Comenzaba el tercer día de festival en Sitges con la proyección de la película Mindscape, primer largometraje de Jorge Dorado, un director fogueado a la sombra de la Almodóvar, que tras una serie de incursiones por el mundo del cortometraje, se atreve con la primera realización contando para ello con un más que aceptable presupuesto, y con figuras de la talla de Brian Cox y Mark Strong. En ella,  Anna, la mente de una joven adolescentes con problemas, es estudiada por John, que tiene la habilidad para acceder a los recuerdos de los demás. Un Thriller que roza lo sobrenatural pero que se queda en una correcta película cuyo mayor atractivo es la capacidad que tiene para sostener la tensión a lo largo de la película y que gracias a las actuaciones del buen plantel consigue un desarrollo muy plástico que el público agradecerá. No obstante, carece de un final coherente con el resto de la historia y en su afán de ser abierto, peca de confuso.

 

Continuaba la selección para este festival de la mano de cine3.com con la vuelta a la gran pantalla de la ya archifamosa pareja de actores Simon Pegg y Nick Frost, que repiten el esquema que ya viéramos en Shaun of the Dead y Hot Fuzz, de nuevo a las órdenes de Edgar Wright para dar lugar a The World’s End comedia sobrenatural británica que se apunta a la ola de un apocalipsis hilarante, que ya viéramos en This is the End recientemente. En esta ocasión, la historia versará sobre una inconclusa fiesta adolescente que varios años después lleva a sus protagonistas al único bar que les faltaba por visitar. Edgar Wright, hace un ejercicio para ese público que en plena crisis de madurez, se dejará llevar por un argumento tan loco como revitalizante y que bajo las excelentes actuaciones de Pegg y Frost, en esta ocasión muy bien escoltados por Paddy Considine. Una película, que tras el telón de una comedia ligera, esconde interesantes reflexiones sobre muchos aspectos de la vida, y es que The World’s End es una película sobre todo llena de vitalidad en la que el espectador podrá detectar numerosas referencias al cine fantástico, como por ejemplo las excelentes escenas inspiradas en La Invasión de los Ultracuerpos.

Con el Star System reprensentado de la mano de la hermosa Halle Berry, The Call, del director norteamericano Brad Anderson, nos presentaba una historia de una operadora de emergencias, encarnada por la chica bond, que se ve implicada en el secuestro de una joven. Recuperando esencias del cine de los 90, The Call introduce en la piel de la susodicha operadora al espectador, que en todo momento se siente implicado en la típica lucha entre el bien y el mal. Brad Anderson, un asiduo del festival, dirige con calidad una cienta llena de suspense y tensión que despega rápido y mantiene un buen tono a lo largo del metraje. A pesar de sus muchos tópicos, la película se desenvuelve con soltura y con momentos realmente memorables en los que la impotencia de la operadora ante la ineficacia policial, subyugará al espectador hasta conseguir un climax y un final que, sin romper elementos del los clásicos del suspense, pudo sorprender a una buena parte del respetable.

Pero si por algo se caracteriza el cine en Sitges, es por el cine de zombies. Este subgénero de culto, no podía faltar en nuestra selección, esta vez de la mano de los hermanos Ford. Profundizando en la temática que hicieron de The Dead en 2010, una de las películas más angustiosas de cuantas se hayan rodado sobre el apocalipsis de no muertos, The Dead 2, nos transporta a la India, uno de los países más poblados de la tierra y por ende, muy apetecible para el argumento ya tan consabido de las voraces criaturas. Repitiendo esquema sobre The Dead, la película no sorprende ni tan siquiera en sus escenarios, demasiado parecidos a los de la sabana africana donde se desarrollaba la primera. De hecho, la repitición de los esquemas es una constante, y nos encontraremos la historia de amistad dentro de la cinta, las huídas por pistas de tierra en vehículos que claramente necesitan una mano de pintura, y sobre todo, la constante presencia de unos zombies, que si bien son los más lentos de todos los que se puedan ver hoy en día, vencen a través de la persistencia. Para aderezar el argumento, cabe destacar también, una historia de amor paralela que a priori puede parecer supérflua, pero que, a pesar del exceso de metraje que introduce, actúa como motor de la película.

 

De nuevo entregados a la ficción, llegaba el turno del remake de Patrick, ese clásico de culto de la serie B que dirigiera Richard Franklin en 1978. Nos encontramos con un calco en la historia del original, el psicópata comatoso y con poderes telequinéticos que intenta seducir a una bella enfermera que entra a trabajar en el hospital donde su cuerpo del asesino se va deteriorando inexorablemente. Dirigida por Mark Hartley, un especialista en el mundo del documental, la película no pasa de ser uno de tantos remakes que se hacen hoy en día. Hartley cuenta para la cinta con caras conocidas como Charles Dance (Tywin Lannister en la serie Game of Thrones) a pesar de ser correctas en sus actuaciones, pecan de algo de conducción, lo que da lugar a una película que sin llegar a considerarse como fallida, no llega a capturar la esencia de la primera y se pierde en intentos de levantar un desarrollo propio que nunca llega a darse.

Finalmente, la francesa Chimeres, del francés Olivier Beguin, se presentaba como una película de vampiros que mezcla elementos clásicos del género, como la visita a Transilvania, con un desarrollo del vampirismo algo novedoso a la par de familiar para el espectador. Marcada por la brillante actuación de Jasna Kohoutova, Chimeres marca el buen estado de forma del que goza el fantástico francés, lastado durante muchos años por su pobre aportación, pero que parece estar reviviendo tras años de Latencia; todo ello a pesar del escaso presupuesto que marca el desarrollo de la película que es correcta y noble en el sentido de que no engaña en ningún momento la esencia de lo que el espectador puede esperar de ella.

 

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