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Manuel Cruz

@cruzderivas

“Bienvenido al Gran Hotel Balafest”

Este sería un subtítulo adecuado para Sin Escape, una cinta que transcurre parcialmente en un hotel asiático, tiene una considerable cantidad de plomo, y presenta a Owen Wilson en una situación donde se despide por completo de su gran colega, Wes Anderson.

Sin Escape es una cinta similar a la reciente carrera de Liam Neeson en Taken o Non-Stop (ejemplos que lo justifican como un buen candidato para el siguiente James Bond), pero con suficiente originalidad para no ser una copia de las mismas. Es una historia de desastre humano, donde la paranoia estadounidense por el creciente control asiático se vuelve real, aunque a veces de formas poco creíbles. Wilson, interpretando a Jack Dwyer, comienza su nueva aventura dramática con una actitud muy similar a previos ejemplos de su carrera: Orgulloso portador de un acento texano y un cabello aparentemente imposible de despeinar, viaja con su familia, compuesta de Annie (Lake Bell), Lucy (Sterling Jerins) y Beeze (Claire Geare) hacia Asia, donde ayudará a desvelar una válvula capaz de potabilizar el agua para toda la población, no sin antes conocer a Hammond (Pierce Brosnan) un carismático irlandés que, en otra vida, podría haber interpretado a un popular agente secreto.

Pero Sin Escape es lo más alejado posible a un panfleto sobre los beneficios de la cultura estadounidense en tierras extranjeras, y la cinta de Hermanos Dowdle comienza a mostrar evidencia de sospechas desde su inicio: El hotel donde Jack aloja a su familia está incomunicado del resto del mundo, y las únicas noticias internacionales existen en un pequeño puesto de periódicos, que termina por otorgarle una edición de hace tres días. Es en ese momento donde Jack se ve atrapado en una revuelta civil, que termina por superar a la policía nacional y, tras evidenciar un golpe de estado, inaugura una masacre hacia los extranjeros en el país.

La justificación de esta furia aparece más adelante en la cinta, y el argumento que lo sostiene es bastante astuto (de manera comparable a las justificaciones detrás de las primeras tres temporadas de Homeland) Pero por ahora, Jack debe sacar a su familia del caos, y la persecución comienza. Mientras que en Taken, Liam Neeson interpreta a un ex-agente de la CÍA con “habilidades especiales” que le permiten asesinar a decenas de maleantes con un surtido prácticamente ilimitado de balas, Wilson es igual de inocente e humano que en el resto de su carrera, una ventaja para los Hermanos Dowdle y él mismo.

Owen Wilson enfrenta a un personaje más dramático en Sin Escape
Owen Wilson enfrenta a un personaje más dramático en Sin Escape

Sin Escape tiene una buena porción de secuencias de persecución, disparos y alta tensión (especialmente cuando Wilson utiliza a sus dos hijas para recrear una muy perversa versión de Angry Birds), acompañados de una cámara ocasionalmente lenta, ocasionalmente frenética, música y un diseño sonoro que colabora sin sentirse exagerado. Pero la preocupación central de la cinta es mostrar la humanidad de sus personajes en medio del ataque de los asiáticos vivientes, y el guión provee suficientemente ritmo para lograr tal objetivo con credibilidad. Incluso Brosnan, que parece re-encontrar al personaje más popular de su carrera en un par de secuencias (y casi deja en el olvido a su interpretación en Mamma Mía), sigue siendo humano. En el mundo de la cinta, todos son sobrevivientes.

Lo cual conduce a una de las preguntas más grandes alrededor de Sin Escape: ¿Cómo es Owen Wilson interpretando a un personaje más dramático? La respuesta es ligeramente ambigua: Si bien la respiración excesiva de Jack informando a su esposa del peligro que los rodea tras encontrarse con el primer grupo de maleantes es palpable, la dirección de los Dowdle le ayuda, y el resto de la tensión se reparte mejor entre Annie, en una escena particularmente bien lograda que involucra dolorosos segundos de silencio, y sus dos hijas, que llegan a participar en una escena genuinamente perversa, más adelante en la cinta.

Pero al final, una buena película no es más que la suma de todas sus partes, y Sin Escape cumple con ello: Es una gran cinta de acción que encuentra su propia identidad para resaltar entre la competencia. Habiendo dicho eso, Owen Wilson queda muy lejos de ser el siguiente Bond. A menos que sea en una versión stop-motion dirigida por Wes Anderson.

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