A 5 años de su muerte, Steve Jobs está más vivo que nunca. Mientras que una generación podría estar descubriendo al responsable de su primer iPhone, otra, que ya lo tenía ubicado, se sumerge en el misterio de su personalidad. ¿Quién era Steve Jobs? Apple, ahora comandada por Tim Cook, ofrece una respuesta distinta a la biografía autorizada de Walter Isaacson, a su vez separada del excelente Becoming Steve Jobs de Brent Schlender. La película Los Piratas de Silicon Valley no es lo mismo que jOBS, protagonizada por Ashton Kutcher, o el documental Steve Jobs: The Man In The Machine, de Alex Gibney. Y ahora llega Steve Jobs, la visión del guionista Aaron Sorkin (quien lleva experiencia en la narrativa de Silicon Valley con su guión de La Red Social, sobre la historia de Facebook) y Danny Boyle, célebre director de TrainspottingQuisiera Ser Millonario y 127 Horas, entre otras. La cinta llega tras cambios de estudio y talento, es sobreviviente de un ataque cibernético, y ha pasado por elogios y críticas de los sobrevivientes que adapta a su mundo ficticio. Steve Jobs es una más. ¿Pero qué dice?

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Noah Wyle como Steve Jobs en Pirates of Silicon Valley
Ashton Kutcher como Steve Jobs en Jobs
Ashton Kutcher como Steve Jobs en Jobs

Las biopics, es decir, cintas basadas alrededor de personajes o eventos reales, pueden ser un ejercicio de doble filo. De entrada, cualquier vida humana es más larga y potencialmente compleja que el espacio común de 2 horas en una película. Distribuir y priorizar eventos se vuelve necesario. Al mismo tiempo, dar por hecho que la audiencia tiene conocimiento previo (en el mundo real) de lo que va a ver es una especie de trampa. Las películas deben ser experiencias narrativas únicas, con reglas y limites propios a cada historia. La estructura más tradicional (utilizada, por ejemplo, en La Dama de Hierro, biografía sobre Margaret Thatcher, magníficamente interpretada por Meryl Streep) intenta recorrer el nacimiento hasta la muerte del personaje, enfatizando situaciones – a juicio del guionista – importantes. Sin embargo, la acumulación de tantos eventos en un tiempo relativamente corto podría afectar la profundidad o el desarrollo del personaje en cuestión (como ocurre con la cinta anteriormente mencionada) Podría resultar inverosímil y apresurado.

La cinta Jobs podría ser victima del problema anteriormente descrito

En un intento por alejarse de aquel camino, Sorkin ha terminado en un lugar irónico. Steve Jobs narra tres eventos en la vida de su protagonista: La introducción de la primera Macintoshla introducción de la – debatiblemente, poco conocida – computadora NeXT, y la introducción de la primera iMac. Estos eventos, al igual que decenas más, están disponibles en internet para el acceso público, y ello contribuye a la sorpresa de que, a un nivel estético, con un presupuesto de 30 millones de dólares y meses de preparación, Boyle y Gretchen Davis (responsable en jefe del departamento de maquillaje) no aciertan en la apariencia de su protagonista. Durante los “tres actos” de la cinta, las imprecisiones estéticas abundan, encima de mentiras como la inexistencia de un sistema operativo para la computadora NeXT, o la invención del iPod (y su frase publicitaria) como un acto de espontaneidad por parte de Jobs para complacer a su hija. Un vistazo a los libros de Isaacson y Schlender lo confirman.

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El Steve Jobs de Michael Fassbender en 1985 está muy alejado, estéticamente, del personaje real. Por contraste, Rogen es más parecido a Wozniak
Steve Jobs con la primera Mac
Steve Jobs con la primera Mac

Pero Steve Jobs es un trabajo de ficción, y Sorkin y Boyle están fundamentalmente interesados en lo que ocurre tras bambalinas. Sorkin establece la convención de que, antes de presentar un nuevo producto, Jobs es visitado por un pequeño ensamble de personajes secundarios que han tenido impacto – le guste o no – en su vida. Steve Wozniak (Seth Rogen), el humilde y gracioso co-fundador de Apple, en una cruzada eterna por conseguir que su amigo reconozca a los trabajadores detrás del producto, especialmente el Apple II, que dio fama inicial a la compañía. John Sculley (Jeff Daniels) aparece de manera (para algunos) misteriosa: más allá de ser Presidente de Apple, es una figura paterna para Jobs, intentando formar una relación con él, pese a haberlo echado de Apple durante los años 80. La relevancia cae sin duda en Joanna Hoffman (Kate Winslet) y Lisa Brennan (Makenzie MossRipley Sobo y Perla Haney-Jardine, en orden de aparición). La primera, responsable de marketing para Apple y NeXT, actúa como una guía moral para Jobs, quien amenaza e insulta a otros colegas, pero mantiene una línea de sarcasmo veloz, característico de los guiones de Sorkin, con ella. Lisa Brennan, su hija, es a la vez el secreto más doloroso de Jobs y su oportunidad de crecimiento humano. Este es el enfoque particular de Sorkin: la transformación de un sujeto arrogante a personalidad entrañable.

Gran parte de la cinta se enfoca en la relación de Jobs con su hija, Lisa Brennan
Gran parte de la cinta se enfoca en la relación de Jobs con su hija, Lisa Brennan

¿Funciona entonces? La cinta empieza tan rápido como la última iMac: danzando entre un coro de diálogos en conflicto donde la voz de Jobs siempre toma prioridad, y enfatiza el conflicto entre vidas profesionales y personales: Jobs amenaza a uno de sus colegas so pena de que cometa un error, maldice su tratamiento público enfrente de Joanna, permite que Chrissan (Katherine Waterston), la madre de Lisa, se desmorone frente a él y sólo admite la presencia de su hija (aunque no la reconoce como tal) cuando ella empieza a jugar con la Mac, demostrando la absoluta genialidad – según Jobs – de su producto. La dirección de Boyle no se queda atrás: la cámara de Alwin H. Küchler persigue a sus personajes y define la época utilizando diferentes tipos de película al año correspondiente, la edición de Elliot Graham deja suficiente tiempo para concentrarse antes de salir disparada hacia otro lado, la música de Daniel Pemberton mantiene su presencia sin resultar abrumadora, y cuando todo parece llegar a un climax… inicia otra época.

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Steve Jobs cubre tres periodos significativos en la vida profesional de su protagonista, utilizando una estética particular en cada uno

Como han dicho algunosSteve Jobs tiene energía. Pero esa misma energía la detiene de lo que, siendo un biopic, podría ser su objetivo principal: La comprensión del protagonista. La imprecisión histórica de Jobs según Sorkin y Boyle no es problema de cara a la inverosímil transformación que este sufre como personaje dramático, consecuencia – irónicamente – de la estructura anti-género planteada por Sorkin. Lo más frustraste es que la cinta tiene elementos para jugar: Descifrar por qué un “genio” a los ojos del público es cruel e indiferente en la intimidad, incluso con lo más cercano a su propia sangre, constituye una premisa compleja. Por lo mismo, la solución de esta no es necesariamente trivial. Necesita respirar, necesita tiempo. Y con dos horas de duración, que vuelan con la energía narrativa de la cinta, partiendo de que, en cada secuencia, Jobs está apurado por introducir un nuevo producto, no hay tiempo, no para Jobs, mucho menos para la audiencia. El resultado es una narrativa donde, durante los primeros 90 minutos, el protagonista es un bruto sin explicación, víctima de delirios de grandeza, enfrentándose siempre a los mismos colegas y rivales en discursos grandilocuentes que, en el fondo, son berrinches. Este Jobs es el Don Corleone de Los Geeks, una plataforma para que el diálogo de Sorkin mantenga una intensidad dramática (gracias a las actuaciones de su versátil elenco) pese a carecer de un significado profundo, ante una historia que presenta la ecuación: maloX2=bueno, sin tiempo para creerla.

La historia de Apple está ocasionalmente marcada por la paciencia: El Nuevo Apple TV existía como deseo público desde hace años, por ejemplo. Muchas veces, la espera se ha justificado con la presencia de un producto coherente: una integración entre hardware y software que ha definido a la empresa por décadas. Steve Jobs tuvo el tiempo y el dinero para llegar a esa coherencia, pero se queda a la mitad. Es un notable espectáculo visual, como se puede esperar de Boyle. Es un frenesí de diálogo, característico de Sorkin. Pero debajo de aquellos envoltorios, por más sofisticados que parezcan, no hay nada. La falta de veracidad en relación al Jobs real ya se ha narrado, pero como película, a un nivel de desarrollo dramático, Steve Jobs intenta digerir mucho en muy poco tiempo. Su estructura funciona en contra de la premisa original. Su velocidad elimina la verosimilitud de los temas que intenta tratar, a cambio de algo que, sin sustancia, no vale mucho la pena. Steve Jobs podrá ser, en apariencia, el siguiente iPhone. Pero dentro de él, no hay más que Windows.

Manuel Cruz

@cruzderivas

 

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