Cuarto día de Sitges 2014

Comenzaba el día con ’71, de Yann Demange, que ofrece un novedoso punto de vista sobre el que parecía ya agotado conflicto de Irlanda del Norte. Un soldado novato es desplegado en el Belfast más violento de principio de los años setenta, viéndose aislado de su pelotón a consecuencia de unos disturbios. Demange propone una óptica diferente de abordar el enconamiento social de aquella delicada época en clave de supervivencia. La laberíntica experiencia que aporta la película resulta en un desasosegante relato que deviene en claustrofóbico por momentos. Es de destacar el montaje y sobre todo la ecualización del film, que consigue que el espectador se vea atrapado también a la par que el soldado, en un desorientador fuego cruzado de intereses. Buena película que puede catapultar a su director, proveniente del mundo televisivo a la realización de largometrajes.

Voices, suponía la vuelta a la realización de Marjane Strapi. La directora de Persepolis se pone a los mandos de un elenco de altura encabezado por Ryan Reynolds, soberbio en la interpretación de un esquizofrénico cuya locura deriva en una espiral de asesinatos. Sin embargo, Strapi consigue que el espectador sienta ternura por el niño grande encerrado en el cuerpo del protagonista, lo cual consigue merced al registro que Reynolds aporta a la película y a los elementos humorísticos que inserta. Una película que en todo momento parece que fuera a arrancar con inocencia, que pero que en ningún momento termina de girar hacia un lado amable y que somete al respetable a una marejada emocional que culmina en un genial y desenfadado número musical con el que se visten sus créditos de cierre.

The Voices / Marjane Strapi
The Voices / Marjane Strapi

Muy esperada resultaba Réalité, la nueva cinta de un clásico del festival como es Quentin Dupieux. El director de origen francés afincado en Estados Unidos, construye un universo onírico donde se funden realidades alternativas que enlazan unas con otras, sometiendo al espectador a una suerte de vaivenes intelectuales que logra hacerle dudar del argumento real de la película. Lo que no debiera ser una novedad en el cine de Dupieux, vuelve a soprender con su onirismo extremo y sus diálogos surrealistas. Con un argumento que parte de la búsqueda de un grito perfecto para una película de ciencia ficción, el protagonista, interpretado por Alain Chabat, funde en un riquísimo personaje una síntesis espectacular de los anhelos que los cinéfilos sienten hacia el séptimo arte. Dupieux no deja indiferente a nadie con su cine, y esta cinta podrá gustar más o menos, pero sería justo reconocer que la película es exactamente lo que se propone con una factura técnica magnífica, lo cual es exactamente lo que se espera de un buen ralizador.

Réalité / Quentin Dupieux
Réalité / Quentin Dupieux

Seguía en la parrilla de cine3.com la vietnamita 2030, de Minh Nguyen-Vo, una fábula ecologista narrada con el particular ritmo propio del cine asiático donde se nos narra la lucha en un futuro distópico de una mujer para resolver la muerte de su marido con el transfondo del cambio climático y la subida de las aguas a nivel global. Cataloga de forma desafortunada como el «Waterworld» vietnamita, la película mantiene la distancia con el espectador en una serie de flashbacks que irán desvelando progresivamente las razones del asesinato así como la historia que rodea a la mujer. Nguyen-Vo marca los tiempos de una película que se regocija en las extensiones marinas casi ilimitada, haciendo del océano un personaje más que asiste impávido a la tragedia. Película curiosa que quizás excede un poco lo que podría ser el metraje adecuado, asunto muy del gusto del director que firmara allá por 2004 Buffalo Boy con la que cosechó numerosos premios y reconocimientos en festivales de cine independiente.

Starred Up / David Mackenzie
Starred Up / David Mackenzie

A continuación, Starred Up, de David Mackenzie (director de The Perfect Sense), presentaba un drama carcelario desnudo y cruel que pivota en torno a la portentosa actuación de Jack O’Connell, que por cierto, repetía protagonismo en la primera cinta del día, ’71. En esta película, da vida a un joven ultraviolento que es trasladado desde un reformatorio a una cárcel para adultos. La lucha por la supervivencia resulta la línea argumental de una película donde la rehabilitación del protagonista se torna un objetivo en sí misma y se muestra el lado más oscuro de las cárceles británicas en un relato que resulta a la vez descarnado y claustrofóbico como descarnada y claustrofóbica es la realidad. Una cinta magnífica que sostiene ingrávida la mente del espectador, ajena a su entorno, para enfocarse de pleno en las relaciones humanas que pese a todo toman cuerpo. Una historia donde la amistad, el odio y el perdón tienen un poso tras la violencia extrema de las condiciones de vida que presenta.

Pero el festival de Sitges se caracteriza por el cine de terror. Hasta el momento habíamos tenido la ocasión de ver magníficas películas en esta, la mejor edición de los últimos años. Sin embargo, al aficionado le faltaba por encontrar esa cinta de terror que busca siempre en estas sesiones. La ocasión fue precisamente «The Canal», un film irlandés dirigido por Ivan Kavanagh que contiene todos los elementos esperables. Resultante de una agregación de subgéneros, la cinta presenta elementos del cine de fantasmas, casas encantadas e un interesante aderezo de thriller para conseguir una película de terror que se acerca mucho a los clásicos pero con elementos propios. A destacar la interpretación de Rupert Evans, que presenta el perfil perfecto de padre cariñoso que requiere una película intencionadamente mentirosa. Y decimos mentirosa porque Kavanagh predispone al espectador a ciertas cosas que dará por asumidas merced a las referencias que tendrá de otros títulos de terror. Sin embargo, solo algunas de estas posiciones se tornarán realidad, lo cual hace que el desenlace se plantee como una incógnita que sólo se desvela en el climax de la cinta, quince últimos minutos con todos los elementos necesarios para quedarse pegado a la butaca.

Podríamos resumir esta cuarta jornada como la confirmación de que el festival ha recuperado su salud y continúa manteniendo un nivel alto en la selección de los títulos que presenta.

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