«Tenía 17 años cuando mi madre desapareció» dice Kat (Shailene Woodley) al inicio de Una señal en la tormenta, la última cinta de Gregg Araki. Pero lo que ocurre después parece estar más conectado con la realidad humana que el universo de una ficción cinematográfica: su padre (Christopher Meloni) está destrozado. Phil, su novio (Shiloh Fernandez) teme que la reciente tragedia la consuma, mientras le da tranquilas caladas a su cigarro de mariguana y protesta por la actitud de su madre, víctima de la ceguera. ¿Pero Kat? Kat no sólo quiere seguir viviendo, y en la medida de lo posible, lo hace. De cara a una de las tragedias más grandes de la conciencia humana, Araki, a su vez basado en la novela de Laura Kasischke, ofrece una salida simple y seca, debatiblemente egoísta, pero sin duda ejemplo de la libertad individual.

Aquel tema podría constituir a una de las dos historias fundamentales en la cinta: Kat no ve en Phil más que una necesidad sexual, y está dispuesta a satisfacer su placer con alguien más si la primera opción no funciona, a sugerencia de sus amigos Beth (Gabourey Sidibe) y Mickey (Mark Indelicato), quizás los únicos con los que se siente cómoda. Tampoco tiene una particular empatía hacia su padre: pese a la reciente sorpresa, siempre lo ha visto como un personaje patético, de fácil abandono.

Shailenne Woodley realiza una de sus mejores actuaciones en Una señal en la tormenta
Shailenne Woodley realiza una de sus mejores actuaciones en Una señal en la tormenta

Por un lado, Una señal en la tormenta narra el presente de una mujer terminando de construir su identidad en una transición de época (el final de los años 80), un espacio cuya vida reluce gracias al Todd Fjelsted y Mairi Chisholm. Hay carteles de Eraserhead en la pared. Joy Division es parte de la moda cultural. Hay incluso una indiferencia, una falta de prisa hacia la «construcción del futuro”, o, en el caso de Kat, la superación de un trauma. Las sesiones con su terapeuta (Angela Bassett) no pasan de ser otra rutina impuesta por su enredado padre, y un cúmulo de teorías predecibles, en ambos lados del diván. No hay prisa.

Y no la hay, quizás porque nadie ha encontrado qué define a una vida, y ello podría volverse el segundo tema de la cinta: Araki no estará interesado en presentar al «duelo» como decenas de llantos, pero si en la importancia existencial de la maternidad. Cuando no continúa viviendo el presente, Kat sueña y piensa a su madre Eve (Eva Green), una mujer recién salida de Mad Men(en términos estéticos y funcionales), que con los años, ve la desaparición de su individualismo, su definición como persona, en tareas mundanas, llegando a establecer una relación de celos, furia y control con su hija, que si parece sobrevivir entre la esclavitud social. Con tal planteamiento, la noción ideal de familia se pone de cabeza.

Eva Green también ofrece una de las mejores actuaciones del año
Eva Green también ofrece una de las mejores actuaciones del año

Sería concebible pensar que la frialdad de Una señal en la tormenta viene de la situación que da inicio a su historia: la pérdida maternal. Pero esto es debatible. El mundo ya era un lugar contradictorio, plano, indiferente, antes de que aquel evento ocurriera. Kat lo confirma en anécdotas sobre la vida de su madre, antes de que ella naciera. La única salida – y entrada – a cualquier cosa es la acción, despojada de moralidad, de duda y prejuicio, en un mundo que parece combinar la sequedad emocional de Whit Stillman(aunque sin la sofisticada burla social de su cine) con el corazón de Twin Peaks, donde nada es lo que parece y nadie es genuinamente confiable.

Para Woodley, el rol de Kat podría ser el fin de un ciclo, comenzando en Los Descendientes de Alexander Payne, donde la actriz interpreta a una adolescente en una situación similar, hacia Bajo la Misma Estrella, un repertorio de clichés colgando del perverso tratamiento de un tema importante – por decir lo menos – y de regreso a una narrativa emocionalmente cercana a la realidad, sin conclusiones predecibles o defensa de panfletos morales.

Mientras que Kat descubre el acto de vivir, su madre parece dar la solución (o más bien, la decepción) de la experiencia. Eva Green interpreta a una mujer en crisis, pero la faceta absolutamente explosiva de aquel estado sólo aparece en un punto climático, en una escena que curiosamente involucra a todos los personajes relevantes en su destino. El resto del tiempo, Green actúa con los ojos y la postura, balanceándose en un acto de civilidad y calma que revienta para volverse a ocultar. Su personaje enfatiza la noción de que nadie es confiable ni conocido en esta historia, porque la humanidad misma no lo es.

Una señal en la tormenta es otro magnífico ejemplo de la forma sobre la sustancia: la adolescencia, la pérdida, la familia y temas similares han servido de eje para decenas de películas, a veces en el mismo año, a veces protagonizadas por Woodley. Pero la cinta de Gregg Araki es distinta, honesta, extrañamente viva. Hace unos años, Bajo la Misma Estrella intentó romper los elementos que podrían conformar a “la historia adolescente”, y fracasó monumentalmente. Ciudades de Papel lo intentó aún más, pero se cayó a la mitad, presa de su timidez y sumisión a estándares de la vieja guardia. Más que romper algo antiguo, Una señal en la tormenta dibuja algo nuevo y refrescante, con suerte, un marco de referencia para futuras historias y talentos. Pero mientras eso ocurre, se corona, indudablemente, como una de las recomendaciones del año.

Manuel Cruz

@cruzderivas

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