Las películas de la cineasta argentina Lucrecia Martel suenan de forma diferente al resto, como podremos comprobar próximamente con su nueva producción, ‘Zama’. La directora tiene una manera propia de hacer cine, y la ha explicado recientemente en un seminario en la Escuela de Cinematografía y Audiovisual de Madrid.

«Quiero dar a los estudiantes de cine una alternativa a lo que suele enseñarse sobre la construcción de películas: pensar con una matriz menos visual y más sonora, que permite escribir, dirigir a los actores y tomar decisiones de otra manera. No enseño para que otros hagan lo mismo que yo, sino para que vean lo necesario que es inventarse una manera alternativa de pensar. Ser director de cine es inventar recursos para ver el mundo, más que inventar formas de hacer una película.

«Yo uso la oralidad y el sonido como una matriz de pensamiento que me permite observar ciertas cosas del mundo, escribir, filmar la imagen y, por supuesto, plasmar el sonido de una manera particular, porque ha estado presente en todo el proceso. No tengo un pensamiento muy claro sobre los encuadres o la puesta en escena, pero sí sé que llegué a ellos por una concepción sonora. La imagen se desprende de un concepto sonoro.

«Con Guido Berenblum [editor de sonido en todas sus películas] queríamos que el sonido se alejase de los preconceptos que definen una película de época, y que están muy relacionados con las ideas que tenemos sobre la naturaleza, como oposición a la cultura. Es muy curioso cómo hemos construido ese concepto de naturaleza los humanos. ¿Por qué pensamos que las ciudades son opuestas a la naturaleza? ¿Un hormiguero es menos natural que las hormigas? Hago muchos ejercicios para escapar a estas tonterías. El olor a petróleo en una autopista, ¿no es olor a fósil, no es natural? Abracemos al plástico como si fuera una orquídea. Hicimos una colección de sonidos de chicharras, pájaros e insectos que existen en la región donde filmamos, pero que uno asocia a sonidos electrónicos, no a sonidos de la naturaleza. Esa ambigüedad es una fuente de desasosiego fundamental para que nuestra percepción se renueve.

«Escribía diálogos que no sabía exactamente cómo iban a sonar. Al abordar el sonido, el habla, el mundo de los diálogos, entra en una zona rara. Son sonidos que tienen sentido y construyen el sentido. Parece que pertenezcan al guion y no a la banda sonora. Pero cuando escribes los diálogos es como si escribieras una partitura musical, con la que además debes construir frases con sentido. Los actores son como instrumentos de música. Además de su cara y sus movimientos, está el sonido que tiene esa persona, algo que tú debes aprender a ‘tocar’ de la manera que te interesa.

«Muchas veces me da la sensación de que hacemos cine basándonos en películas que hemos visto, y despreciamos lo que nos rodea, como si en el mundo no hubiera otras estructuras narrativas que observar«.

Fuente: Cinemanía

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