Un nuevo ataque al romanticismo del cine hollywoodense llegó desde la Unión Soviética. Pero en esta ocasión no se trató de un movimiento sino de una persona: Serguéi Eisenstein. Su innovadora técnica de montaje le dio a conocer en todo el mundo. Hizo de la edición un medio para movilizar las emociones del espectador.

Su opera prima llegó en 1923 con el cortometraje El Diario de Glúmov, pero fue un año después que concibió su primer largometraje. Se tituló La huelga. La película recrea la famosa huelga de 1903 en una fabrica de la Rusia prerrevolucionaria. Es evidente el sentido propagandístico de la historia. El primer capítulo abre con una cita de Lenin: «La fuerza de la clase obrera es la organización…». Eisenstein hace una loa del colectivismo en contraposición al individualismo.

Aunque con menos éxito en manipular las emociones de la audiencia, quizás por su marcado tono teatral, la película muestra la innovadora forma de montaje del director. Por ejemplo, en el ultimo capitulo, la secuencia final presenta la masacre de los huelguistas en alternancia con el sacrificio de un grupo de borregos.

Al igual que su predecesora, su siguiente cinta El acorazado Potemkin de 1925, estaba basada en sucesos reales. Reproduce el motín de la tripulación del acorazado Potemkin, en contra de los oficiales de la armada zarista, ocurrido en 1905. El puerto de Odesa es el escenario donde los marineros hartos del maltrato se unen en pro de una causa común. Otra vez se ensalza el colectivismo.

Pero también vuelve a destacar la creatividad de Eisenstein para el montaje. El episodio «La escalera de Odesa» contiene la secuencia más famosa y estudiada del cine. Para mostrar el horror del asesinato, Eisenstein elige los escalones para representar un mundo inclinado. Comienza con tres tomas de la cabeza de una mujer rebotando contra el piso, la toma de una caída cámara en mano, el uso de una cámara Dolly junto a las escaleras para expresar fluidez.

En el aspecto dramático, sí que consigue mover las emociones del público. Un niño se cae al suelo y es pisado por la gente. Luego, una madre cae moribunda sobre la carriola de su hijo. Y el descenso es perturbador. Es conmovedor ver a los niños en peligro, es ver la inocencia pisoteada por el estado zarista.

Eisenstein siguió creando obras de arte hasta su muerte, en 1948 a los 50 años. Su cine se caracterizó por utilizar actores no profesionales, narrativas dirigidas a presentar conflictos de clase. Su principal mensaje político fue la organización, la participación y la lucha del proletariado. Ideales comunistas reflejados en sus siguientes obras, desde Octubre, pasando por la inacabada ¡Que viva México!, hasta su trilogía Iván el Terrible.

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