Mente Implacable es un sólido y triste ejemplo de cómo la premisa no es todo. Ante el grupo de cintas de acción como La serie de Búsqueda Implacable o Jason Bourneque regresa este año, la cinta de Ariel Vromen propone una mezcla entre la exageración de una y el ingenio de la otra, sin mucha astucia en ambas partes. Ryan Reynolds aparece 5 minutos – quizás, antes de irse a hacer Deadpool 2 – como Bill Pope, un agente de la CIA en Londres, portador de información vital para el destino de Estados Unidos, y en consecuencia implícita, el mundo. Después de unas cuantas persecuciones y balazos para incrementar la tensión, cae presa de Heimdahl (Jordi Mollà), un personaje recién salido de las sobras para la siguiente cinta de James Bond, que no se detendrá ante nada para obtener la información que el espía posee, y así conquistar el mundo (o alguna variante de esa premisa) Tras matarlo, el responsable de la Agencia en el Reino Unido (un nervioso Gary Oldman) está en un gran problema: El malvado sigue allá afuera, y a ellos les falta información del espía fallecido. ¿Qué hacer?

Kevin Costner como Jericho, un sociópata sarcástico que acaba convirtiéndose en un cliché
Kevin Costner como Jericho, un sociópata sarcástico que acaba convirtiéndose en un cliché

Entra entonces el gimmick de Mente Implacable: La gente estará muerta, pero sus mentes no. Y esta es la obsesión del Dr. Franks (Tommy Lee Jones), quien regresa de la oscuridad bajo órdenes del gobierno para literalmente transferir la identidad de Reynolds a otro personaje particular: Jericho (Kevin Costner), criminal encarcelado bajo máxima vigilancia, altamente agresivo, incapaz de sentir cualquier cosa, y con un tumor cerebral que viene como anillo al dedo para la operación de Franks. Sería más fácil tragarse esa premisa si las consecuencias no fueran una serie de decisiones frustradas: Por un lado, está la trayectoria del aparente psicópata hacia una especie de humanidad, por el otro, el mundo debe ser rescatado de un cataclismo nuclear. En lugar de colocar la segunda muy lejos, ya que aquel escenario se ha visto mil veces antes, Jericho tambalea entre su personalidad de tipo rudo y ocasionales recuerdos donde él es Bill Pope. Las transiciones son efectivas, pero la falta de consecuencias las lleva a un espacio frustrante: Justo cuando Jericho empieza a descubrir más cosas sobre él, a través de quien tiene adentro, sobretodo en interacción con Jill (Gal Gadot), la confundida y vulnerable esposa de Pope, ¡de repente es hora de salvar el mundo!, y des-fragmentar una sub-trama mil veces menos interesante.

Gal Gadot da la actuación más interesante de la cinta, tristemente, por poco tiempo
Gal Gadot da la actuación más interesante de la cinta, tristemente, por poco tiempo

Parecería que Mente Implacable lleva su premisa hasta las últimas consecuencias, como si eso sirviera para ocultar la serie de elementos clichés, impredecibles, y francamente absurdos que la rodean: Es otra cinta de acción sin mucha creatividad o relevancia, excepto por este truco mental, y en el camino arrastra el potencial de un elenco históricamente talentoso (en ese sentido, Gadot es la que más relevancia tiene, mientras que Costner y Oldman interpretan esencialmente a estereotipos). Y tampoco es como si la cinta fuera la primera en jugar con ese terreno: Jason Bourne tampoco sabe quién es exactamente, y la serie de cómics belga XIII, construida bajo esa misma premisa, ha tenido adaptaciones a televisión, y videojuegos. Quizás valga la pena explorar aquellas opciones, porque de Mente Implacable no hay mucho que recordar.

MENTE IMPLACABLE

Dirección: Ariel Vromen

Guión: Douglas Cook, David Weinberg

Producción: Chris Bender

Elenco: Kevin Costner, Gal Gadot, Tomy Lee Jones

CLASIFICACIÓN CINE3: 2.5/5

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