¿Existe una alquimia matemática que resulte en la obra perfecta? Hay teorías del color que nos advierten los efectos de la escala cromática; los colores primarios, como el rojo, se vinculan con momentos de optimismo y energía; en cambio, tonalidades más frías se relacionan con episodios de dramatismo y seriedad. Podemos intuir el impacto enternecedor de historias sobre perros que esperan eternamente a su dueño o de padres que hacen lo imposible para que sus hijos sobrevivan en los campos de concentración de la Alemania nazi. La música de viento y de percusiones con ritmo iterativo nos evocarán una gesta épica, y las voces de Etta James y Ella Fitzgerald siempre serán adecuadas como fondo de las despedidas amorosas.

Incluso los hilos narrativos de la gesta del héroe pueden verse destacados en el esqueleto de los cuentos y leyendas: siempre la misma historia de caída, aprendizaje y redención.

Si existiese ese algoritmo para hacer películas, bastaría una inteligencia artificial que combinara azarosamente componentes para crear filmes tan bellos y sofisticados como un iPhone.

Una road movie que de zanjar vericuetos y caminos tan definidos, carece de esencia propia
Una road movie que de zanjar vericuetos y caminos tan definidos dentro del género, carece de esencia propia

Por el momento, Netflix estrenó hace unos días The fundamentals of caring (literalmente “los fundamentos del cuidado”), de la cual Leslie Felperin de The Hollywood Reporter comenta que «se adhiere tan estrechamente a la filmación independiente que es como si hubiese sido creada por algún algoritmo demoniaco».

En la hora y media de duración   —cuestión que incide en que no se indague con más profundidad las motivaciones de los personajes­—, el filme hiede una perversa matemática que parece calcular fríamente los momentos en que el espectador debe reír y en los que debe sentir empatía con la miseria que se plasma en pantalla; es una travesía que de tan premeditada reduce la emoción del viaje interior de los protagonistas: una road movie que de zanjar vericuetos y caminos tan definidos dentro del género, carece de esencia propia.

Ben (Paul Rudd) es un escritor retirado que después de dos años y medio no está preparado para firmar los papeles para divorciarse de su esposa. Ya que no tiene trabajo, decide tomar un curso llamado Los fundamentos del cuidado, en donde aprende los aspectos básicos para ayudar a personas con alguna debilidad física. Su primer cliente es Trevor (Craig Roberts), un joven con un raro tipo de distrofia muscular que posee hábitos obsesivos y un cínico y negro sentido del humor. Juntos realizarán un viaje para visitar las atracciones más ridículas de Estados Unidos, como el bovino más grande del país.

Netflix parece haber pedido al director Rob Burnett un filme que siguiera rajatabla los componentes de esas historias con espíritu independiente que se exhiben en el Festival de Sundance: un hombre atrapado en su pasado, una contraparte que le haga reflexionar sobre la vida, y que de preferencia presente alguna dificultad impuesta por el destino, un viaje que implique una metáfora de la introspección de los protagonistas. Eso sí, con mejor iluminación y con una duración no tan maratónica que permita al “consumidor de contenidos” no incomodarse ante tanta rareza.

Hay que reconocer, sin embargo, que con ese algoritmo demoniaco, el ensamble de actores funciona. Paul Rudd luce como un hombre deprimido y acabado —aunque no se explora atinadamente la faceta de escritor de Ben, que igual hubiera sido bombero o astronauta, y el guion no se hubiera modificado esencialmente—. Selena Gomez, como Dot, encaja en la puesta de escena con sus aires de adolescente diferente y segura (que tampoco es un gran triunfo).

Selena Gomez, como Dot, encaja en la puesta de escena con sus aires de adolescente diferente y segura (que tampoco es un gran triunfo)
Selena Gomez, como Dot, encaja en la puesta de escena con sus aires de adolescente diferente y segura (que tampoco es un gran triunfo)

En Craig Roberts gira el ritmo de la comedia y la tensión dramática. Y ahí está la gran falla de The fundamentals: centrarse en el carisma del lisiado, chantaje emocional similar a cuando pones en escena a un perro que espera a su dueño que no regresará. El viaje espiritual y la redención de los personajes queda en segundo término, ya que se espera el próximo comentario ingenioso del atrofiado, o la efectividad de la escena emotiva. Es por eso que el vínculo fraternal entre Ben y Trevor carece de fuerza.

El vínculo fraternal entre Ben y Trevor carece de verosimilitud
El vínculo fraternal entre Ben y Trevor carece de verosimilitud

Inevitablemente se piensa en Driss (Omar Sy) y Philipe (François Cluzet) de Intouchables, ya que la paraplejia de éste no es el foco de la trama; hay una complicidad genuina que se marida a lo largo del filme. En el final de The fundamentals, Trevor no deja de ser el neurótico lisiado con sentido de humor, y Ben, por su lado, es el escritor/bombero/astronauta que se desase de su pasado, en una película con ínfulas de independiente. El algoritmo resultó ser un artesano de manos frías.

The fundamentals of caring

  • Elenco: Paul Rudd, Craig Roberts, Selena Gomez, Jennifer Ehle, Megan Ferguson
  • Dirección: Rob Burnett
  • Guion: Rob Burnett
  • Producción: Rob Burnett
  • Fotografía: Giles Nuttgens
  • Música: Ryan Miller
  • Distribuidora: Netflix

Calificación Cine3: **1/2

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