La magia del cine llega a dejarse ver incluso fuera de la pantalla, pues todo el glamour que se crea alrededor de una cinta llega a permearse fuera de la misma, y uno de los momentos en que es más notiro, es en los props. Objetos simples, que en otra circunstancias serían normales, de pronto se convierten en piezas de magia, y que adquieren un gran valor no sólo simbólico, sino económico.

El Aston Martin DB5 de Goldfinger

Aunque este modelo se usó infinidad de veces en varias cintas del 007, su primera aparición hizo de este vehículo, uno de los dos utilizados en la cinta, los más representativos. Este se colocó en un precio de 4.6 millones.

El vestido de Marilyn Monroe en La Comezón del Séptimo Año

Pocas escenas son tan icónicas como este baile sobre las parrillas del metro, y el vestido es tan célebre como la misma actriz. Lo suficiente como para valuarse en 4.6 millones de dólares.

La Estatua de El Halcón Maltés

Esta estatua era el hilo conductor de la cinta del mismo nombre, aunque sólo aparece unos minutos en pantalla. La misma fue hecha sólo en un vaciado de plomo y peltre, lo que no impidió que fuera vendida en 4,085,000 dólares,

El Vestido de Audrey Hepburn en Desayuno en Tiffany

Aunque de entrada era un Givenchy, prendas que por si mismas ya son muy caras, el que formara parte de este clásico del cine logró que se vendiera a 807,000 dólares.

Los zapatos rojo de El Mago de Oz

Aunque se hicieron varios pares de estos zapatos, usados por Judy Garland, sólo un par sobrevivió en un estado aceptable, y lograron alcanzar la cifra de 666,000 dólares.

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