de Hollywood que busca explotar el filón que dejara la primera Red repitiendo esquema, y en la medida de lo posible, protagonistas. Y sin embargo, ahí precisamente está su talón de aquiles. Para los que no hubieran disfrutado en su día con la recomendable novela gráfica, Red es una sucesión de sorpresas y guiños al tradicional cine de espías, pero con la segunda entrega, se nivelan las fuerzas, y el espectador, ya no tan sucesivamente encumbrado en su butaca por una sorpresa tras otra, tiene la oportunidad de ver el juego que despliegan ante sí los actores y estos, salvo el genial Malkovich y la nueva vuelta de tuerca en su faceta que le da Hopkins, resultan personajes planos. Si en Red, Helen Mirren se desvelaba como una elegante agente británica, en esta entrega, se encuentra en el centro de demasiadas escenas de acción, con lo que su interpretación no es tan brillante como nos tiene acostumbrados. Lo mismo podríamos decir del ex-agente soviético encarnado por Brian Cox, cuyas apariciones apenas pueden tildarse de cameo.

Así pues, son Malkovich y Hopkins, éste en un papel más secundario, los encargados de escoltar a Willis, que dicho sea de paso, ya comienza a aburrir con su plano registro.

Sin embargo, estos dos monstruos de los escenarios y la interpretación, se las bastan para, entre los dos, para llevar la pelícua a buen puerto a pesar del argumento, tal vez demasiado simple que les llevará de un escenario de Europa a otro, siempre con plomo pasándoles por encima de las cabezas. Por cierto… por la pantalla aparece una desmejoradísima Catherine Z Jones que interpretativamente necesita recuperar bastante para acercarse a aquella actriz que sorprendiera gratamente a finales de los noventa y principios del presente siglo.

Aquel que disfrutara con Red, probablemente lo hará con Red 2 si consigue aislarse de sus espectativas. Como decía el encabezado de este artículo, no econtrará sorpresas.

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