Manuel Cruz

@cruzderivas

Terremoto: La Falla de San Andrés (abreviado como La Falla de San Andrés) es un estereotipo a medio cocinar. Gran parte de su premisa recuerda a El Día después de Mañana, que llevó la controversial realidad del cambio climático a niveles catastróficos. Pero la cinta de Roland Emmerich es relativamente memorable gracias a su tema: es altamente improbable que Nueva York se congele de un día para el otro, y Los Ángeles sea arrasado por 3 tornados, pero el calentamiento del planeta es real, y la cinta intenta generar un cambio de conciencia al respecto. El documental Una Verdad Inconveniente apareció dos años después de su estreno, y el nivel de investigación que contiene puede ser, para algunos, mas horrible que un desastre inventado.

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Dwayne Johnson, protagonista en La Falla de San Andrés

La Falla de San Andrés no aspira a semejante meta, en parte porque su conflicto no involucra a la acción humana. Ray (Dwayne Johnson) es un rescatista y padre de familia atormentado cuya vida se vuelve peor cuando la Falla de San Andrés, una placa tectónica que cubre todo el estado de California, comienza a moverse, destruyendo ciudades en su camino. Es un evento inaudito que supera a todos los terremotos de la historia, y que podría haberse evitado si la sociedad prestará mayor atención a sus sismólogos. Esa es la opinión de Lawrence Hayes (Paul Giamatti), un especialista en el tema cuyo día de gloria llega mientras la mitad de Estados Unidos colapsa entre oscilaciones, tsunamis, y caos social. Aunque a él no le pasará nada, refugiado en las instalaciones de Cal Tech junto a sus alumnos que observan los enormes datos sísmicos con una mezcla de horror y admiración. Mientras tanto, Blake (Alexandra Daddario), la joven hija de Ray, queda atrapada en medio de la catástrofe, después de conocer a Ben (Hugo Johnstone) y Ollie (Art Parkinson), un par de turistas que la siguen en busca del rescate. ¿El rescate de quién? De Ray, que cede su deber público a un grupo de agentes que no aparecen hasta el final de la cinta para enfocarse en la búsqueda de su hija, casualmente acompañado de su casi ex-mujer, Emma (Carla Gugino)

En La Falla de San Andrés, los académicos son un grupo de suertudos con probables destellos de psicosis, el helicóptero (y demás vehículos) al comando de Ray resultan prácticamente indestructibles aunque la ciudad a su alrededor se desmorone en segundos, y la mejor forma de sobrevivir es junto a unos británicos con una guía turística, que podría confundir a La Falla de San Andrés con una visita de El Hobbit a San Francisco. Pero como cualquier temblor, hay momentos de ausencia. Y la cinta los aprovecha con generosidad para transformarse en una floja historia de amor y recuperación familiar: una vez que los edificios dejan de caer, Ray se despreocupa por recuperar a su hija y aprovecha el tiempo libre para hablar con Emma sobre los errores y esperanzas de su relación. Aunque el consumo de marihuana ya sea legal en California, ni el churro más grande del mundo podría otorgar credibilidad a la repentina calma de ambos protagonistas en medio del Apocalipsis. Sin embargo, la audiencia lo debe sufrir: Quizás Ray pudo ser un mejor padre, Emma siente que nunca lo ha dejado de amar, siempre estarán juntos de una forma u otra, y… ¡Oh, no! ¡Viene otra réplica! ¡Estamos en una película de desastre, hay que salvar al mundo!

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La Falla de San Andrés podría ser la primera película con temblores explosivos

Esta rara mezcla de perspectivas también se expande hacia el cuestionable sismo. Es verdad que los temblores causan un daño enorme, ¿pero qué temblor hace reventar en llamas a 15 edificios? ¿Qué temblor corta un rascacielos por la mitad? ¿Qué temblor arroja a un personaje en caída libre y, tras 20 metros de derrumbe, no sólo lo deja con vida, también con los 3 raspones que tenía en la escena anterior?  La falla de San Andrés podrá comparar su nombre con la ubicación geográfica, pero la razón de su existencia se siente más como un Godzilla invisible e omnipresente que un fenómeno natural. Y ello resume las peculiaridades de su existencia: es una cinta llena de estereotipos que jamás tienen coherencia. Y los estereotipos sin coherencia son, al menos en este caso, sinónimo del aburrimiento.

¿Existe una película de acción frenética pero bien desarrollada? ¿Una alternativa al desastre fílmico de La Falla de San Andrés?

Afortunadamente, Mad Max: Furia en el Camino sigue en cartelera.

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