Si existe un nacimiento de personalidad para las historias románticas en cine, Yo antes de Ti es el ejemplo más ambicioso y caótico de este esfuerzo. Es una cinta sobre personajes y perspectivas opuestas, decisiones complejas, distintos no intencionados, y otra idea de progresión, todo en una, a veces a punto de explotar, a veces lejos de ser creíble. Y es otra víctima del género que intenta escapar, esta vez no tanto por la condición estructural (dos personas se conocen, interactúan, se enamoran, se separan, se reúnen), sino por la ejecución que hace sobre esta. Algunas cosas sencillamente no funcionan también.

Felicidad y frialdad
Felicidad y frialdad

Comenzando por lo que si funciona, al menos por un buen rato: Contrastes. Emilia Clarke interpreta a una mujer cuyo optimismo es casi tan brillante como su vestuario, extraído con relativo descaro del mundo de Wes Anderson, pero sin el sarcasmo. Louisa Clarke tiene 26 años, es víctima de una economía que la obliga a trabajar como apoyo a su familia relativamente desesperanzada y ocasionalmente quejona, pero lo hace con placer y risa. No tiene un motivo detrás de aquel estado, sólo lo es. Quizás, como otra habitante de la Inglaterra rural, 24 horas antes del Brexit.

Sonreír hasta que no funciona
Sonreír hasta que no funciona

Al agua, aceite. El más reciente trabajo de Clarke es cuidar de Will Traynor (Sam Claflin), el hijo cuadrapléjico de una familia más acomoda, cerca del pueblo donde ella vive. Mientras que ella no deja de sonreír, él es una pared. Ella tiene una creciente paleta de colores, él no quiere salir del espacio grisáceo e inmóvil que lo ha rodeado desde que tuvo un accidente hace dos años. Ella intenta, él se resiste, al borde incluso, del suicidio. Así se empieza una rom-com: Con uno de los personajes dispuesto a salir de escena voluntariamente, para cerrar el primer acto. No hay nada en el guión de Jojo Moyes (basado en su novela del mismo nombre) que salte en ese aspecto. Más bien, hay algo palpable, genuino. En gran medida, es una historia de amistad, una propuesta que a veces suele atorarse rítmicamente, de cara al primer encuentro amoroso y el camino a la ruptura que marca a una fórmula razonablemente conocida y exitosa. Yo antes de Tino es Cuando Harry Encontró a Sally en contenido, pero si lo intenta ser en ritmo, y eso, en gran parte, representa su mayor éxito.

Emilia Clarke y Sam Claflin
Emilia Clarke y Sam Claflin

Pero una película es muchas cosas además de su guión, aunque este se presente como un elemento crucial. La actitud de Clarke, personaje y actriz, que continuamente hace muecas y señas en una mezcla de rareza y gracia, contra el sarcasmo y precisión de lenguaje que define a Will, sólo funcionan cuando hay espacio para ello. Pero por razones cuya explicación no se encuentra en la cinta final, pero el resultado si, la directora Thea Sharrock no parece ir hasta el fondo con los personajes y la narrativa que tiene enfrente. ¿Por qué una de las escenas más sensibles y bien escritas del guión, donde Will reflexiona sobre su existencia en la punta de un castillo, con Clarke a su lado, tiene que estar musicalizada? ¿A quién de la audiencia no le bastan los diálogos y las actuaciones, y cuál es el efecto que se pretende conseguir, en una historia que parece luchar contra los efectos? Al igual que Cómo ser Soltera unos meses atrás, las herramientas para verdaderamente refrescar al género están puestas, pero nadie tiene ganas de cambiarlo por completo. La segunda mitad de Yo antes de Ti, más por errores de ejecución que de sustancia, se convierte en una rom-com débil, porque nunca debió serlo en un inicio, y la exposición final del tema que sostiene a la trama entera se transforma en su peor enemigo: el cliché. Al final, Yo Antes de Ti, es un intento más, uno que, como Will le dice a Clarke en algún momento de la historia, tiene potencial. Pero el potencial no es necesariamente todo.

Manuel Cruz

@cruzderivas

Advertisements
Anuncios

Tagged: