Hubo un tiempo donde las películas de James Bond eran un espectáculo multidisciplinario: conspiraciones, malvados, romances, espacios, objetos, y un héroe que siempre salía iluso de las circunstancias más amenazantes. El espía, popularizado por Bond, demostraba muchas veces cómo hacía su profesión. Con la transición de Pierce Brosnan a Daniel Craig en el mundo de 007, vino un intento de averiguar por qué el espía hace lo que hace, y se podría plantear que lo mismo le ocurrió a personajes como Wolverine, Batman y Spider-Man y Jason Bourne en sus trayectorias cinematográficas.

Ben Affleck interpreta a Christian Wolff, un contador con un alto nivel funcional de Autismo
Ben Affleck interpreta a Christian Wolff, un contador con un alto nivel funcional de Autismo

El Contador intenta unirse a la tendencia de explorar personajes con un género específico como pretexto, pero también incluye un elemento interesante, por lo menos al principio. Ben Affleck, recién salido del traje de Batman, interpreta a Christian Wolff, un hombre con un alto nivel de autismo funcional, trabajando como contador en una parte remota de Estados Unidos. Desde luego, siguiendo la primera instrucción de cualquier thriller con un mínimo intento de avance, nada es exactamente lo que parece: Ray King (J.K. Simmons, en una actuación que lo acerca más a él como figura pública que a un personaje interesante) tiene evidencia de “el contador” al lado de numerosos terroristas y villanos en diferentes partes del mundo (nunca se sabe cómo obtuvo esta información, el primero de muchos factores que se quedan sin respuesta), y decidido a capturarle/entender cómo ha podido sobrevivir todo este tiempo/un motivo personal bien intencionado pero ligeramente confuso hacia el final de la historia, recluta a la agente Medina (Cynthia Addai-Robinson), quien persigue al misterioso hombre usando la sofisticada tecnología del FBI en su lado más patriótico y oscuro, que consiste en sentarse frente a computadoras y esencialmente ver pantallas de Wikipedia.

Más pronto que tarde, El Contador se va a sitios previamente vistos en otras obrasa, y que no superan a la originalidad de su premisa - pero si la desvanecen -
Más pronto que tarde, El Contador se va a sitios previamente vistos en otras obrasa, y que no superan a la originalidad de su premisa – pero si la desvanecen –

Esa es una de las tres tramas que construyen la historia de la película, la segunda es un aparente error de contabilidad que lleva a una conspiración en medio de una compañía aparentemente limpia y con absoluta intención de ayudar al mundo (esencialmente, mezclar la superficie de Apple, la caída de Wall Street, y dejarlo correr por 2 horas en vez de un episodio de 24), y la tercera (consecuencia de la trama anterior), un intento por explorar al Wolff, su origen, y su relación con el presente, representado por Dana Cummings (Anna Kendrick), responsable por encontrar el error de contabilidad en la “Apple” de la historia, y fruto de una potencial amistad. Este es el elemento más relevante de El Contador, considerando que todo lo demás se ha visto en diferentes películas y series de televisión, con distintos niveles de intensidad y éxito. Y es por esa razón que la cinta decepciona tanto: la neurosis, soledad y, hasta cierto punto, tormento de Wolff, además de ser extraordinariamente interpretadas por Affleck, son materia de una variable interesante, una especie de “Rain-Bond”. Pero es difícil darles prioridad, incluso recordar que existen, cuando la cinta se convierte en una galería de tiros más por efecto gratuito que por motivación narrativa, y las aparente complejidad emocional de su protagonista se reduce a una mezcla de Jason Bourne con un tercio de la personalidad de Sheldon Cooper. Sumando a eso una historia previa llena de clichés, ejecutada mediante flashbacks, que enseña más de lo que dice, un giro de trama con uno de los “villanos” de la cinta, igual de cliché como los matones que Wolff masacra sin parpadear, con la precisión de combate de Batman (pero al mismo tiempo es introvertido y tiene problemas para socializar con la gente aunque eso quiera, lo cual sugiere que, en algún lugar del mundo, Freud y Sacks se están riendo), que se avecina a una hora de distancia, y el resultado es otro ejemplo de contradicción hollywoodense: el impulso por modificar el género con algo distinto (en este caso, las peculiaridades de un personaje), detenido a la mitad por la tradición gastada, poco original y predecible que se pretendía atacar.

El Contador tiene demasiadas cosas en un periodo muy corto, y gran parte de sus elementos se pierden entre confusión y estilización. Lo más frustrante es que la idea de un espía autista es intrigante. Pensando en la aparente tendencia de hacer remakes y reboots, es una idea que probablemente tendría más tiempo para respirar como serie de televisión, incluso para convertirse en un puente entre Homeland y True Detective. Desde una perspectiva pública, entre volver a ver la historia de la cinta de esa forma o La Liga de la Justicia, una cosa es probablemente mejor que la otra.

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